La crítica: En el México de los 60

Circula ahora El amante judío, donde el autor vuelve al México de los años sesenta, universo constante que le posibilita contar distintas historias a ritmo de thriller.
Manuel Echeverría, "El amante judío",  Océano, México, 2016, 460 pp.
Manuel Echeverría, "El amante judío", Océano, México, 2016, 460 pp. (Especial)

Siempre es grato saber de Manuel Echeverría (Ciudad de México, 1942), novelista constante desde que en 1968 publicó Último sol. Lo que ocurre siempre a partir de la aparición de uno más de sus títulos en el género, puesto que el autor conserva su determinación de permanecer al margen de los círculos literarios. Esos escenarios de oropel bien dispuestos para la promoción y la autopromoción.

Aún recuerdo cuando me lo recomendó Hernán Lara Zavala durante un cansado y lento viaje hacia Xalapa, tiempos sin celulares ni wazes ni gepeeses, mientras allá nos esperaba el gran Juan Vicente Melo, tan imprescindible como discreto autor de las mejores letras mexicanas. "Léete El enviado especial, y si las encuentras sus novelas anteriores". Pronto descubriría además Las manos del fuego y Un redoble muy largo, la que le mereció el Premio Xavier Villaurrutia en 1974 y que Echeverría desechó "cortésmente", como recuerda Ignacio Trejo Fuentes en la única entrevista concedida por el autor.

A la celebrada por Lara Zavala (signo de modestia al ser igualmente un novelista en activo) le siguieron unos seis títulos más, todos publicados en Océano, casa donde se radicó Echeverría luego de haberse iniciado en la desaparecida Joaquín Mortiz. Medio siglo después justo sería reunir su obra en una serie de autor, si bien este segundo grupo de títulos (El abogado del Kremlin, Las tinieblas del corazón, La sombra del tiempo, et. al.) se encuentra al alcance de los lectores, e inserto por merecimientos estrictamente literarios en el canon de la narrativa mexicana contemporánea.

Circula ahora El amante judío, donde el autor vuelve al México de los años sesenta, universo constante que le posibilita contar distintas historias a ritmo de thriller.

Cercano el triunfo que significó la identificación del sanguinario Eichmann, secuestrado después por una célula de agentes israelíes en Buenos Aires y "colgado del poste más alto de Jerusalén", otros espías emprenden la tarea de "cazar" a otro nazi de alto vuelo (Otto Wolf) en el mismísimo México del desarrollo estabilizador. "Un país de un hombre, un presidente todopoderoso que gobierna en nombre de la historia y una sociedad que se las ha arreglado para vivir en paz durante más de treinta años".

La presencia aquí (un Polanco de ensueño, un Paseo de la Reforma ancho en sus dos sentidos) de los temidos mossad, "una de las organizaciones más despiadadas de la inteligencia mundial", provocará un entretejido de comportamientos y pasiones entre perseguidos y cazadores, colocados en éste su destino sin saber ellos mismos muy bien por qué.

Es cierto, el desenlace de El amante judío recuerda el de El enviado especial, comprobará el doble lector. Pero, escuchamos entre las voces de esta nueva novela de Echeverría: ¿no repetimos obstinadamente los seres humanos un conjunto de comportamientos, más malos que buenos, así como "los criminales vuelven al lugar del crimen y los penitentes al lugar de la penitencia".