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Martes , 21.08.2018 / 14:03 Hoy

"En una película puedo mezclar todas las artes": Ezequiel Acuña

El eje de 'La vida de alguien'es la amistad sincera, complementada por un vigorososoundtrackque subraya los estados de ánimo.
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Con apenas cuatro filmes, el realizador argentino Ezequiel Acuña ha sido objeto de varias retrospectivas. La más reciente fue en la Cineteca Nacional, donde aún se exhibe La vida de alguien, su cinta más reciente. Sin reparo alguno, el director reconoce su pulsión por temáticas adolescentes, el rock y la amistad. “Me cuesta salir de mi esquema pero ¿no era Borges quien decía que uno escribe el mismo libro?”.

A pesar de ser muy joven, le han dedicado varias retrospectivas. ¿Podríamos hablar de que ya tiene un estilo o lenguaje fílmico?

Es verdad que mis cuatro películas tienen relación entre sí. Intencionalmente, La vida de alguien es una síntesis de las anteriores. No sé hasta dónde puede seguir. Conocí a mis actores cuanto teníamos veinte años y seguimos trabajando juntos a los treinta y pico. Quizá sigamos filmando cuando seamos cuarentones.

Hay elementos constantes: temáticas adolescentes, rock, soledad.

Me gusta mucho la música. No sabría decir si en mi etapa de rockero fui bueno pero a veces pienso que era más talentoso que como cineasta. Si decidí dedicarme al cine es porque en una película puedo mezclar todas las artes. Me niego a soltar del todo la música, por eso hago este tipo de películas.

¿Qué tanto se deja influir por algún ritmo musical al editar?

Cuando hice un par de videoclips, los músicos pensaron mucho en los contrastes del sonido con la imagen. Es interesante poder jugar con ambas cosas aunque también puede ser obsesivo. Es una cuestión sensorial y de intuición. Al momento de editar me convierto en un compositor clásico y prefiero los ritmos suaves.

¿Cómo equilibrar la música con la historia?

En mi caso, la idea es que las canciones ayuden en las narraciones de la película, que vayan en paralelo sin que una tape a la otra. La canción ayuda porque te transporta a otro lugar, al no usar música puedo conectar fácilmente con la gente.

Trabaja casi siempre con los mismos actores, incluso ha dicho que los ve como amigos. ¿Esto no limita su posición como director?

Quizá. Me dirijo a los actores en términos de amigo. Una vez me sucedió que uno de ellos, no diré el nombre, no me daba el ritmo. No pude despedirlo porque es mi amigo desde los cinco años. Aun así, me gusta basar nuestra relación en la confianza. En alguna ocasión Alberto Fuguet, quien me ha producido algunas cosas, me cuestionó por esto.

Por eso la amistad es otro de sus temas.

Sobre todo entre los hombres. Es un tema que me interesa mucho. Fui a un colegio de hombres, privado, católico, y de aquella época no me queda ningún amigo. Procuro no mostrar vivencias específicas en mis películas, pero tampoco niego que me emociona generar situaciones de camaradería.

¿El cine le ha cambiado su forma de entender a los amigos?

Sé que hay mucho del pasado jugando en mis películas. Hay etapas en las que te distancias de los amigos por cuestiones de estudio o de trabajo, y algunos lo entienden pero otros te ven raro. Con las mujeres creo que es diferente porque hay una cuestión idílica que las lleva a fantasear con situaciones inexistentes.

¿A qué suena La vida de alguien?

Si Nadar solo, mi primer filme, sonaba a Nirvana o a Sonic Youth, en La vida de alguien hay ecos de The Cure y tal vez de un pop más elegante, tranquilo y coherente. ¿Será que estoy envejeciendo? No sé, tal vez en un futuro me inspire en boleros. Me encanta Armando Manzanero. No hace mucho lo vi en Buenos Aires y más allá de lo cursi que puede sonar, tiene una cosa muy de dolor y pérdida que me engancha.

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