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Lunes , 10.12.2018 / 19:34 Hoy

En la fiesta del Johnny Tecate

Lo que no se nombra no existe, dijo alguien. Y desde chavalos nos agenciamos todas las palabras, incluso las más rasposas, de fuerte aroma, prohibidas, y tras diseccionarlas, destazarlas.

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Para pensar claramente, escribe el poeta yugoeslavo Charles Simic, “Lo que necesito es un cerdo y un ángel./El cerdo para que meta el hocico en una cubeta de basura,/ el ángel para que le rasque el lomo/ y le diga cosas dulces al oído”. Porque, aclara, “el lenguaje, desde luego, es una especie de arrullo”.

Y uno quisiera arrullos para finalizar el estruendo, el sonido y la furia que hacen crujir al mundo y no lo quiebran, aunque cicatrices dejan en su redonda faz; para hacer llevadera la existencia, ligarse a la morra, p’apaciguar al buqui llorón y no escuche la escandalera del atraco o de la vendetta con plomazos de a montón.

Arrullos porque, para decirlo con versos del poeta Roberto Castillo Udiarte, “no quiero que lleguen palabras de desaliento/ por el teléfono en las horas altas de la noche/ ni que las malas noticias aparezcan repentinamente/ en los labios lejanos de sus amigas de toda la vida;/ no quiero que la muerte se acerque a mi mujer/ ni que las balas perdidas encuentren alojo en su cuerpo/ o que los comandos del terror encuentren su caminar/ y arrebaten sus dulces palabras de aliento cotidiano”.

Que el deseo del poeta al que celebramos, malabarista de la palabra, se haga realidad, forever o de perdis por los siglos de los siglos, para que la paz sea contigo (y con tu spirit, too). Poeta de Nombre: Roberto Castillo Udiarte (pronunciado como si ante un comanche de la ley declarara). Lugar y fecha de nacimiento: Tecate, Territorio Independiente de Baja California; 7 de Febrero de 1951 y de ahí p’alante, mi Rober: a la escuela, a las palabras, a la letra que con sangre entra y si no, pues más mejor porque, dijera Jaime Sabines: ¡Qué sabroso usar palabras para no decirte nada!

Luego, hacer maletas y en la hoy Cdmx tupirle hasta lograr la Lic. en Letras Inglesas e Hispanoamericanas, en la Facultad de Filos, UNAM, y salir a ganarse el pipirín con el mundo de palabras que en la tatema rebullen, palabras de la calle o de los libros, del barrio o domingueras, que el final se aparean y sobreviven por su valor de uso y se tornan poesía muy acá, de coloquial hacia arriba y a los lados: Damas y caballeros/ bienvenidos a Tiyei,/ donde cholos, surfos y panquillos,/ narcos, sicarios y judiciales/ hacen del ocio su negocio.

El poeta también estudió Comunicación en la Iberoamericana y le ha llegado a la cátedra y a las corresponsalías; pa’ no aburrirse traduce, hace de periodista, promotor cultural, editor, prolífico autor de poemas, narrativa, crónica y antologías; le han traducido al inglés, alemán, francés, italiano y portugués.

Sus alumnas del reclusorio femenil de Tijuana le mueven el recuerdo: “Yo, dándoles libros, hojas blancas y lápices a las adolescentes para que sus imaginaciones se convirtieran en palabras… Lo que era recelo, se ha convertido en confianza, sobre todo porque han captado la intención del proyecto: que puedan manifestarse en formas artísticas y, lo que al principio eran balbuceos o trastabilleos, se ha convertido, poco a poco, en seguridad para expresarse a través de palabras, voces.

Las voces de Tijuana, de Mexicali, de por donde anda el que escribe; las retoma e incorpora a su literatura no por afán populista: por el valor que tienen y el que adquieren por la voluntad del poeta, que les tuerce el rabo pa digan lo que le pega la gana, con sabor local tijuanense ya nacional y hasta latinoamericano, ¿qué no, Rober? “Damas y caballeros,/ welcome tu Tijuana,/ el lugar más mítico del mundo,/ donde las lenguas se aman y se unen/ en el haló, el oquei, el babai, el verbo tu bi…

Lo que no se nombra no existe, dijo alguien. Y desde chavalos nos agenciamos todas las palabras, incluso las más rasposas, de fuerte aroma, prohibidas, y tras diseccionarlas, destazarlas: a cambiarles color, retornarles brillo, otra existencia. Roberto de esto sabe y considera que las palabras solo son lo que son, y suenan retozón y las subvierte y domestica y al viento lanza para que todo lo que nombren sea tuyo y con ellas prevengas: cuando tengas tres años/ preguntarás:/ ¿cómo se llama eso?/ caracol./ ¿y aquello?/ puerta./ y esto, ¿cómo se llama?/ pan con ajonjolí;/ lo comerás con gusto/ y yo estaré contento/ al poder ofrecerte pan/ con ajonjolí./ después tendrás cinco años/ y vendrán palabras/ más duras que las piedras:/ ¿qué quieren decir/ analfabeta,/ hambruna, carestía…?/ después vas a querer saber/ el significado de muros divisorios./ estaré preparado.

Paso a pasito tuntún, Castillo Udiarte ha ido elaborando la obra y tiene Canciones que no son y El blues del cuervo (una cartografía), y Blue, cantos como tatuajes; también la poesía del Cuaderno Septentrional, y la reunida de Nuestras vidas son otras y aquella de Cuervo de luz; chilo le pega a la crónica desde La esquina del Johnny Tecate y a la poesía con acento juguetón en El amoroso guaguaguá. Y arrejunta de aquí y allá y arma el Banquete de pordioseros y traduce al Bukowski de Soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre que a muchos dio valor para expresar otras realidades, las nuestras, de las orillas del asfalto hasta las lomas pelonas sobrepobladas por seres invisibles que aterran a buenas conciencias/ voraces depredadores.

Cuenta con un chingo y dos montones de títulos que hacen su obra, a la que sigue agregando títulos. Sin descuidar lo que de manera natural logra: agregar más y más amigos a su parvada, que tanto lo quiere al Rober, al Johnny Tecate, al Lobo generoso, cordial, atento con quienes ponen en sus manos sus primeras letras, a quienes brinda orientación, lecturas de otros autores para que diversifiquen y versifiquen su mundo; es amigo de sus amigos y de los amigos de éstos. Los hermanan las palabras, en ocasiones sus barrios, que unos a otros comparten, solazados por las convergencias, atentos a las divergencias; es lobo de mar que no olvida, recuerda a los que se adelantaron, como el Róber Jones poeta, al que evoca: nadie supo que eras el hombre que hacía el pozole más sabroso, que eras el amo del Tolousse, el perro más apestoso de todo el barrio, que eras el más silencioso de los vecinos de toda la zona centro, que manejabas el carro más lento de todos los freeways del condado, que eras el mejor poeta de ambos lados de la frontera Tijuana-San Diego y que escribías los poemas más humanotes, más amorosos, más jones; donde quiera que estés, este tequila va por ti, carnal, ¡salú!

Sabes, Robert, que existe el clan que comandan Melees y Teleo: excluyentes, se piensan el non plus de la letra impresa, pero se la pellizcan porque existe el amplísimo mundo de Todos Tenemos Algo que Contar. L’ interné diversificó mundo de la escritura y de la intectualidá: México no se agota en las capiruchas.

Salú, Roberto, y gracias al Paco Luna, del barrio Mariachi hermosillense, quien nos presentó, el mismo que dice: “En el norte está la verdadera resistencia al imperialismo cocacolero: si aquí no los paramos, el sur ya sería gabacho; aquí les decimos: épale, a dónde: ¡Gringas sí, yanquis no! ¡Gringas sí, yanquis go home!”.

* Escritor. Cronista de ‘Neza’.

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