Eldorado

“A mí gustaría estar entre los cuentistas, pero sin distingo de sexo, simplemente con los cuentistas”.
Inés Arredondo, "Estío y otros cuentos", Océano, México, 2017, 188 pp.
Inés Arredondo, "Estío y otros cuentos", Océano, México, 2017, 188 pp. (Especial)

“No creo en el feminismo”, dijo en alguna entrevista, “no existe para mí… A mí gustaría estar entre los cuentistas, pero sin distingo de sexo, simplemente con los cuentistas”.

Poco después aseguró que la escritura de sus cuentos, lenta y extendida durante más de veinte años, era un “antídoto contra la desventura y la congoja”.

Ahora, su obra narrativa ocupa un sitio de privilegio en las letras mexicanas, sin importar que conste de apenas unos cincuenta títulos, reunidos en tres libros, y trasciende a cualquiera de las expresiones y modas de la historia.

Se trata de Inés Arredondo (1928-1989), autora de La señal, Río subterráneo y Los espejos, de los que Geney Beltrán Félix seleccionó y prologó dieciséis textos para el recientemente puesto en librerías Estío y otros cuentos.

Una autora, sinaloense de nacimiento, que a su llegada a la ciudad de México para estudiar Letras en la Universidad Nacional se vinculó a los que con el tiempo serían señalados como la generación del medio siglo. Juan García Ponce, José de la Colina, Juan Vicente Melo, Salvador Elizondo y el recientemente fallecido Jorge López Páez.

Pudiera ser paradójico pero fue en el relato corto, a partir de él, que Arredondo encontró el espacio para contener y desdoblar su lectura de la realidad humana. Historias, en realidad sencillas historias, donde aparecen muchos de los fundamentos con los que nos sostenemos (o caemos) los seres humanos.

En sus cuentos siempre descubriremos a personajes proyectados por sus “demonios interiores” a situaciones límite, exteriores e interiores, anota Beltrán Félix. Más mujeres que hombres (Olga, Mariana, Wanda, La sunamita…) que habitan la zonas del “decaimiento emocional” y la “derrota interior”.

Personajes de fuertes impulsos y de pesadas fijezas.

Cuentos, comenta el prologuista de este Estío y otros cuentos, que si bien la autora radica en sitios geográficos bien definidos, aportan siempre un lugar universal. El ahora célebre Eldorado, consonancia de la inventiva literaria de Arredondo, una hacienda azucarera entre la mar y el río.

“Que nunca conoció en sus épocas de esplendor”, escribió Beatriz Espejo, prologuista de los Cuentos completos (FCE) de la escritora sinaloense, pero que supo convertir “en maligna utopía”. En un “territorio enraizado en una encrucijada y un tiempo”. Terreno de “yacimientos inagotables para su arte”.

Eldorado, “sitio primordial alzado en la ficción desde las inminencias y vaivenes de la piel misma, el lugar más allá de todos los lugares donde la individualidad busca disolverse así sea en la rota y lacerante quimera del primer amor, la utopía más evasiva de todas”, anota Beltrán Félix.

Siempre será bienvenida una nueva selección de la obra de Arredondo, cómo no sí este Estío y otros cuentos incluye los indispensables “Estío”, “Olga”, “La sunamita”, “Mariana”, “2 de la tarde”, “Río subterráneo”, “Wanda”, sin importar la ya existente reunión total de su obra.

Literatura escrita por mujeres, que ya a principios de los 80 Emmanuel Carballo identificaba no como “una quimera”; sí “una realidad comprobable”.