Elizondo y la nada

[El Santo Oficio]
El autor de Farabeuf
El autor de Farabeuf

En el Museo del Palacio de Bellas Artes el pasado miércoles se inauguró la exposición Farabeuf: 50 años de un instante: manuscritos, fotografías, dibujos, películas y otras piezas ligadas a la creación de la emblemática novela de Salvador Elizondo.

En 2005 el cartujo, en compañía del periodista Víctor Núñez Jaime, visitó al escritor en su casa de Coyoacán; en la veranda platicaron de ese libro perturbador y fascinante, del suplicio "como disciplina y enseñanza", de la destreza inefable del doctor Farabeuf al cortar el cuerpo, de su propia enfermedad.

Elizondo había sufrido en 2003 dolorosas intervenciones quirúrgicas, de las cuales no se reponía.

"Ya no puedo salir a caminar —decía sin nostalgia—, y ahora tengo cosas que en mi juventud eran de chiste: bastón, mochila, boquilla para fumar, sombrero, un termómetro. No puedo ver más de media hora de televisión diaria, tengo que comer adecuadamente y ya no puedo beber coñac —tomo brandy español o ron de Jamaica, que son más suaves—. El tequila me gusta, pero no puedo tomar más que una copita a la semana, sin sal ni limón. La cerveza es mi bebida de uso... Todo tiene límites.

"Hace dos años, cuando tuve que ir al quirófano, me convertí en personaje involuntario de Farabeuf. Sufrí mutaciones corporales más complicadas que las que aparecen en mi novela. Ahora comprendo muchas cosas que cuando la escribí no comprendía.

"El quirófano es uno de los grandes lugares de la vida. Estuve anestesiado durante 10 horas y conocí, no sé si a la muerte, sería atrevido afirmarlo, pero sí la nada. No hay nada peor ni mejor. Nada más rojo ni nada más azul. No hay espacio, no hay tiempo. No hay madre, no hay hijos. ¡Nada! Esto ha sido lo más importante que me ha pasado desde que escribí Farabeuf, la novela que definió mi vocación.

"Farabeuf ha sido una de mis grandes experiencias literarias. Al momento de escribirla me apisonaban los sueños de juventud. Me interesaba la escritura china, que apenas hoy empiezo a entender, y sentía fascinación por el Tratado de las amputaciones del doctor Farabeuf y la fotografía del suplicio chino que había visto en el libro Las lágrimas de Eros de Georges Bataille.

"Farabeuf fue mi primera novela y fue galardonada con el Villaurrutia. Creo que mi obra ha sido bien comprendida. No he tenido muchos lectores, aunque Farabeuf ha sido editada en varias lenguas. Quizá he tenido 10 que pudiera clasificar como lectores comprensivos. No quiero decir nombres porque no sé bien quiénes son.

"En la actualidad no deseo nada. Estoy satisfecho. Solo espero alivianar la vida de los que me rodean porque ya están molestos de aguantar a un viejo como yo. Quiero quietud. Silencio. Confort. Me preparo para la nada. ¿Cualquier otra cosa? ¡Bienvenida! Bienvenido el infierno de Dante, la Gloria... Me da igual...".

Queridos cinco lectores, con una pregunta taladrándole el alma: ¿cuál es la credibilidad de un sujeto como Pablo Chapa Bezanilla?, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.