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"El Tío Gil", letras desde la prisión

Condenado a nueve décadas de cárcel, este recluso cursó sus estudios de secundaria y preparatoria en ella; ha ganado varios concursos y es miembro de la Sogem.

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Un homicida, preso en la zona de alta seguridad de la Penitenciaría del Distrito Federal, ha invertido en aprender literatura sus casi 40 años de encierro en un dormitorio de 12 metros cuadrados. Lo ha hecho tan bien que es miembro de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y ha ganado concursos nacionales de dramaturgia, cuento y poesía.

José Remedios Gil Flores recibió a principios de los años 70 una primera condena de casi 90 años de prisión por homicidio y otros delitos. En los 37 años que lleva en la cárcel ha estudiado la secundaria, la preparatoria y planea estudiar Derecho. Al mismo tiempo aprendió a escribir diferentes géneros literarios.

“Me gusta mucho la lectura. Lo que más quería cuando era niño era aprender a ver los libros. Para esto soy muy bueno, y me dije: ‘Puedo escribir’. Cuando René Genaro Martínez (coordinador del taller de teatro en el sistema penitenciario) me llevó una convocatoria, no lo dudé y le dije: ‘Te voy a escribir una obra para que la lleves a mi nombre, y va a ganar’”, dice Gil a MILENIO.

En diciembre de 1992, interno en el Centro Federal de Readaptación Social de Almoloya de Juárez, obtuvo el primer lugar del Concurso Nacional de Teatro Penitenciario. Conspiración, la obra galardonada, es una pieza autobiográfica que copia con maestría la estructura dramática de la obra De la calle, de Jesús González Dávila, en la que Gil Flores actuó antes.

Según notas periodísticas de la época, el ya fallecido Pablo de Tavira, entonces director del penal, dijo al recibir el premio en su nombre: “‘Es muy significativo que haya ganado Gil Flores, porque es un hombre que ha vivido en la cárcel y tiene toda su vida por delante dentro de ésta. Ha logrado hacer del teatro una razón de su existencia para poder pasar el resto de sus días en prisión’”.

Además de tres premios de dramaturgia penitenciaria, obtuvo uno más en un concurso de cuento con un relato titulado “El reto”, y uno de poesía con el poema “Otro niño de la calle”. De 1992 a la fecha ha escrito seis obras; La quinta coladera, recién estrenada, narra las dificultades de los niños que viven en la calle; él personifica a uno y en escena logra llorar a mares.

La presentación se realiza en el desvencijado teatro de la Penitenciaría del Distrito Federal llamado Juan Pablo de Tavira, con dos obras de no más de 15 minutos cada una: Juventud, experiencia de la vida y La quinta coladera, así como una radionovela, Memoria, tinta sonora, que escribieron y montaron unos 20 reos del dormitorio 8 de la zona de alta seguridad de la Penitenciaría del Distrito Federal. Con estos montajes concluye un taller de tres meses que impartieron el escritor y sicoanalista Javier Norambuena y el actor David Rivera.

Al estreno acuden familiares, el subsecretario del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México, Antonio Hazael Ruiz, compañeros presos y custodios. Como preso de alta seguridad, Gil Flores nunca sale de su dormitorio, y esta es una buena oportunidad para entrevistarlo.

Muy delgado y bajo de estatura, cuando este hombre de 60 años entró en la cárcel perdió a su esposa e hijos, pero ha tenido tiempo para adquirir conocimientos y demostrar su inocencia, pues él dice no haber cometido todos los delitos de los que se le acusa. Por su perfil psicológico ha vivido año tras año en un dormitorio de 12 metros cuadrados en compañía de tres personas más.

El Tío Gil, como le llaman los demás internos, es un líder que ha logrado atraer a muchas personas a los ensayos de sus obras en el espacio tan reducido donde vive: “Trato de hacer un buen trabajo, de sentirme bien; así puedo realizar un ensayo que, cuando pasan los chavos, lo ven y les interesa. No se necesitan grandes espacios porque donde quiera se puede hacer teatro”, dice al esbozar una sonrisa.

Los años, la literatura y el encierro han moldeado un espíritu nuevo en este hombre que ahora valora todo lo que ha vivido: “Es aprendizaje y todo nos sirve, y si no es a nosotros directamente, sí a los demás. Ahora estoy a gusto con que hayan visto este ensayo; eso es lo que yo gano: sentirme bien y mis compañeros también”.

Además, Gil Flores ha sido su propio abogado: “Ya estoy en vías de salir. Tengo 37 años en la cárcel, pero estoy buscando mi liberación una vez que demuestre mi inocencia porque sí, yo delinquí, pero fue porque me tenía que defender, sencillamente”.

La entrevista termina y Gil Flores se levanta del asiento. El custodio ordena al dramaturgo que se quite el vestuario —dos trapos baratos—, lo que el preso hace. Se alejan y ambas siluetas se desvanecen en la penumbra de un pasillo.

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