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Lunes , 23.07.2018 / 11:33 Hoy

El teatro mexicano, en diccionario monumental

La obra, de más de tres mil páginas, “se acerca hasta lo que se ha hecho no solo en el siglo XX, sino en la primera década del XXI”, dice su autor.

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Emiliano Balerini

Con el propósito de documentar las artes escénicas del país desde la época porfirista hasta la actualidad, la editorial Escenología, dirigida por Edgar Ceballos, lanzó al mercado el Diccionario de Teatro Mexicano.

La obra tiene más de tres mil 500 fichas y mil 400 fotografías, “imágenes que van desde 1901 hasta 2013, que fue cuando decidimos concluir la captura de datos. Es un trabajo totalmente ilustrado”, comenta su autor.

En la publicación, de más de tres mil páginas, aparecen personajes que van desde Agustín Lara, quien hizo teatro de revista en los años treinta y cuarenta, hasta Juan José Arreola. Asimismo se puede encontrar a Yolanda Montes Tongolele y a Roberto Gómez Bolaños Chespirito, quien realizó cuatro obras muy importantes para las artes escénicas: “Dentro de la historia del teatro él tuvo montajes que duraron de cinco a diez años, y hasta más: 11 y 12 y Títere, por ejemplo”, menciona en entrevista con MILENIO.

En el diccionario aparecen actores, dramaturgos, escenógrafos y periodistas especializados en las artes escénicas, así como muchas otras materias que menciona el autor: “el Teatro Ulises, el Teatro Orientación, trabajadores, construcción del Centro Cultural del Bosque, censura, diversas formas de teatro: contemporáneo, campesino, estudiantil, amateur, espacios, inauguración del primer teatro Virginia Fábregas, El Renacimiento I, El Renacimiento II, el inicio de la construcción de Bellas Artes… En fin, es un diccionario completo”, explica.

Nueva versión

El criterio de selección para incluir la ficha de cada uno de los personajes fue en un primer momento el de presentar a aquellos que habían hecho mínimo tres montajes en su vida; sin embargo, en una segunda etapa, Ceballos encontró personajes que merecían ser incluidos aunque hubieran realizado un solo montaje, “como un ministro plenipotenciario de la Secretaría de Relaciones Exteriores, quien debutó como actor, tradujo una obra y luego se cuestionó lo que estaba haciendo en el teatro. Decidió ingresar al Servicio Exterior Mexicano y llegó a un cargo muy alto”.

“Este diccionario cumple una doble misión: se acerca hasta lo que se ha hecho, no solo en el siglo XX sino en la primera década del siglo XXI, y cubre las ausencias que habíamos detectado”, cuenta el también crítico teatral.

La importancia de este trabajo —según explica el editor— se debe a que México tiene una enorme tradición teatral, incluso mayor a las que tienen Argentina y España: “Hace 20 años hicimos un intento de realizar un diccionario básico; sin embargo, el volumen se agotó. Editamos una segunda edición junto con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, pero también se vendió toda la edición y las autoridades decidieron que ya no volverían a sacar una nueva versión”, dice Ceballos.

Después de dos décadas, el Instituto Nacional de Bellas Artes se dio cuenta que era necesario volver a editar el diccionario, pero se consideró que publicarlo en su primera versión era obsoleto: “Había que rescribir todas sus fichas e incluir nuevas. Un ejemplo concreto y muy importante es que hace 20 años no consideramos el teatro musical. De pronto, nos dimos cuenta de que desde que apareció la primera obra de teatro musical en 1959, Mi bella dama, de Manolo Fábregas, se han presentado más de 300 musicales en nuestro país: extranjeros, mexicanos, buenos, excelentes, malos, otros infames, pero hay una enorme tradición en el musical, más que en el teatro hablado. Esto nos remite a principios de siglo, cuando el mexicano era un ferviente admirador del teatro musical que en aquel entonces era la zarzuela, la grande de tres actos y la chica de un acto. Además, había que incluir a esa enorme cantidad de personas que han surgido en los últimos 20 años, y a aquellos que han muerto”.

Faltantes

En el diccionario faltó incluir unas cuatro mil fichas de personas que participaron alguna vez en el teatro, pero que después decidieron abandonarlo.

Muchas de esas personas, dice Edgar Ceballos, se ubican en otra esfera: hicieron teatro, y en su momento fueron grandes defensores de las artes escénicas.

El autor comenta: “Esto nos lleva a una verdad: el teatro es la profesión más ingrata. Para empezar, se trabaja cuando todo mundo descansa, y por eso es una de las profesiones con mayor número de deserciones”.

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