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Martes , 23.10.2018 / 18:45 Hoy

El tallador y la materia

Guía visual


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Batallas en el misterio de Reynaldo Velázquez Zebadúa es una de las exposiciones del Museo del Chopo que más he disfrutado en años. Reviso con lentitud las fotografías que tomé hace unas semanas: ¡la obra escultórica de este artista es extraordinaria! Y no uso el adjetivo desde la pereza. Una muy pequeña talla en madera, en realidad un busto masculino de extrema delicadeza, me lleva de inmediato al Louvre, en donde hace nueve años vi, en el salón de arte egipcio, una casi diminuta y altiva mujer caminante cuya falda ondeaba con el viento imaginado por el autor. Hace dieciséis años, Raquel Tibol festejó así su primera exposición individual: “¡Por fin el grabador, dibujante, pintor y, sobre todo, escultor Reynaldo Velázquez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1946) tendrá en la próxima primavera su primera individual de esculturas en la Ciudad de México! Seguramente […] es en la actualidad el más talentoso y más arrojado de los artistas mexicanos que practican la talla directa en madera”.

Velázquez Zebadúa tenía 54 años en el año 2000, y asombra que apenas se le estuviese “concediendo el privilegio” de exhibir individualmente en un recinto de la Ciudad de México. Los artistas dependen de los caprichos de funcionarios y curadores. Sabemos también que la palabrita “curador” se empleaba, entonces como hoy, para designar a los editores (¡!). Ignoro por qué a un artista de su estatura le estuvo vedada la revisión pública de su obra, cuando siempre ha habido artistas menores en los museos de la capital. Ahora podemos estudiar, y emocionarnos a cada paso, esta muestra retrospectiva con más de 30 esculturas en madera y numerosas placas de grabado. Tibol mostró su alegría ante la obra de este lector empedernido, hacedor de portadas en relieve sobre madera —para libros maltratados de Cervantes, Dante y muchos otros clásicos—, en la revisión somera de 30 años de trabajo representado por esculturas en miniatura o en dimensiones mayores, piezas de bulto y relieves. Comenzó a hacer las portadas para proteger su amplia biblioteca personal.

Alfredo Matus, quien seleccionó la obra, escribe sin más: “Aleluya porque aún existan artistas como Reynaldo Velázquez”. En el marco del 29 Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS), a mí me emocionan, y mucho, Umbral, Adán y Eva (en realidad dos adanes), Mater, Niño y un Chac Mool en caoba, además de las soberbias portadas. Umbral recuerda El buey desollado, también llamado El buey en canal, uno de los óleos más conocidos de Rembrandt, hoy exhibido en el Louvre. Como Francis Bacon y otros artistas, Velázquez Zebadúa homenajea aquí al gran holandés, por cierto poco afecto a pintar bodegones. Umbral es la obra de un gran artista; representa con gran economía sintáctica un torso masculino sin cabeza, con los muslos mutilados y los huesos expuestos.

Posdata. En este recinto también tiene una presencia extraordinaria la escultura hecha para la Galería Central del Museo: Siphonophora de Thomas Glassford (Texas, 1963), donde el artista retoma la forma de los sifonóforos, organismos marinos que invitan a recordar el desaparecido Museo de Historia Natural albergado por el Chopo entre 1913 y 1964.

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