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[El Santo Oficio] El unomásuno

El uno era su favorito, ahí se escribía con humor y desenfado, sus caricaturistas se burlaban de todo y las fotografías valían por sí mismas y no como complemento de la información escrita.

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El cartujo predicaba en tierras australes cuando un amigo recién llegado de México le enseñó el primer número del unomásuno, aparecido el 14 de noviembre de 1977. Pesimista por naturaleza, nunca imaginó un periódico así en su país. Moderno, irreverente, arriesgado, era todo lo contrario de la prensa mexicana de aquellos días, temerosa y dócil ante el poder, con un lenguaje apolillado y un diseño horroroso, por decir lo menos, y aunque no faltaban periodistas críticos y entrones, eran pocos en comparación a la gran cantidad de chayoteros.

Vivía en la prehistoria; sin computadoras ni redes sociales ni teléfonos celulares, para sentirse actual visitaba cada semana la embajada mexicana para leer las ediciones atrasadas del unomásuno y la revista Proceso, otra de las publicaciones derivadas del golpe a Excélsior el 8 de julio de 1976.

El uno era su favorito, ahí se escribía con humor y desenfado, sus caricaturistas se burlaban de todo y las fotografías valían por sí mismas y no como complemento de la información escrita. Renovó al periodismo mexicano y convirtió a su fundador, Manuel Becerra Acosta, en leyenda —por su carácter y sus excesos pero sobre todo por su innegable talento y valentía, por su absoluta falta de solemnidad.

Descubrir el suplemento cultural sábado fue otro motivo para anclarse en el gusto por ese periódico donde la crónica cobró altura y los reportajes seriados escudriñaban todos los ángulos posibles de cada asunto, sin dejar nada importante fuera.

El sábado de Fernando Benítez, con José de la Colina y Huberto Batis en la redacción, refrendó el prestigio del viejo maestro, impulsor del mejor periodismo cultural del país. Cuando años después Benítez renunció para sumarse a las filas de La Jornada, creada por opositores a Becerra Acosta, y De la Colina se fue con Eduardo Lizalde a fundar El Semanario Cultural en el periódico Novedades, Batis se dio vuelo con el suplemento del uno y durante 25 años lo convirtió en el espacio más libre y provocador del periodismo mexicano.

La sección cultural, con Jorge Hernández Campos al frente, contaba con una planta extraordinaria en la que estaban Aída Reboredo, Fernando de Ita, Patricia Cardona, Fernando Belmont, Roberto Vallarino y Adriana Malvido como hueso; después llegarían Braulio Peralta, Víctor Roura y otros jóvenes más para hacer la mejor sección de cultura de aquella y muchas otras épocas.

La sección deportiva, dirigida por Ramón Márquez C., discípulo del legendario Manuel Seyde, era otro de los atractivos del uno, con las crónicas y entrevistas del propio Márquez C. o de Sergio Guzmán o Armando Satow... Y ni hablar de la sección de ciudad o de la manera como trataban la información policiaca o internacional.

Hay muchos buenos recuerdos de ese periódico, hundido desde hace años en el desprestigio y acusado ahora de alianzas con el crimen organizado. Una tristeza...

Queridos cinco lectores, esperando regresar con ustedes el 10 de enero, El Santo Oficio les desea felices fiestas y un venturoso 2016. El Señor esté con ustedes. Amén.

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