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Domingo , 27.05.2018 / 00:25 Hoy

El rock es una revelación estética: Fernando García

David Bowie, Neil Young, Phil Collins, Bono, Lou Reed y John Lydon son algunos de los personajes que aparecen en el libro editado por Jus

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Xavier Quirarte

Para Fernando García, autor de Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento (Editorial Jus, 2016), “el rock fue una revelación estética. Fue también una manera de relacionarse con el resto de la cultura que se te queda para siempre”.

El periodista argentino, autor de libros como Sex Pistols y el punk inglés (1995), Conversaciones con León Ferrari (2008) y 100 veces Pappo (2011), entre otros, dice en entrevista con MILENIO que su manera de escribir o mirar en el arte contemporáneo “no tiene nada que ver con los críticos que vienen justamente de la teoría del arte. Yo no vengo de eso, yo todo se lo debo al rock. Me parece que el rock y la cultura pop te dan una amplitud de mira, la posibilidad de yuxtaponer, de jugar. La cantidad de cosas que hacemos en el rock, con el tiempo se da uno cuenta de que tenían que ver con cosas que habían partido con las vanguardias en los años veinte y treinta y que nosotros las hicimos de una manera absolutamente natural”.

Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento es un libro tan formativo como informativo, tan serio como desparpajado, tan bien fundamentado como volado. Contiene entrevistas con figuras como David Bowie, Noel Gallagher, Neil Young, Phil Collins, Bono, Lou Reed, Bon Jovi, John Lydon, Dee Dee Ramone, los Bee Gees y muchos más.

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Las entrevistas, publicadas en diarios y revistas argentinos, fueron revisadas por el autor y enriquecidas con el contexto en que fueron realizadas. Esto lo convierte en una especie de manual para quienes quieran escribir sobre rock pero no encontrarán un libro de texto que hable al respecto.

Conocedor profundo de la escena del rock argentino, García dice en entrevista que dedicó el libro a recopilar entrevistas con quienes llama “estrellas globales”. Esto tiene que ver, agrega con “el famoso choque de civilizaciones. Hay un telón de fondo de esa época –que también pasó en México y en Brasil, por supuesto–: no tuvimos visitas de estrellas de rock hasta muy avanzados los años ochenta. Y, en los noventa, con el tema del dólar barato en Argentina, fue un aluvión, además de que los artistas tuvieron que salir más al mundo a vender conciertos por el tema de la caída de la venta de los discos”.

Son músicos que todo mundo conoce.

Yo tenía que comunicarme de una manera más universal y me parece justamente que estos artistas son universales, tienen eso en común. Uno dice Bono y saben lo significa en Buenos Aires, México, Madrid, Tokio… Elegí aquellas entrevistas con un valor narrativo y testimonial mayor, porque tuve que dejar muchas fuera. Hice una especie de curaduría y quedaron fuera muchos artistas, como Joe Strummer, lo que me dio mucho coraje, pero puede quedar para una segunda oportunidad.

—¿Cuál fue tu primera entrevista con estas estrellas?

Una de las primeras fue con John Lydon, el vocalista de los Sex Pistols. Tuve buena suerte porque trabajé en una revista underground, donde logramos hacer entrevistas importantes. Hice, por ejemplo, una con Peter Hammill, que para mí fue un privilegio porque yo era muy fan de Van Der Graaf Generator. La primera que me marcó fue la de Lydon, porque no da entrevistas y yo la conseguí por mi cuenta, no por intermedio de una disquera o de un agente de prensa. Terminó publicándose en el diario más importante de Buenos Aires, El Clarín.

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—¿Cómo definirías el valor de tu obra?

Las entrevistas son un testimonio de un momento de la cultura en el siglo XX. Estas figuras, entre indomables y reflexivas, han marcado a fuego la cultura contemporánea. Con el tiempo la música pop se va ir acomodando en una consideración más profunda. Me parece que la voz de estos personajes permanece, que son testimonio de lo que sucedió entre 1992 y 2010, un momento de transformaciones en la forma en que se consume la música: la aparición de internet, la irrupción de instrumentos digitales y, por otro lado, de persistencia de los valores de la contracultura, que se empiezan como a desdibujar.

—¿Qué significa el rock en una generación como la tuya, que se formó con este movimiento?

Me parece que es una revolución cultural de la que uno se siente parte, porque no es lo mismo aquel que se hace unos compilados para andar en bicicleta, para trabajar o para hacer el amor, que nosotros que hemos vivido todo este proceso. Yo todavía tengo mis discos de adolescente y no puedo dejar de pensar en los Rolling Stones todo el tiempo. ¡Y ya quiero que esto se acabe —dice entre risas—, porque vamos a tener 75 años y vamos a seguir hablando de Led Zeppelin! ¡Por favor!


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