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Viernes , 22.06.2018 / 22:28 Hoy

El psicoanálisis, conservador y subversivo a la vez

La historiadora francesa desmonta los mitos sobre el pensador vienés y a la vez realiza una crítica de las posturas políticas derivadas de su teoría.

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Carlos Rubio Rosell

El final del siglo XIX y el comienzo del XX marcaron el principio de un movimiento científico que, encabezado por Sigmund Freud, revolucionó la comprensión del ser humano: el psicoanálisis.

“Freud”, dice la historiadora Elisabeth Roudinesco (París, 1944), “fue producto del imperio austrohúngaro, que se derrumbó con el comienzo de siglo XX; fue uno de los últimos fuegos de artificio de esa época, pero su esplendor ha llegado a nuestros días y sigue iluminándonos”.

Roudinesco nos descubre en su biografía Freud, en su tiempo y en el nuestro (Debate), a un sabio hijo de su época, y lo proyecta al presente y al futuro.

“He intentado seguir la estela de los grandes biógrafos e historiadores, con el objetivo de hacer a un Freud vienés, inmerso en su mundo”, dice. Aclara que “Freud no descubrió el inconsciente. Esa es una leyenda, porque ya había sido descubierto. El gran gesto de Freud fue que lo teorizó de forma diferente, lo renombró. Para él, el inconsciente es un lugar de lenguaje: son palabras, son los sueños. Hizo una síntesis entre las antiguas claves y relatos de los sabios y el medio vienés con un talento novelesco extraordinario. Luego teorizó y vemos que ya no es el mismo inconsciente, lo que explica que se haya dicho que Freud descubrió el inconsciente”.

La autora intenta desmontar mitos que hay sobre Freud. Comenta: “La correspondencia de Freud con Wilhem Fliess fue expurgada durante años por los herederos de Freud, y eso ha creado un antifreudismo. La gran diferencia ahora es que los archivos se han abierto a todo el mundo y se puede consultar su totalidad. Ahí se ve cómo Freud va cambiando de opinión, va poco a poco en una búsqueda de ensayo-error, y no hay ningún misterio en torno a ello”.

También se ha dicho que Freud consumió cocaína durante mucho tiempo. “Pero eso se ha amplificado”, subraya. “Si se presenta a un Freud sabio, sin defectos, se inventa entonces que era cocainómano y loco. Freud consumió cocaína en una época en que no se conocían sus efectos posteriores; pero lo chocante es que consumió mucha pero no se hizo toxicómano, y en un momento dado se detuvo”.

Roudinesco señala que son muchos los psicoanalistas que no han leído las correspondencias de Freud, que lo conocen por su clínica, pero no tienen un conocimiento de su historia. “No diría que son antifreudianos, y otra cosa es el antifreudismo radical, que existe desde principios del siglo XX y es una corriente, casi una enfermedad mental que he estudiado mucho: por qué odiar a Freud. Pero el antifreudismo es una corriente que primero tuvo que ver con las religiones, de las que se declaró enemigo; luego vino por la moral; después el régimen soviético (que lo consideró ciencia burguesa), el antisemitismo, y hoy se le recrimina al psicoanálisis de Freud no ser una ciencia”.

Destaca que Freud dio otro gran salto cualitativo al tener la idea, desde 1900, de fundar una organización internacional. “Y aunque Freud quería darle un carácter universal, es un movimiento político. Freud quería cambiar el mundo y se rodeó de personas excepcionales. Su primera sociedad, aunque prácticamente olvidada, es muy interesante. Sus miembros tenían la impresión de ser portadores de una gran idea que se iba a universalizar. Por ello, creo que hay que unirlo a los grandes movimientos de emancipación. Y que ese movimiento sea a la vez conservador y subversivo es muy vienés”.

Los defectos

Roudinesco menciona que tuvo que “deconstruir la historia. Además, he querido mostrar la comunidad freudiana de las dos primeras generaciones, y el viaje a Norteamérica en 1909, cuando fue a batallar en la Costa Este, donde estaban los mejores psicólogos y sabios del mundo. Sabía que se iba a enfrentar a una comunidad científica muy difícil”.

Roudinesco también comenta: “El psicoanálisis debe cambiar. El gran defecto del Freud de los años treinta y de su movimiento es haber elaborado la calamitosa idea de que no hay representación del mundo en el psicoanálisis y, por tanto, de que este tiene que ser neutro. Según Freud, había que construir un movimiento que no fuese recuperado por las instituciones políticas o universitarias. Así que ese movimiento fue apolítico, y eso justificó la neutralidad de la Asociación Psicoanalítica Internacional respecto a dictaduras y aberraciones como el nazismo. También justifica la tesis insostenible de que el psicoanálisis es autosuficiente.

Esto ha provocado otra idea más perniciosa: que las transformaciones y los movimientos sociales no le conciernen, y todavía peor, se han convertido en reaccionarios, porque finalmente se han mostrado contra una realidad, como ocurre en nuestros días con el tema del matrimonio homosexual o la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales”.

La historiadora concluye: “Estoy dispuesta a combatir a los imbéciles que obedecen a un catecismo, porque si se dice que si una realidad es contraria a un concepto hay que mantener a éste aun contra la realidad, yo digo que es una tontería científica de tal calibre que hay que combatirla”.

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