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Miércoles , 17.10.2018 / 14:28 Hoy

El primer Día de Muertos de Ignacio Padilla

El escritor, fallecido el 20 de agosto pasado, había visitado el Liceo Franco-Mexicano para conversar sobre su libro ‘Por un tornillo’; en esta celebración, los niños lo recuerdan con cariño


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Cuando iba al volante, Ignacio Padilla nunca escuchaba la radio, siempre ponía unos discos grabados con El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Cuenta esta anécdota Inés, de 10 años. Sus compañeras y compañeros de clase en el Liceo Franco-Mexicano, como ella, recuerdan al narrador y cervantista con notoria emoción. Todas y todos levantan la mano en el salón para pedir la palabra y hablar del primer escritor con quien platicaron en sus vidas. Todas y todos conocieron a Padilla. Todas y todos tienen un libro de él autografiado, Por un tornillo (FCE, 2009), que resguardan como su gran tesoro. Todas y todos leyeron a Nacho, se carcajearon con él, admiraron su imaginación y entendieron mejor que muchos críticos adultos la afición del cuentista por lo absurdo.

Que toda la clase —acompañada por su maestra Claire Pawliez y por las madres y los padres de algunos de los jóvenes—, haya montado un altar y una ofrenda de Día de Muertos en honor a Ignacio Padilla, en la Casa del Indio Fernández, en Coyoacán, deja de sorprender cuando uno escucha sus testimonios. Unos niños corren por algo, otros brincan, los de allá pegan sus escritos, ponen veladoras y dulces. Parece una fiesta matutina en los patios y pasillos de piedra de la fortaleza que, año tras año, desde hace tres décadas, abre sus puertas para que los vivos se reencuentren con sus muertos, los reimaginen.

Todos rememoran. Es el primer Día de Muertos de Ignacio Padilla, rodeado por sus mejores lectores: Inés, Diego, Lucía, Luis Arturo, Alexa, Tomás, Ana Paula, Santiago, Natalia, Antoine, Emma, Milan, Gabriela, Juan Pablo, Nazanin, Alexis, Ainhoa, Matías, Camila, Ricardo, Aitana y Aisha se quedaron con este retrato del académico de la lengua cuando los visitó el 12 de mayo pasado para platicar sobre Por un tornillo con ellos y con otros dos grupos de su nivel escolar, en el auditorio del liceo, a invitación de su anterior profesora, Marivel Orozco: "Era una muy buena persona", "siempre tenía una sonrisa para respondernos", "dejó muchas entrevistas para venir a platicar con nosotros", "se tomó su tiempo para autografiarnos, uno por uno, cada ejemplar de su libro, por eso nos es tan valioso el libro".

Tan preciada joya bibliográfica, de verdad, que para evitar que alguno perdiera la suya o que se dañara en el altar tradicional, Ricardo tuvo una brillante idea que toda la clase celebró y secundó. Para incluir Por un tornillo en la Ofrenda de Muertos hizo un facsímil con la portada exacta y hojas recicladas dentro, simulando el libro que narra las aventuras de los Expertos en Pueblos con Nombres Largos, el Pueblo de la Máquina, Sancho de la Chatarra, Ubaldo Guitarras, Teolinda la cirquera, el alcalde Rojo y Vladimiro, historias que a muchos les sacaron no pocas carcajadas.

Más aún. Otras obras de narrativa infantil del escritor, como Los papeles del dragón típico, Las tormentas del mar embotellado, Todos los osos son zurdos o El hombre que fue mapa, fueron miniaturizadas en sendos facsímiles de manufactura colectiva, para desplegarse en la ofrenda, entre cempasúchiles, panes de muerto, veladoras y dibujos de Padilla en compañía de Cervantes y El Quijote. Una fiesta, el Día de Muertos, que en 2008 la Unesco declaró patrimonio cultural de la humanidad.

Luis Arturo cuenta que cuando leyó Por un tornillo aprendió a dibujar. Y para la ofrenda reprodujo en cartonería las ilustraciones de Trino que acompañan la historia de Padilla. Natalia hace un recuento casi palabra por palabra de la historia del Pueblo de la Máquina y cuenta qué le gustó más del libro: “Los personajes querían mucho a la máquina, aunque ésta no hiciera nada”. Y Ana Paula asiente: “Me interesó que apreciaban una máquina que no servía prácticamente para nada. Se me hizo chistoso porque no tiene sentido. Y de Padilla me gustó cómo explicaba las cosas, siempre con una sonrisa”. Gabriela, de nueve años, ya ejerce la crítica literaria y no se deja desanimar por los títulos. “El nombre Por un tornillo no es nada interesante, pero cuando comienzas a leerlo descubres que es muy chistoso y sí es interesante”. Nazanin, cuando lo compró, tampoco se animaba a leerlo; cuando lo hizo, le gustó mucho. “Y cuando conocí a Padilla me gustó más”, comenta. Ainhoa tiene clarísimo para qué escribía Nacho: “Para darle alegrías a los niños”. Y Alexis disfrutó mucho cuando los cocodrilos se comieron al alcalde.

—¿Y por qué te gustó precisamente esa parte? — se le pregunta en la clase.

— Porque el alcalde era malo y por eso — responde sin titubear entre la algarabía de sus compañeros.

Todos estos jóvenes tienen sus claras y particulares definiciones sobre qué es leer y qué es escribir; todos coinciden, sin embargo, en que ambas son placer e imaginación. Un arte, asegura Milan. Ahora están leyendo en español y en traducción al francés Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar (L'histoire d'un chat et d'une mouette), del chileno Luis Sepúlveda, y El nuevo restaurante de Pierre Quintonilli, de Norma Muñoz Ledo. Tal vez ambos escritores un día visiten el liceo u otra escuela, pública o privada, donde un narrador no ha tenido la fortuna de hablar con sus lectores de lujo.

Y así, como ofrenda, revolotean sobre el altar poemas, pensamientos y agradecimientos, en francés y en español, que los jovencitos escribieron para su autor predilecto. La clase, además, ya está escribiendo de manera colectiva y bilingüe la segunda parte de Por un tornillo, con autorización del escritor. Cuentan: “Nacho nos preguntó si nos gustaría una segunda parte del libro. Todos gritamos que sí. Y él nos contestó: ‘Pues escríbanla ustedes, ¿por qué la tengo que escribir también yo?’. Y eso hacemos”.

Antonio, padre de Inés, dice que por eso Padilla llamaba con cariño “Los Intelectuales” a estos jóvenes del Liceo Franco-Mexicano, donde han estudiado, entre otros, la narradora Guadalupe Nettel o la soprano María Katzarava; un plantel también visitado Juan Villoro, que también escribe para niños.

Él fue amigo del autor de Amphitryon e Inéditos y Extraviados, su obra póstuma (Océano, 2016). Por eso Inés sabe la historia de Ignacio Padilla, del auto, la radio y el Quijote, porque a menudo ambos acompañaban al escritor. Y uno piensa, después de oír a todos estos jovencísimos lectores y lectoras del liceo, y tal vez futuros poetas y narradores: quizá, solo quizá, es muy posible y mucho más probable, que ese 20 de agosto pasado, sobre aquella carretera nebulosa bajo la lluvia, Ignacio Padilla también estuviera haciendo lo que más quería, escuchar una vez más a Don Quijote y a Sancho mientras sonreía.

El Altar de Muertos del Liceo Franco-Mexicano.

Casa del Indio Fernández. Coyoacán, 2016.


“Ignacio Padilla était content

Au moment d´écrire pour les enfants,

On dirait qu'il est encore viviant

Car je le sens encore dans le vent”.


“Ignacio Padilla escribía

Para darle a los niños mucha alegría.

Cuando yo lo leía

Sentía que me llegaba esa picardía”.


“Por un tornillo

Nació un libro

Que fue leído

Por muchos niños”.


“A veces la vida es corta,

A veces la vida es larga,

Aunque tú estás muerto,

Tus libros están vivos”.


“Tout le temps que tu as passé

avec nous dans l'auditorioum,

C'était vraiment rigolo

le livre Por un Tornillo”.


“Ya que estás con los personajes

De tus libros allá arriba,

Podrás imaginar más cosas importantes,

Aunque no los pudiéramos leer

Ni siquiera en la Antártida”.


“Quand je l'ai connu, j'étais content,

Ignacio était marrant,

Il reste génial,

car avec ses livres je rigole”.


“Il avait beacoup d'imagination

Et dans ses livres, de l'animation.

Quand on les lisait, on sentait qu' on s'envolait

Avec la magie qu'il apportait”.


“Ignacio était né en novembre.

Ses livres était doux comme l'ambre.

Il nous a donné des ailles

Pour que la vie soit belle”.


“Con tus libros soñé

Y me inspiré.

Naciste en noviembre,

Igual que Allende”.


“Ignacio Padilla,

Quand je te lis, je suis sur un autre planète.

Et je sens que mes idées volent comme de mouettes

Qui atterrissent sur ma tête.

Et, croyez-moi, je sus très honnête”.


“Ignacio Padilla,

Tus libros me inspiran

Como algunos que riman

y algunos que dan risilla”.


“Ignacio est dans les nuages

Avec tous ses livres sages,

On te remercie pour tes romans

Qui ont fait les enfants contents”.


“Por un tornillo

Es un libro

Muy lindillo

Y muy Hermosillo”.


“C'est un livre magnifique

Sur une machine pacifique,

Elle est très joyeuse et très heureuse,

Elle n'est pas ennuyeuse, mais génereuse”.


“Ignacio Padilla,

un gran escritor.

En este gran día,

Te decimos adiós”.


“Ignacio Fernando Padilla

Était un bon écrivain

Qui écrivait des livres avec sa main,

Jusqu'à ce qu' il s'en aille là-bas

On te remercie, Ignacio Padilla”.


“Por un tornillo

Es un librillo

Con mucho brillo

Lleno de mucha alegría

igual que Ignacio Padilla”.


“J'ai connu Ignacio Padilla

Il était content, moi aussi.

Je n'ai entendu qu' ici

Des mots aussi beaux que ça”.


“Le livre de Ignacio Padilla

C'est un livre brillant

Qui nous rend content

Car quand on le lit

On sent qu'on revit”.

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