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El periodismo antes que nada

Ensayo

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Mario Vargas Llosa tenía 15 años cuando comenzó a ser reportero en el periódico La Crónica de Lima. Empezaba a correr la década de 1950 y eran, dice, "los tiempos del periodismo prehistórico". El director del diario llegaba todos los días a trabajar montado en una mula y la Redacción no podía ser más modesta: mesas y sillas apolilladas, viejas y ruidosas máquinas de escribir, hojas de papel desperdigadas. Vargas Llosa, que todavía era Marito o Varguitas, se encargaba de las notas policiacas. El suyo era el mundo de la noche, los bares, los burdeles, las calles llenas de malandros.

Un día asesinaron a una prostituta en el Hotel San Pablo del barrio limeño El Porvenir. El joven reportero fue en busca de los detalles del suceso y cuando logró esquivar a los policías que rodeaban el cadáver se topó con la muchacha apuñalada. "Fue el primer cadáver que vi y me quedé impresionado. Además, los policías hacían bromas sobre esa mujer con demasiada naturalidad, sin ningún pudor. Experiencias como esas me marcaron mucho. Tanto que tal vez sin ellas no hubiera podido escribir una novela como Conversación en La Catedral. He de reconocer que muchos de los personajes del libro nacieron de experiencias periodísticas de ese tipo", contó hace poco en una conferencia con motivo del tricentenario de la Biblioteca Nacional de España.

Pero casi al mismo tiempo, el joven comenzó a escribir una obra de teatro: La huida del inca. "La idea de escribir teatro me rondaba desde antes, como la de ser poeta o novelista, y acaso más que estas dos últimas. El teatro fue mi primera devoción literaria". No obstante, su vocación se afianzó el día en que ganó un concurso de cuentos y disfrutó del premio: un viaje a París. "Dudo que, antes o después, me haya exaltado tanto alguna noticia como aquella. Iba a poner los pies en la ciudad soñada, en el país mítico donde habían nacido los escritores que más admiraba". Pero poco antes de partir hacia Francia (donde terminó de escribir La ciudad y los perros y donde su carrera literaria despegó definitivamente) realizó otro viaje determinante: una expedición a la selva peruana.

"Y vi paisajes y gente y oí historias que, más tarde, serían la materia prima de por lo menos tres de mis novelas: La casa verde, Pantaleón y las visitadoras y El hablador. Nunca en mi vida, y vaya que me he movido por el mundo, he hecho un viaje más fértil, que me suscitara luego tantos recuerdos e imágenes estimulantes para fantasear historias", recordaría luego, en El pez en el agua. El año pasado, la Universidad de Salamanca nombró Doctor Honoris Causa al personaje que cumplirá 80 años este próximo 28 de marzo.

Ante un auditorio compuesto por académicos y estudiantes, Vargas Llosa dijo que los temas de sus novelas le son impuestos por sus experiencias y por la realidad. Pero añadió que escribir es una actividad que exige un compromiso total. Porque pronto comprendió "que la literatura no podía ser una actividad de días feriados, un hobby, algo a lo que uno dedicaba los restos de una vida consagrada a otros menesteres, porque el tipo de literatura que resultaba de ese ejercicio transitorio era necesariamente una literatura pobre. Eso no me lo dijo nadie, eso no lo leí, eso lo sentí desde un comienzo".

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