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Jueves , 13.12.2018 / 22:01 Hoy

“El paisaje que me atrapa tiene cierta hostilidad”: Larissa Barrera

Los bocetos a carbón de sus paisajes son un diario de imaginación, sentimiento y añoranza.
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EL PAISAJE DESDE LA TRASNFORMACIÓN

Al terminar la carrera de artes visuales en la UNAM me casé con un pintor también oaxaqueño y él es maestro rural, me fui a vivir a Tenancingo, al Estado de México. En este periodo hice retrato y no pinté mucho, después de que me separo, me vengo a vivir aquí, al Estado de México, a Tultitlán. Empecé a hacer paisaje precisamente por la añoranza de esos paisajes que veía cuando estaba casada y que también son paisajes que me remontan a mi infancia.

PAISAJE Y NOSTALGIA

En mis paisajes hago mucho boceto a carbón pero en la mayoría me baso en fotografías. Me han encasillado en el óleo sobre tela, aunque me gusta mucho también el carboncillo, se me hace más suelto, me siento más libre y muy diferente al óleo que es una técnica más de espera, las transparencias tengo que esperar a que se asienten, el empaste… entonces es un proceso mucho más largo y el carboncillo es más espontáneo, más libre. Esos paisajes boceteados sí tienen mucho que ver con la infancia que he tenido, tal vez muy dolorosa. No es cualquier paisaje el que me atrapa, debe tener cierta hostilidad, y dentro de esa hostilidad, a la hora de que lo humanizo, lo vuelvo bello.

EL PAISAJE INTERIOR

El paisaje para mí es muy introspectivo, es como mi terapia. Sí hay ese dejo de soledad, de una ausencia de un padre que sí estuvo pero no en la forma que yo esperaba. Un padre que fue alcohólico, que hizo mucho daño a la familia pero que en particular conmigo fue muy lindo, siempre fue muy cariñoso pero fue más doloroso para mí ver que a la gente que yo quería la lastimara. Mi paisaje tiene muchos elementos simbólicos precisamente: la aridez, la hostilidad. Los cielos dicen mucho también. La esperanza… son muy pocos los cuadros con un cielo azul, normalmente son cielos totalmente obscuros, y siempre tienen una lucecita que es la esperanza. Cuando era niña, me acuerdo mucho… por eso es importante, siempre volteaba a ver al cielo y pensaba en Dios, decía “Es que dios no existe”, por lo que yo estaba viviendo y volteaba a ver las estrellas y decía “Es que dios no existe, ¿dónde estás? ¿Por qué no te veo?” Mi paisaje es realmente catártico.

EL VIÑEDO EN INVIERNO, EN EL ARTE DEL VINO

En este paisaje, precisamente, cuando vi los viñedos en Querétaro, intentaba buscar algo diferente, con más color, y encontré este paisaje árido como realmente a mí me encanta el paisaje, y digo “esto es lo que quería”. Es árido pero tiene muchos tonos rojos, me gustan los colores cálidos, los verdes realmente nunca me han atrapado. Lo estoy relacionando con la etapa que estoy viviendo con mi padre que está muy enfermo, siento que él está viviendo un karma. En mi corazón ya lo perdoné, porque a él le debo lo que soy, le debo la vida y el talento que tengo como artista porque mi padre es una persona muy talentosa, y ahora está agonizando. Creo que en cada obra voy perdonando a mi padre, y más perdonar a mi padre es perdonarme a mí porque a veces estaba lacerándome, sintiéndome culpable de lo que había hecho mi papá.

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