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Lunes , 18.06.2018 / 07:11 Hoy

El paisaje, medio para expresar emociones: Gerardo Monsiváis

El colaborador de El Mural del MILENIO presenta 90 piezas sobre el choque entre lo urbano y la naturaleza

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Raúl Campos

La más reciente exposición del artista plástico y músico experimental Gerardo Monsiváis, A orillas de la catástrofe, Pone en evidencia, a través de una serie de paisajes abordados desde una óptica contemporánea, el choque entre lo urbano y la naturaleza mediante atmósferas paranoicas y decadentes, donde el abandono, la basura, obras negras y los animales son los personajes principales ante la ausencia humana.

En entrevista con MILENIO, Monsiváis explica que las 90 pinturas exhibidas retratan algunas zonas que ha conocido, recorrido y vivido. Son el reflejo de un estado psicológico que es resultado de querer alejar el paisaje de la lectura inmediata que se brinda: como un espacio físico simplemente representado.

“Trato de que a través del trazo, del gesto, el color y del manejo del material, las pinturas tengan una carga afectiva y emotiva que rompa un poquito con un realismo duro. Es psicológico porque hay mucho sentimiento: trato de que la imagen sea impactante a primera vista y que sea misteriosa, que juegue con las percepción del espectador”, dijo.

La ausencia de figuras humanas tiene el propósito de resaltar que el paisaje plasmado es la consecuencia de su observación individual, en la que soledad de un individuo frente a un espacio representa un estado de crisis.

Añade que la presencia de animales se debe a que son los habitantes de la naturaleza y que no están relacionados con los humanos puesto que se contraponen a la construcción artificial del hombre, “y es como si fueran víctimas secundarias o daño colateral de su actividad”.

Asimismo, el colaborador de El Mural del MILENIO explica que aunque las pinturas aparentemente son percibidas como realistas, al acercarse a ellas es posible apreciar ciertos detalles en los que se observan rostros distorsionados y miradas tenebrosas, “y esa atmósfera es la que quiero que el espectador perciba: el estar solo en un bosque embrujado”.

“El paisaje es algo que me ha gustado mucho desde pequeño por los viajes que hacía con mi familia del DF a Coahuila. Disfruto el paisaje como un espacio que puedo recorrer en una especie de ensimismamiento en el que me puedo evadir de todo y observar nada más, pero no lo había puesto en práctica, quizás por considerarlo en un principio como un género muy tradicional y lo rezagaba. Pero cuando empecé a retomar el dibujo y el ejercicio del realismo, creo que fue cuando acepté que el paisaje era un medio interesante para expresar emociones e investigar recursos técnicos”, concluyó.

La exposición estará abierta hasta el 1 de noviembre en el Museo de la Ciudad de Querétaro, Vicente Guerrero 27, col. Centro, Querétaro.

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