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Jueves , 21.06.2018 / 14:15 Hoy

El país que fue

Artes visuales


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Miriam Mabel Martínez

La exposición Bob Schalkwijk. Un holandés en México, que se exhibe desde el 23 de noviembre en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, ofrece la oportunidad de conocer un archivo inédito. De este fotógrafo se conoce, sobre todo, su trabajo publicitario, su catálogo de los murales mexicanos y su mirada de la Sierra Tarahumara —la cual ha visitado en 17 ocasiones y en 2014 sintetizó en un libro—, lo que en esta muestra se exhiben son las impresiones de sus primeros 15 años en México.

La museografía no plantea un recorrido común. El espectador no contemplará fotografías en gran o mediano formato colgadas sobre las paredes acompañando a una curaduría ni respondiendo a un discurso relacional, pues se trata simplemente de entrar al archivo y explorarlo. De primer vistazo, parecería que se trasladó su estudio al museo; sin embargo, la propuesta es aún más sencilla: invitar a observar. Esta invitación no se limita a enfocarse en la mirada de este fotógrafo que llegó a México en 1959, sino que es un itinerario por la cotidianidad de un país que fue.

El visitante entra, literalmente, a un archivo de casi 300 fotos clasificadas en 24 series y ordenadas en archiveros diseñados ex profeso que emulan a los Rolodex, pero en este caso esas fichas son imágenes que nos llevan a viajar por México. Cada serie es una travesía por un destino geográfico y por un relato trazado desde el presente. De lo que se trata esta muestra es de las posibilidades y las diferentes formas de rearmar la memoria.

Al revisar manualmente las fotos tamaño postal, el visitante inicia un viaje en el que confluyen distintos tiempos e historias para construir un relato en el que la alteridad es un concepto que se va diluyendo. Porque la mirada de Schalkwijk no es antropológica, no busca la poesía, su composición trasciende la formalidad de los ángulos: capta el accidente, la anécdota.

Lejos, también, del periodismo, las imágenes de Bob evidencian su curiosidad, no solo captan “el momento”; su sentido de oportunidad persigue esas historias secundarias que él transforma en principales. Resulta una delicia visual descubrir a una mujer entre un mundo de sombrillas, o a un malabarista durante la construcción del Estadio Azteca o el desfile de mujeres juchitecas enfocadas como si caminaran sobre una pasarela o el tendedero infinito sobre el patio del hoy Museo Cuevas, que le roba la atención de la cúpula de la Iglesia de Santa Inés.

La experiencia de sentarse a hurgar nos reconecta con la fotografía, esa que fue.

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