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Lunes , 22.10.2018 / 23:05 Hoy

El padre o cómo huir de la escritura

A fuego lento

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¿Por qué Nunca más su nombre —con la que Joel Flores obtuvo el Premio Juan Rulfo en 2014— no tiene arrestos literarios? Porque se limita a consignar los hechos. Solo refiere, solo procura, siempre a trompicones, hacer el recuento de los sinsabores que un padre violento y alcohólico ha impuesto a su familia. Cuando no hay consideración alguna por el estilo, toda historia no pasa de ser una enumeración a la manera de la lista que nos acompaña en el supermercado.

Uno de los tres hijos de ese padre infame —al que le ha llegado la hora de la enfermedad y la debacle moral— conduce el argumento siguiendo el rastro de sus recuerdos, que se condensan en la mera formulación del odio, sin matices, sin claroscuros, sin abrirle la puerta a la ambigüedad. Leamos: “¿Dónde había estado papá?, ¿por qué nunca protegió a su sangre? ¿Qué le habíamos hecho nosotros para negarnos? Él era el culpable. No mi madre ni Jorge ni Sara. Mi padre que no nos quiso, mi padre que huyó, que solo nos daba noticias cuando la mierda estaba por sepultarlo. Mi padreculero y sorchodictador que hacía cagada todo lo que tocaba”. Y así nos vamos. Entre el presente del narrador —que resulta novelista después de un paso fallido por las mesas de redacción de un periódico de Zacatecas—, las visitas al pasado —la niñez indefensa, el sensibilidad exacerbada, casi blandengue— y la crónica de la violencia —cómo podía faltar— que nace de la complicidad entre narcotraficantes y autoridades políticas, Nunca más su nombre, insisto, no pasa de ser un encabalgamiento de rencores y desgracias. Leamos ahora este pasaje: “El viejo cogió la dentadura postiza que estaba en el codo del sillón, se la puso y se levantó. No cabía duda, los años habían sido duros. Las entradas de su frente eran más pronunciadas y las arrugas habían fisurado sus mejillas. No estaba gordo, ni delgado: seguía teniendo el corte de cabello al ras que hacía que su nariz y labios se notaran más pronunciados”. Sí: las entradas eran “pronunciadas” y su nariz y labios eran “pronunciados”. ¿Se entiende por qué Nunca más su nombre no tiene arrestos literarios?

Olvidar que una novela se erige sobre un acuerdo verbal puede dar como resultado un producto como el que Joel Flores ha echado a rodar. Una madre sufrida, una hermana consumida por el abuso sexual de su padrastro, un hermano responsable y un amigo en problemas no hacen una novela. Puestos de esa manera, sin escritura, dan apenas para un melodrama que tendría mejor vida en la pantalla de televisión.


Nunca más su nombre

Joel Flores

Ediciones Era

México, 2017

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