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Domingo , 21.10.2018 / 01:14 Hoy

El mejor amigo del cerdo

El mundo narrativo logrado por las locaciones y fotografía no solo hace estragos en los personajes sino que nos deja sedientos, con ganas de beber más buen cine mexicano.

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La película Levantamuertos maneja una premisa sencilla pero incómoda: las cosas en Mexicali van de mal en peor, la gente está enloqueciendo no solo por las hordas violentas que azotan la región, sino porque prevalece la carcajada negra, el chiste ácido, el amor masoquista y, para colmo, los hombres y las niñas se están convirtiendo en el mejor amigo del cerdo.

El caso de Iván es sui géneris: trabaja en el Semefo de levantamuertos y tiene que soportar las mofas de la gente que se cruza con él, pues se tapan la nariz haciendo aspavientos porque suponen que esos trabajadores huelen a podredumbre, por lo que no es de extrañar que Iván se emborrache con un cerdo y beban de la misma botella. A final de cuentas eso es mejor que estar muerto, pero eso sí, que a nadie se le ocurra convertir al lechoncito rosado y limpio, que parece muñeca Barbie, en un montón de carnitas.

La película está construida con acontecimientos bien ideados, urdidos, para que el golpe de efecto y el gancho surtan efecto; por ejemplo, la creencia de que Rosa ha muerto hace sentir que la historia va a cambiar de género, pues el comportamiento de Iván se vuelve obsesivo, culposo, y llegamos a sentir que está al borde de la locura. Pero, de repente, la urdimbre encaja y sucede, con ingeniosa verosimilitud, la vuelta de tuerca.

Rosa es mexicalense, un personaje bien definido por el autor desde el punto de vista de su sexualidad: es una mujer revolucionaria, somete a los hombres con una frescura de la que nos enamoramos, aunque tiene la mente cocida por el calor. Las actuaciones del grupo tienen fuerza: los actores están trabajados, se sienten auténticos y suman a la narración sin relleno; el mundo narrativo logrado por las locaciones y fotografía no solo hace estragos en los personajes sino que nos deja sedientos, con ganas de beber más buen cine mexicano. Por eso el humor negro combinado con la astringencia se dan un abrazo sólido, no importa que la temperatura alcance los 50 grados, porque la negrura y la realización los congela.

Brindo un sentido aplauso a la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Baja California por creer en el cine mexicano, por auspiciar una producción independiente que cuenta una historia sin pretensiones de mal gusto —el autor narra los acontecimientos con una sencillez que llama la atención—, por arriesgarse y por la confianza que brindó al autor.

La conclusión de Levantamuertos no tiene parangón: no tengas miedo de convertirte en el mejor amigo del cerdo, porque eso cambiará tu vida.

Levantamuertos” (México, 2013), dirigida por Miguel Núñez, con Daniel Galo y Sofía Félix.

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