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Lunes , 16.07.2018 / 13:17 Hoy

El Jerez de María Dueñas

La escritora recorre con paso firme las empedradas calles de Jerez de la Frontera, a donde la acompañamos para visitar algunos de los escenarios de su nuevo libro.

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Carlos Rubio Rosell

María Dueñas define su nueva novela como una trama donde se mezclan, junto a la plata y el vino, el riesgo, la fortuna, el amor y la templanza, en una narración en la cual la autora de El tiempo entre costuras recorre escenarios del México, la Cuba y la España de la segunda mitad del XIX para contar una historia de glorias y derrotas en la que el destino de sus personajes se verá siempre alterado por la fuerza de las pasiones.

La Templanza (Planeta) es el nombre de la finca que proporcionará fortuna a Mauro Larrea, el personaje principal, que es a la vez una metáfora de aquellas personas que son capaces de volverse a levantar.

María Dueñas (Ciudad Real, 1964) recorre con paso firme las empedradas calles de Jerez de la Frontera, a donde la acompañamos para visitar algunos de los escenarios de su nuevo libro, mientras señala los edificios decimonónicos que sobreviven en la actual ciudad y que sirvieron de inspiración a su novela, donde se mezclan influencias musulmanas, judías y cristianas y que el comercio de vinos con Inglaterra en aquella época convirtió en enclave cosmopolita y legendario.

Una brisa templada proveniente de la Bahía de Cádiz que recorre esta tierra andaluza todo el año agita el largo cabello castaño de María Dueñas, quien se detiene en la Plaza de la Asunción, un espacio coronado por una iglesia de estilo mudéjar del siglo XV que condensa toda la historia de la ciudad. Ahí, nos explica que el título de La Templanza juega con un doble sentido. "Es verdad que si bien se trata del nombre de la viña de Larrea, también es lo que a él le hace falta, porque no es un hombre templado y la necesita para enfrentar su destino, y cuando menos lo sospecha llega a su vida para hacerlo más introspectivo y reflexivo", dice.

En ese sentido, La Templanza es el reflejo de una transformación moral. "No quiero ser moralista, pero en el fondo hay una lectura de los personajes a partir de que se les trastocan sus valores y objetivos finales, con lo cual más allá de las aventuras y peripecias sí que hay una mudanza moral dentro de ellos".

Dueñas nos conduce ahora a una gran bodega en el casco histórico de Jerez, donde se apilan a la sombra sobre el albero cientos de enormes "botas" –como llaman aquí a los toneles y barriles– de oloroso vino. Ahí nos cuenta que la elección de México, donde arranca su novela, se debe en primer lugar a una cuestión histórica. "Yo empecé a investigar todo lo relacionado con el vino de Jerez y su comercio en el siglo XIX, que es el momento de ebullición de todo ese universo, y en ese trabajo de documentación descubrí que en toda esta zona andaluza en aquella época hubo varios bodegueros que montaron sus negocios en lo que entonces se llamaba 'capitales de retorno', gente española que se había ido a América, donde había hecho fortuna y volvía a la madre patria con esos dineros a invertirlos en empresas como ésta. Entre ellos había un puñado de esos bodegueros que habían hecho su dinero en la minería de la plata mexicana, por lo que decidí retomar a uno de ellos para mi novela".

Ese hombre es Larrea, quien está haciendo fortuna en México cuando el destino le juega una mala pasada, lo que permite a Dueñas dar una vuelta de tuerca en la trama de su historia, pues resulta que el personaje tiene que volver a España no con la fortuna de los típicos indianos, sino arruinado, porque una serie de circunstancias históricas –la guerra civil estadounidense y las guerras internas mexicanas entre liberales y conservadores– lo llevan a la debacle económica.

Pero además de México y España, hay un tercer escenario que recorre La Templanza: Cuba. Dueñas confiesa que su elección se debe más bien a un capricho suyo, pero también a que en aquellos años, cuando casi todas las antiguas colonias se habían independizado de España, "Cuba siguió siendo el último eslabón del imperio español que ya estaba decrépito. Y entonces había muchos españoles yendo a Cuba a probar fortuna".

Elegir a un hombre como personaje central de esta novela no fue fácil, ya que en El tiempo entre costuras, los personajes masculinos eran "de muy bajo perfil" y las mujeres "son mucho más poderosas".

La Templanza, precisa la escritora, tiene una lectura actual en cuanto habla de la necesidad de salir de un país para buscar fortuna en momentos de crisis. Dueñas considera que "es una pena que alguien tenga que salir de su lugar de origen por falta de posibilidades. Pero por otro lado cada experiencia individual es muy constructiva, y ojalá todos pudieran tener la oportunidad de volver con un aprendizaje como el que experimenta Mauro, porque de todas esas aventuras personales se aprende muchísimo. Lo que es una pena es salir como lo hace él: con un hijo agarrado a una pierna, con otro en brazos, con un bulto con la poca ropa que tiene, y embarcarse en un viaje de sesenta días cruzando el Atlántico sin saber qué le va a deparar la fortuna. Pero ésa es un poco la historia de la humanidad entera: el movimiento, el reconstruirse, el adquirir nuevas identidades".

Para cerrar el recorrido, Dueñas nos lleva a los grandes salones del Palacio de Villavicencio, en el Alcázar de Jerez, entre cuyos arcos de estilo almohade nos desvela su manera de trabajar y relata que en sus tres novelas siempre ha empezado por los escenarios geográficos con una ambientación histórica: en El tiempo entre costuras, el Marruecos del protectorado español; en Misión Olvido, las misiones franciscanas en California; y en La Templanza, la ciudad de Jerez de la Frontera, sus vinos y su comercio con el mundo, en especial con Inglaterra. "Me documento, busco libros, visito lugares, hago fotos, hablo con gente. Pero más que los datos y los hechos históricos, a mí me interesa saber lo sensorial, qué comían, cómo olían, cómo era la vida de las calles, las atmósferas del momento, cómo vestían, cómo eran las casas".

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