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Martes , 17.07.2018 / 12:45 Hoy

El Issste implanta dispositivo que controla la incontinencia

Es la primera vez que se coloca en México un neuromodulador con el que los afectados pueden controlar el problema fecal y urinario para no usar pañales.

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Blanca Valadez

En México se logró por primera vez implantar con éxito un neuromodulador con raíces sacras, dispositivo para controlar la incontinencia fecal y urinaria de adultos que se ven obligados a usar cómodos en caso de salir de casa o pañales y alejarse de actividades públicas, familiares y laborales ante el riesgo de filtraciones involuntarias.

Rosa María Armendáriz Nava, de 62 años, se convirtió en la primera a la que se implantó dicho dispositivo vía anal por parte de un equipo multidisciplinario de 10 especialistas del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, del Issste.

El padecimiento, de acuerdo con Cortés Fuentes, afecta hasta a 30 por ciento de los mayores de 50 años y resulta “más común” de lo que las personas piensan, además de que también se reportan casos en jóvenes.

Dolor por 24 años

En solo dos horas, el equipo liderado por Edna Cortés Fuentes, encargada del área de Urología, Ginecológica y Disfunción del Piso Pélvico en ese centro de alta especialidad, logró revertir el problema que causó dolor por 24 años a la paciente, quien relató que por años ocultó su padecimiento en espera de que algún médico diera con el diagnóstico y tratamiento adecuado.

“El camino fue largo. Me decían que era la vejiga que se había caído, incluso me sometí a tres intervenciones que fracasaron. Seguía teniendo problemas de control fecal por lo que mi mayor preocupación se centraba en localizar un sanitario al lugar que fuera y, debido a que el padecimiento se agravó, me hacía literalmente, llegue a cargar un cómodo a todos lados”, recordó.

Armendáriz se negaba a salir con sus tres hijos, incluso, llegó al extremo de plantear el divorcio a su esposo, con el que lleva 44 años de casada. Los síntomas de la incontinencia fecal eran evidentes ya que suele acompañarse de gases, infecciones, manchas prominentes en ropa por evacuaciones inesperadas, depresión y ansiedad.

La paciente, que estuvo despierta durante el procedimiento, relató: “Mi vida se volvió pequeña, nunca estaba tranquila. Era impensable hacer viajes largos, no convivía con mis hijos y, por supuesto, tampoco con vecinos ni amigos. Vivía encerrada en mi casa”.

Hace cinco años le dijeron que su vejiga estaba bien y que las cirugías —una de las cuales causó severas complicaciones infecciosas—, así como las rehabilitaciones y tratamientos otorgados, resultaron inútiles.

Fue hasta que Armendáriz llegó con la uróloga Cortés Fuentes cuando se abrió la posibilidad de que le implantaran el dispositivo.

El artefacto

“El neuroestimulador sacro tiene la función de volver a restablecer de manera inmediata la función urinaria y fecal de una mujer o de un hombre, dado a que el problema afecta a ambos sexos por igual”, detalló la uróloga.

“La forma en la que actúa es colocando en el ano un electrodo con un cable fino que manda impulsos nervioso hacia las raíces que controlan las incontinencia urinaria y fecal. Esos impulsos propician que la vejiga y el intestino funcionen correctamente”, abundó.

Con el implante, cuando la paciente tenga ganas de defecar contará con el control que le dé la posibilidad de trasladarse al baño y dejará de tener expulsiones involuntarias, gases, infecciones, irritaciones cutáneas y dolor intenso.

El procedimiento de mínima invasión y que solo requiere de anestesia local, se divide en dos fases: en la primera se coloca el electrodo, que se insertó mediante una guía en los nervios sacros.

El dispositivo es pequeño y tiene raíces, que son las que mandan las estimulaciones. Además, se le colocó bajo la piel el neuromodulador, parecido a un marcapasos, que permite ajustar la frecuencia e intensidad de los impulsos eléctricos.

“Para el Issste este procedimiento es un avance esencial en la medicina en México, dado que la incontinencia es muy frecuente; se puede dar por un manejo inadecuado del parto, por traumatismos en la columna y por cursar con alguna enfermedad degenerativa que afecta los nervios sacros que controlan la vejiga y el intestino”, comentó la especialista.

Lo esencial, opinó, es que hay ya una alternativa de recuperar la calidad de vida, de salir y hacer actividades comunes con el dispositivo, cuyo costo en el instituto, por cuestiones de subrogación, superó los 300 mil pesos.

Lamentablemente, concluyó la especialista, en la población afectada este padecimiento suele ser mal diagnosticado y mal abordado por falta de pericia médica.

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