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Miércoles , 15.08.2018 / 04:28 Hoy

El fascismo está resurgiendo, afirma John P. Davidson

Luego de 10 años, el escritor reconstruye en 'El asesino obediente' la intriga que condujo a Ramón Marcader a asesinar al líder revolucionario ruso León Trotsky 

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Al John P. Davidson le tomó 10 años escribir sobre la muerte de León Trotsky. El premiado periodista nacido en Texas tenía el objetivo reconstruir el crimen contra el revolucionario ruso afincado en México, pero esa ruta se modificó cuando profundizó en el carácter y la personalidad de Ramón Mercader, un joven que resultó más efectivo que Siqueiros a la hora de cometer el crimen y que se convirtió en el protagonista del libro.

De origen español, Mercader era un hombre camaleónico, capaz de cambiar de personalidad y de nombre cuantas veces fuera necesario con tal de cumplir con el cometido de matar a quien era considerado, por Stalin y sus seguidores, un enemigo del comunismo. En El asesino obediente (Plaza & Janés), el escritor estadunidense lo exhibe como un individuo divido por la influencia de dos mujeres: su madre Caridad, quien lo llevó a involucrarse en el asesinato del revolucionario, y Sylvia, una joven trotskista que pondrá contra las cuerdas su ideología.

¿Por qué decidió contar la historia en tono de intriga?

Quería un libro donde el lector encontrara conocimiento pero también diversión. La intriga me sirvió para guiar la acción. Además, al ser una historia en la cual hay crimen y romance, me parecía natural contarla de esta manera.

¿Por qué hacer de Ramón Mercader el protagonista?

Al principio no sabía que Ramón Mercader se convertiría en el protagonista. Al comenzar a escribir descubrí la existencia de una enorme cantidad de información sobre el contexto y no quería entorpecer el ritmo de la narración explicando la historia. Me interesaba contar lo que sucedía al interior de la casa de Trotsky, pero me encontré con que entonces él estaba escribiendo un libro, lo que restringía su movilidad. En paralelo supuso un hallazgo: enterarme que la misión de su muerte realmente empezó en España, cuando Caridad convenció a Ramón de implicarse, a pesar de que su hijo no era una persona interesada en la política. Ahí encontré un hilo para contar acerca de su formación educativa y política. Me encontré a un hombre con una enorme capacidad de reinvención, todo el tiempo cambiaba de profesión e identidad.

Da un importante peso a Caridad, la madre de Ramón Mercader.

Sí, porque ella era importante en el Partido Comunista y en la operación misma. Entre ellos existía una conexión muy fuerte. De pequeño Mercader estuvo al borde de la muerte y ella salvó su vida; después, mientras vivieron en Francia, su madre padeció una crisis que casi la lleva al suicidio y él la ayudó a salir adelante.

Usted narra que si bien en principio, él estaba convencido del daño que producía Trotsky al comunismo, su relación con Sylvia lo lleva a replantearse su ideología.

Al principio aceptaba todo lo que le decían sobre Trotsky, y Sylvia solo era una puerta de acceso al círculo del revolucionario. Pero cuando Frida llegó a París, Mercader descubrió que Sylvia ya no era necesaria, con acercarse a la pintora era suficiente; sin embargo, para entonces ya era demasiado tarde porque estaba enamorado y, es verdad, ella lo lleva a replantearse sus opiniones acerca del ruso.

En autores como usted o Leonardo Padura la figura de Trotsky sigue despertando interés. ¿Qué claves del presente encuentran en este personaje?

Mientras escribía mi libro no sabía de la existencia de El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Nuestras novelas tienen diferentes enfoques. Recuerdo que cuando empecé a trabajar mis amigos mexicanos me cuestionaron sobre mi interés por Trotsky, pues consideraban que ya estaba todo dicho. En cambio, en Estados Unidos, hay muchas lagunas sobre su historia. Cuando empecé a investigar ya había terminado la Guerra Fría y la administración de Bush construía su muro de mentiras sobre Medio Oriente. Relacioné la propaganda de esa época con el impacto que los discursos antitrotskistas tenían sobre Mercader. Yo mismo en mi juventud crecí creyendo que todos los rusos y comunistas eran malvados.

Parece que esa idea regresa.

Sí, eso le da otra dimensión al libro. Sin embargo, encuentro otro punto de relevancia. Tanto Trotsky como Mercader llegan a México como refugiados, en aquella época era un país que recibía muchos exiliados. Es algo similar a lo que hoy sucede en Europa con los sirios. Como entonces, ahora el mundo está muy dividido, lo vemos con Donald Trump o con el brexit en Reino Unido el fascismo está resurgiendo.

Aunque ahora no hay ningún personaje equivalente a Trotsky.

Es verdad, no lo había pensado. Sería un buen ejercicio cuestionarnos al respecto. Quizá Al Gore, pero tampoco se le parece tanto.

Durante esos años México ejercía cierta fascinación. Coincidieron gente tan diferente como Trotsky, Malcolm Lowry o B. Traven. ¿Por qué?

México era un lugar paradisiaco; inspirador para los artistas. Tuvo especial impacto entre los surrealistas, quienes simpatizaron con el comunismo hasta que Stalin decretó que el arte tendría que ser representativo y realista. En México veían un sitio donde la esperanza revolucionaria les hacía pensar que era un mejor lugar.

¿Esta esperanza a la que se refiere aumentó proporcionalmente a la decepción generada por el estalinismo?

Es probable, aunque entonces mucha gente no sabía lo que sucedía en Rusia. No obstante, sí creo que la fascinación de la Revolución Mexicana alcanzó a muchos artistas.

Su interpretación de la historia concede singular importancia a las relaciones maritales.

Los hechos así lo marcan. Cuando Diego Rivera se entera de la relación entre Trotsky y Frida Kahlo, rompe relación con el ruso a pesar de que al principio lo había protegido. Nunca le volvió a hablar, ese no fue un hecho menor porque lo dejó expuesto. Una vez que terminó su aventura con Trotsky, Frida se fue a Francia, donde supongo tuvo un romance fugaz con Mercader. Por otro lado, Sylvia fue el pasaporte de Ramón Mercader para acceder a Trotsky, al conocer a tantos de sus simpatizantes comenzó a dudar sobre si el revolucionario era realmente era una amenaza. Usted dígame si las relaciones maritales no son importantes.

¿Qué sobrevive del pensamiento de Trotsky?

Trotsky supo ver que los líderes de su país estaban concentrando demasiado poder y vio venir que el comunismo no sería democrático. Se convirtió en la voz más razonable de esta ideología y trató de mantener viva la idea de una utopía. No obstante, creo que era más marxista que comunista.

Ahora el marxismo parece tomar un nuevo aire…

Al menos en Estados Unidos es verdad que los jóvenes lo están retomando. Hay que considerar que los países del norte de Europa son socialistas y sus economías funcionan bastante bien. Creo que obedece también al anti-intelectualismo posterior a la era de Ronald Reagan y George Bush.

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