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Sábado , 26.05.2018 / 07:50 Hoy

El enigma de “lo contemporáneo”

Danza


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Argelia Guerrero

Del 29 de julio al 14 de agosto se realizará la primera edición del Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Ciudad de México que contará con la participación de coreógrafos y compañías de Austria, Siria, Israel, Venezuela, Escocia, Japón, España y Estados Unidos. A ellas se sumarán coreógrafos nacionales como Óscar Ruvalcaba, Alejandra Pereda, y las compañías La Manga, Convexus Ballet, Proyecto Finisterra, entre otros.

Esta primera edición del festival establece una oportunidad para pensar y reflexionar sobre la danza contemporánea nacional e internacional. Cuáles son sus definiciones, estilos, intenciones discursivas, y cuál el éxito comunicativo con el público.

En entregas pasadas me referí a la crisis por la que atraviesa la danza contemporánea mexicana, principalmente en lo que respecta a la conexión con el público pues, a juzgar por los hechos, se trata de un estilo distante del interés general, en contraste con el repunte que la danza clásica y neoclásica han experimentado en los últimos años. Esta situación se relaciona con la educación artística pobre y el casi nulo acercamiento de la población a la danza en general; pero sin duda también involucra a los creadores y ejecutantes de danza para pensar y reflexionar sobre su quehacer artístico, y el diálogo que desea establecer con la audiencia.

Definir en México la danza contemporánea supone un asunto nebuloso. Hay poca asertividad incluso entre quienes se asumen o adscriben a este estilo. Muchos en el gremio definen a sus ejecutantes como aquellos que no alcanzan la pulcritud técnica o el virtuosismo físico que requiere el ballet clásico, y ante tal deficiencia se asumen como de estilo “contemporáneo”. No bromeo, es una idea común entre bailarines que, más allá de la marginalidad a la que lleva, supone una definición no formal, pero asumida como paradigma del ser y quehacer de la danza contemporánea y la empobrece.

Es complicado no ejercer un comparativo entre las compañías nacionales y la visita de algún grupo extranjero pues la diferenciación no solo se establece en términos de ejecución y limpieza técnica, sino, sobre todo, en la claridad de las ideas y en la riqueza de los lenguajes corporales para expresarlas. La danza nacional tiene poco de ello y esta carencia mucho tiene que ver con el distanciamiento del público que generalmente no entiende lo que ve, no se identifica con las temáticas y se siente poco o nada interpelado por los artistas.

Es urgente que la danza contemporánea en México se detenga a pensar la riqueza del pasado, pero sobre todo a mirarse en el presente: qué hace, qué dice, cómo se comunica y cuál es su artificio del cuerpo, del movimiento, la música y el espacio para expresarse.

Este primer festival representa una oportunidad para mirar el trabajo de coreógrafos en el país y fuera de él, y los distintos modos de definir el universo que rodea a cada uno.

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