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El día de ayer: La FIL como una ciudad

Durante diez días, la Expo Guadalajara se convierte en lo que parece ser una ciudad de libros, donde escritores, editores, periodistas y lectores conviven en la FIL 2017.

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Dicen que Roma no se hizo en un día. Tampoco la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que en esta edición cumple 31 años de vida —tiempo durante el cual se ha consolidado como la más importante de Iberoamérica—, pero lo que sí parece hacerse en apenas 24 horas es el montaje dentro de la Expo Guadalajara.

Cada año se quitan y se ponen esos ladrillos de libros, esas paredes recubiertas por enormes fotografías de escritores y escritoras, los stands con sus novedades, los salones de presentaciones y las áreas de conferencias, el Foro FIL, los restaurantes. Es como construir una ciudad cada 12 meses que, después de diez días, es derruida como si Atila, El azote de Dios, pasara con todo y sus tropas para acabar con esa villa poblada por tantas historias de amor, cordialidad, amistad y también dramatismo, cansancio, estrés.

Así, como la vida misma, este Pueblito FIL se edifica de nuevo cada año con asombrosas leyendas que se conforman durante casi 200 horas de cobijo para los peregrinos adoradores de los libros, quienes se convierten en pobladores de esta ciudad magnífica.

El viernes por la noche, antes de la apertura al público en general, la feria ya tiene vida. Dentro del recinto, las numerosas editoriales construyen sus fastuosos palacios o sus delicadas chozas (al igual que en las sociedades de todos los tiempos, aquí también existe la desigualdad), en donde se exhibirán los orgullos de cada familia o el acta de nacimiento de sus nuevos vástagos.

Hay carpinteros, pintores, electricistas, yendo y viniendo, acomodando cosas aquí y allá, resolviendo los típicos bomberazos de última hora. Está el personal de cada stand, los jefes de prensa, algunos periodistas, todos intentando estructurar el futuro, sabiendo sin recordarlo que el mañana, aquí, siempre se modifica, se va transformando porque todo, absolutamente todo, puede pasar. No hay nada seguro: los autores llegan a cancelar sus entrevistas, los periodistas pueden no acudir a las citas, quizá salga la oportunidad inesperada de asistir a una comida, se retrase el vuelo de una estrellita editorial y así un sinfín de posibilidades. Sin embargo, tener algo montado o agendado, a pesar de la incertidumbre tradicional, te da una suerte de seguridad que se transforma en pasaporte para habitar con dignidad el Pueblito FIL.

La otra feria

De las dos propuestas musicales que inauguran cada año el Foro FIL, una de ellas tiene el privilegio de hacer su prueba de sonido un día antes, es decir, el viernes. Por eso, desde ayer para mí (antier para ustedes), las tradicionales luces moradas con forma redonda del lugar se encendieron, comenzaron a bailar, a sugerir, a prometer aquello que ofrecerán en breve. Anoche el turno fue para Vetusta Morla, agrupación madrileña con una propuesta musical que reúne, por mucho, las características necesarias para que tengamos un gran viaje durante el concierto de apertura.

Para ellos no había demasiada prisa. Se sentaron tranquilamente en el camerino para hacer un Facebook Live con sencillez, conversando y riendo como si nada. Afuera, en el escenario, la maquinaria de esta ciudad, con sus obreros sonoros, se movía con exactitud. Montar un escenario tampoco es fácil, pero ahí estaban, españoles y mexicanos, trabajando "manito con manito" para encontrar el acomodo perfecto, la construcción ideal de la consola de audio, el patrón favorito de luces.

Y no podemos olvidar a la ciudad dentro de la cual está el Pueblito FIL: Guadalajara, que se prepara para cada año poder complacer a estos conquistadores que aparecen en sus calles con libros bajo el brazo (por placer o mero sobaqueo), demandando desde un taxi hasta el paso en las avenidas, llenando restaurantes, bebiéndose litros y litros de alcohol, gritando o riendo por la emoción de haber llegado a un año filiano más con vida.

La noche de ayer, un taxista me dijo que comenzaba el tráfico, las peloteras en la calle, el abundante trabajo nocturno, pero con ello una buena derrama económica, por lo que valía la pena adoptar a los migrantes bajo el lema de "sí, que vengan para acá".

En mi hoy están comenzando las comidas, los encuentros en la calle de todos aquellos que ves tan solo una vez al año, los abrazos apretados, las manos que se levantan para saludar a alguien entre la naciente multitud. Aquí, en la Disneylandia de los adoradores de la literatura, quienes se comienzan a relamer los labios lo mismo por Paul Auster que por algún booktuber de moda y novedá.

Este Pueblito FIL es como debería ser el erotismo conyugal: pareciera que cada año es lo mismo, pero ya les digo que no. Si el habitante habitual lo desea, si lo busca, puede hallar el asombro a cada paso. Puede excitarse con lo viejo y lo nuevo, regocijarse con ese olor a libros tan conocido pero tan atrayente siempre.

Los años seguirán pasando y la única certeza que tendremos es que volveremos. Regresaremos cada edición para ayudar a conformar esta ciudad de papel tan efímera, intensa e inolvidable.

¡Que comience la aventura!



RSE

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