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Sábado , 26.05.2018 / 09:08 Hoy

"El Camino del Guaje" se detiene en el Chalet Gorosave

Irma Hernández presentó esta exposición en la Feria de las Culturas del Nazas, donde resalta la temática de flores sobre fondos de colores contrastantes que ofrecen una vista de calma y belleza.

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Cecilia Rojas

De la familia de las lagenarias y las cucurbitáceas, el guaje es una planta trepadora. Se puede comer el fruto cuando está tierno. Pero por miles de años, en México se ha utilizado como un excelente recipiente para guardar agua, para comer o almacenar alimentos.

En cuanto está seco, se puede convertir en lienzo perfecto por su superficie suave y las formas caprichosas que toma cada fruto en particular.

Irma Hernández presentó la noche de este jueves la exposición "El Camino del Guaje", en el Chalet Gorosave de Lerdo, en el marco de la Segunda Feria de las Culturas del Nazas, promovida por la Unidad de Culturas Populares de La Laguna, e instancias culturales que abarcan comunidades de Coahuila y Durango, lugares por donde el río Nazas, ese afluente que nos ha marcado como sociedad, pasa, o pasó, pero sigue presente.[OBJECT]

Bajo el uso de técnicas diversas, como el acrílico, Irma transforma cada guaje que toma en sus manos en algo digno de ser visto.

La temática de flores sobre fondos de colores contrastantes es una de las que ofrecen una vista de calma y belleza.

Incursiona en el arte objeto con un tendedero de guajes intervenidos con redes tejidas. Otros tienen cortes y aberturas en sus costados, en las orillas, arriba, que permiten introducir en ellos más objetos decorativos.

Estos los adorna con semillas de diversas plantas, mecates, vainas, y desde luego con trazos pictóricos.

Al interior de ellos, cada fruto muerto cobra vida desde afuera. Las formas del guaje permiten también de forma ideal, que se puedan pintar en ellos rostros.

Irma viste a estos guajes con trozos de tela y perlas de plástico rojo. Las variaciones son infinitas.

Tal como se muestra en un guaje de pescuezo torcido, que asemeja en forma una ave. Tiene un pico y plumas de colores adornan su figura, junto a un enorme ojo azul eléctrico que parece mirarnos desde otro lugar.

En esta exposición también se brinda espacio para las máscaras, tan antiguas como la humanidad y tan diversas.

La exposición incluye fotos, algunas que muestran el proceso que Irma Hernández sigue para desarrollar su imaginación en cada uno de estos objetos, que de ser algo tan sencillo, se transfiguran en interpretaciones rotundas de la vida.






dcr

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