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Miércoles , 15.08.2018 / 10:43 Hoy

El buscador: De todos modos Juan te llamas

Parece que se ha dicho todo sobre Juan Rulfo, pero su obra, como todas las que se consideran clásicos, necesita probarse una y otra vez, dice Alberto Chimal previo al homenaje al escritor en la FIL.

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¿Qué se puede decir de Juan Rulfo que no se haya dicho ya?

Ésta es una pregunta que he escuchado muchas veces a lo largo de este año, en el que se conmemoró el centenario del escritor: el más celebrado y traducido de todos los nacidos en México, y tal vez el más importante, con muy pocas posibles excepciones.

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Como tiene semejante estatura; como una parte enorme de la población mexicana lo conoce aunque sea como referencia escolar o mediática; como lo estudian en todo el mundo, además, desde ángulos incontables, podría parecer que realmente lo hemos agotado, que no es posible agregar nada a su reputación enorme o sus posibilidades de lectura. Nos quedaría repetir las razones ya establecidas de su veneración y buscar en los textos la confirmación de lo ya descubierto. Cuando mucho, podríamos agregar notas al pie: recontar, por ejemplo, las polémicas recientes de la Fundación Juan Rulfo, encargada de custodiar su herencia, o añadir idiomas a su lista de traducciones. (Este año apareció una al náhuatl de Pedro Páramo. De paso agrego que debería haber otras, a más lenguas originarias de México, y también versiones de otros grandes libros.)

Sin embargo, hay tres hechos importantes que se deben señalar. Uno, casi nadie podría enterarse de todo lo dicho ya acerca de Rulfo. Dos, la obra del escritor, como todas las que se consideran clásicos, necesita probarse una y otra vez: enfrentarse con nuevos lectores en vez de darse únicamente por sabida. Y tres, el mundo cambia, nosotros con él, y la otra medida de las obras clásicas es su capacidad para seguir diciéndonos cosas: para revelarnos aspectos nuevos de nuestra propia experiencia que no se les ocurrieron a sus lectores iniciales, quienes muchas veces son los que establecen las interpretaciones de los grandes textos.

Puede, y debe, haber más cosas por decir sobre Juan Rulfo. Así parecen creerlo autores como Cristina Rivera Garza, quien a comienzos de este año publicó Había mucha neblina o humo o no sé qué, visión sumamente original del autor y su obra. Y así lo creen también, estoy seguro, Fernando del Paso, Élmer Mendoza y Rosa Beltrán, quienes participarán en el homenaje imprescindible a Juan Rulfo de la FIL en este año. El evento se llamará "De todos modos Juan te llamas", recordando la película de la cineasta mexicana Marcela Fernández Violante sobre la guerra cristera. La cita es este viernes 1 de diciembre, a las 19:30 horas, en el Auditorio Juan Rulfo (por supuesto) de la FIL.

PARA BUSCAR EN LA FIL

Hay incontables textos que juegan con algunos de los grandes temas de Juan Rulfo, que son también, en buena medida, importantes para la cultura mexicana en general. Uno de los más hermosos y extraños es un libro de Pablo Soler Frost, Vampiros aztecas, publicado por Taller Ditoria: un relato alucinante sobre un lugar en que se tocan la vida y la muerte, la violencia y la tradición, los mitos ancestrales de esta región del mundo y otros que vienen de fuera. Si lo encuentran, me avisan.


RSE

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