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El buscador: Celebración del adversario

Alberto Chimal comenta el fenómeno Carrère, un escritor que ha convertido su literatura en algo estrictamente encuadrado por el propio ser.

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Todos los grandes premios literarios internacionales causan el mismo fenómeno curioso: un grupo de personas que jamás han leído al autor o autora premiados se pone a presumir que lo conoce, es decir, a mentir por esnobismo; un segundo grupo hace escarnio del primero (de preferencia en Facebook), y un tercer grupo se burla de los dos anteriores. Y en el intercambio se pierden muchas oportunidades de comentar y conocer realmente la obra en cuestión, que debería ser de las ventajas más abundantes de los premios literarios para nosotros, los lectores.

Que esto no pase ahora (o no pase tanto) con la obra de Emmanuel Carrère (París, 1957), el más reciente ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

La obra de Carrère, periodista y cineasta además de escritor, tiene dos etapas claramente marcadas. La primera, dedicada principalmente a la ficción, le dio varios premios en su país. Sin embargo, el verdadero despegue internacional de su carrera tiene lugar a partir de El adversario (1999, publicada en español en 2000), que rompe con la ficción al relatar un célebre caso criminal y, al mismo tiempo, el envolvimiento del propio escritor en el caso.

Jean-Claude Romand, médico francés, causó conmoción en Francia al asesinar, en un solo día, a sus padres, sus hijos y su esposa; pero la conmoción fue todavía mayor cuando se supo que Romand no era médico: que en realidad nunca había completado los estudios y se había pasado la vida estafando y mintiendo desde los 18 años en un acto de engaño tan prolongado que parecía imposible. Carrère entrevistó a Romand, condenado a cadena perpetua, y El adversario es la historia de los dos: tanto el hombre llevado al crimen por la vergüenza como el testigo de los sucesos, él mismo sacudido por el absurdo de la violencia y la manipulación de la verdad.

Actualmente Carrère es un representante destacado de la tendencia actual que unas veces es llamada no ficción, y otras (quizá más exactamente) autoficción: la narración que atraviesa en los hechos reales que cuenta la perspectiva del autor, el yo subjetivo que, sin invención, se pregunta por su propia vida y su relación con los hechos. De Karl Ove Knausgård a Laurent Binet (o entre nosotros de Cristina Rivera Garza y Margo Glantz a Julián Herbert), numerosos autores contemporáneos van al parejo de Carrère en el rechazo de la ficción y su búsqueda de una literatura estrictamente encuadrada por el propio ser: un síntoma o una indagación de la obsesión por nosotros mismos —de cada uno por sí mismo— en la era de la selfie. Y esta es la oportunidad de conocer los otros grandes títulos del propio Carrère, como Una novela rusa, Límonov o El Reino.

Para buscar en la FIL

Una interesante rareza de Emmanuel Carrère es un libro de su etapa inicial: una biografía. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (1993), que cuenta la vida del escritor visionario Philip K. Dick. Si la encuentran, me avisan


ASS

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