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El Ballet de Amalia, orgullo nacional del Cervantino

Más de cinco mil personas se reunieron a las afueras de la Alhóndiga de Granaditas para presenciar uno de los ballets más famosos de México: el Ballet de Amalia Hernández. 

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El Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández provocó que la explanada de la Alhóndiga de Granaditas hirviera con entusiasmo ciento por ciento nacionalista, en el marco del 44 Festival Internacional Cervantino (FIC), al dar anoche una presentación extraordinaria, celebratoria por sus 63 años de vida artística.

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Cinco mil personas dentro del espacio acotado para el FIC, y mil más afuera. Guanajuato quería ser testigo de esa función, a sabiendas que ese ballet está reservado de unos años a la fecha para el turismo llegado desde más allá de las fronteras del país.

Ahí estuvieron el colorido de los vestuarios, las coreografías dinámicas y la música que enchina la piel.

Una introducción larga, seguida de la danza de los Matachines, y una amalgama de sones de Michoacán, abrieron el espectáculo que desde el primer momento captó la atención del público variopinto que desde cinco horas antes ya hacía fila para alcanzar un buen sitio en la explanada que, por primera vez, desde que inició esta edición del FIC, llenó su aforo.

Música en vivo y grabada, de mariachi, jarocha y coros, fue el acompañamiento para el ballet, embajador de México ante el mundo si de bailes tradicionales se trata. Vino luego una tarima de Tixtla y una amalgama de temas, con coro, que remitió a la época mítica de la Revolución Mexicana. Una charreada, con riata y charro, cerró ese segmento.

Fundado en 1952 con apenas ocho integrantes, el Ballet Folklórico de Amalia Hernández es una compañía que durante más de 60 años de labor ininterrumpida ha llevado la danza folclórica nacional a todo el mundo.

Su calidad le ha otorgado un lugar permanente en foros como el Palacio de Bellas Artes y eventos a los que asisten reyes, presidentes y ministros.

El danzón “Nereidas” puso cadencia al programa. En el escenario se fraguó la fiesta de Tlacotalpan y de ahí artistas y público se trasladaron musicalmente hasta Chiapas.

Como número siguiente, la “Danza del Venado”, un ritual que practican ancestralmente los grupos indígenas yaquis y mayos, permanentes tanto en Sonora como en Sinaloa.

Cabe recordar que tras el fallecimiento de su fundadora, la agrupación ha mantenido el prestigio de ballet emblemático del folclor mexicano, reconocido con el premio obtenido en 1961 en el Festival de las Naciones Unidas, y que lo acreditó como el mejor grupo dancístico del mundo; en 1992 ganó el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México.

En esta ocasión, España y Jalisco son país y estado invitados de honor, respectivamente, y por esa razón o por simple casualidad, el ballet programó “Fiesta en Jalisco”, que animó aún más al público que por momentos fue capaz de poner en severo jaque al personal de seguridad y de Protección Civil, cuya labor es resguardar la integridad de los asistentes.


MRF

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