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Lunes , 18.06.2018 / 11:18 Hoy

El 68 también envejece

Escolios


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Armando González Torres

Este 2018 se conmemora el cincuentenario de la rebelión cultural más representativa, masiva y extendida globalmente de la historia moderna, que culmina en los movimientos estudiantiles del 68. Ese año, las numerosas subversiones, intuiciones libertarias y exhortos al cambio que se habían generado por más de un siglo, desde el romanticismo hasta los movimientos contraculturales de los cincuenta y sesenta pasando por las vanguardias artísticas al inicio del siglo XX, se mezclaron, alcanzaron la cúspide de su popularidad y salieron a la calle con sus consignas coloridas y su seductor radicalismo. El 68 tiene diversos detonantes en los países en los que hace eclosión; sin embargo, está unido por un intransigente espíritu de transformación: no solo se trata de demandas políticas o sociales específicas (que las hubo), sino de una revolución que pretende modificar las mentalidades, brindar prioridad al goce y fusionar la vida con la estética. Ese año hechizante, los añejos anhelos de elevar la intensidad y el vértigo de la experiencia cotidiana adquieren un inusitado eco social y la utopía se convierte en una consigna perentoria que exige arreglar al mundo, extirparle sus conflictos, sus obligaciones y su aburrimiento y convertirlo en un espacio de solaz y aventura. En efecto, la dinámica de la acumulación económica, el arraigo de la reglamentación, la internalización inconsciente de la personalidad autoritaria, la enajenación del trabajo y el consumo alienante, y todos los demás males que se le atribuyen a la sociedad moderna, se combaten sin tregua: contra la codicia y la competencia, la frugalidad y la hermandad; contra la norma castrante, la subversión y el humor; contra el sedentarismo, el nomadismo; contra la institución de la familia, la sexualidad libérrima y la comuna; contra el control y la anomía de las ciudades contemporáneas, la vuelta a lo primitivo o la reinvención aleatoria y lúdica de las urbes. Por eso, el 68 es un intento tan heroico como, a ratos, pueril, de hacer confluir las más contradictorias vías de liberación, desde el erotismo hasta el LSD, desde la florida guerrilla cultural de los hippies o los provos hasta la guerrilla armada, desde la mística oriental hasta la anti–psiquiatría. Son muchos los legados valiosos de esa indómita pubertad civilizatoria que resulta pertinente actualizar, pero también son muchas sus taras, inercias y arrugas, a las que siguen rindiendo reverencia muchos de sus exégetas avejentados.

@Sobreperdonar


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