El ejemplo de Gelman

El Santo Oficio
Toni Garriga
Juan Gelman (EFE)

México

En la mañana, el cartujo lee en el periódico La Jornada las palabras de José Emilio Pacheco: "La vida de Juan Gelman fue una lucha incesante contra el crimen de estado, la violencia, la injusticia. También resultó una batalla con el lenguaje, combate que le permitió hacer lo que nunca se había escrito ni se volverá a escribir".

Más tarde, con las campanas del monasterio tocando a duelo, revisa la Poesía reunida de Gelman publicada por el Fondo de Cultura Económica en 2011. Ahí están todos sus intereses y pasiones, su compromiso social pero asimismo "la determinación de luchar hasta el último aliento por nombrar y revelar la esencia afectiva de la vida", como escribe José Ángel Leyva en el prólogo de amaramara, tal vez una despedida pero sin duda la confirmación del gran amor de Gelman por su esposa Mara Lamadrid.

En uno de los 29 poemas de ese libro, dice: "Siempre te amo por primera vez./ Siempre te amo la primera vez". En eso trabajaba cuando llegó la muerte; la esperaba pero no tan pronto. Quería verlo impreso, conocer el resultado del diálogo de su poesía amorosa con la pintura sombría, dramática, intensa de Arturo Rivera.

Fue Arturo quien le reveló al monje la gravedad del poeta. El jueves 9 le dijo: "Juan está muy enfermo". Le habló del libro, reunión de nuevos y viejos poemas; de cómo lo apresuraba para terminar sus cuadros. Tenía poco tiempo, así lo había decidido. No quiso someterse a tratamientos inútiles solo para prolongar, unos cuantos meses, no la vida sino el sufrimiento.

Arturo veía con frecuencia a Gelman. Fue testigo de su fortaleza, de su voluntad de no claudicar en ningún momento. "Es impresionante —le comentó al amanuense—, sigue leyendo, escribiendo, preocupándose por sus textos para MILENIO."

Periodista desde su juventud, Gelman sabía de las urgencias de la redacción, de la fatalidad de las horas de cierre, del compromiso de los columnistas con los lectores. Por eso únicamente la enfermedad lograba alejarlo de sus deberes. Cuando le otorgaron el Premio Cervantes, en 2007, le envió a Irene Selser, su editora en la sección Fronteras de MILENIO Diario, su artículo habitual con un mensaje: "Lo cervantístico no quita lo columnístico". Primero el cumplimiento de las obligaciones y después lo demás, algo tantas veces ignorado por colaboradores cuya fama apenas trasciende la calle donde viven.

El sábado 11, en su columna "Al acecho", escribió contra el colonialismo francés en África. Nada en ese texto, documentado, vigoroso, lúcido, lleva a pensar en un hombre al borde la muerte, como él lo estaba. Ese es su gran ejemplo, vivir con pasión hasta el último momento.

En uno de sus encuentros, Arturo Rivera le preguntó:

—¿Ya no fumas?

—No —respondió el poeta.

—¿Y el vino? —volvió a inquirir.

—Eso no me lo prohibieron —le dijo con una sonrisa. Ese fue otro de sus ejemplos, el humor como tabla de salvación.

Queridos cinco lectores, con un tango sonando en la victrola, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.