Egresados del IPN crean un robot Lazarillo

El objetivo es brindar a los ciegos una opción de menor costo, ya que los perros guía requieren de una inversión que puede alcanzar 350 mil pesos en 10 años.
Amepi fue desarrollado por Francisco García Macías, Jessica Espinosa López y Manuel Caballero Martínez, egresados de ingeniería en sistemas.
Amepi fue desarrollado por Francisco García Macías, Jessica Espinosa López y Manuel Caballero Martínez, egresados de ingeniería en sistemas. (Especial)

México

Egresados del Instituto Politécnico Nacional (IPN) crearon un robot que funciona con dos cámaras y sensores ultrasónicos para guiar la marcha de invidentes, como lo hace un perro guía.

“Modulamos el comportamiento del perro y lo trasladamos al robot. Nos tardamos un año en diseñarlo, armarlo y hacerle las mejoras necesarias para que cumpliera su objetivo”, explicó en entrevista con MILENIO Francisco García Macías, uno de los desarrolladores.

El robot, denominado Amepi (sigla de Asistente Móvil Electrónico para Personas Invidentes), fue diseñado por García Macías con sus compañeros Jessica Espinosa López y Manuel Caballero Martínez para ser ligero y barato.

Bajo costo

El egresado de ingeniería en sistemas detalló que su objetivo es brindar a los ciegos una opción de menor costo, ya que los perros requieren mucho dinero y su asignación es restringida.

“Estuvimos investigando acerca de cómo se ocupaba el perro, así como los costos; el lazarillo es considerablemente más caro que nuestro prototipo”, comentó.

Según un estudio que hicieron para considerar la viabilidad del proyecto, “un perro guía, por su entrenamiento, la alimentación y las consultas con el veterinario, puede costar desde 250 mil hasta 350 mil pesos a 10 años”, detalló.

En contraparte, “Amepi así como está costará entre 10 y 12  mil pesos, aunque se puede mejorar para bajar el precio”.

La estructura del invento es principalmente de plástico, por lo que tiene un peso aproximado de tres kilogramos. Su tracción es de oruga, cuenta con un bastón que se ajusta a la estatura del usuario y funciona con 12 baterías AA recargables, lo que también hizo que fuera más barato su desarrollo.

“Al principio pensamos en pilas recargables integradas, pero nos dimos cuenta de que eran caras y difíciles de conseguir. Por eso lo adaptamos para que funcione con baterías AA y duran bastante, alcanzan tres horas en uso continuo aproximadamente, varía dependiendo de la velocidad a la que vaya el robot o el tiempo que esté detenido”, detalló el entrevistado.

Para lugares cerrados

El artefacto no está adaptado para usarse en la vía pública porque “fue diseñado originalmente para lugares cerrados… se pueden colocar símbolos QR en lugares clave, así el robot puede seguir un camino, aunque también tiene comportamiento independiente para evasión de obstáculos”, explicó García Macías.

Los símbolos QR,  explicó, son unas imágenes cuadradas que sirven para guardar información, como ubicaciones. Amepi “reconoce los que son para discapacitados, aunque otros que estén en el ambiente también los puede distinguir, como los lugares para personas invidentes o los sanitarios”, comentó.

Al preguntarle en qué lugares el invento es funcional ahora, García Macías dijo que “el aeropuerto, un centro comercial, una escuela o hasta en el lugar de trabajo. En lugares públicos también puede funcionar para reconocer algunos obstáculos, pero no todos, esa es una de las mejoras que queremos hacerle al prototipo”.

El egresado detalló que el robot, por ejemplo, no puede subir una banqueta. En ese caso, funciona solo si se coloca un símbolo QR, “entonces puede decir al usuario que retroceda o que lo cargue; no obstante, el prototipo se puede mejorar para que identifique esos obstáculos automáticamente y no dependa tanto de los símbolos”.

El software que utiliza el artefacto fue dersarrollado completamente por los egresados de la Escuela Superior de Cómputo del IPN.

“Son tres algoritmos basados en lo que aprendimos en el IPN. Uno reconoce obstáculos, otro distingue letreros y el tercero es el sistema difuso, que imita lo que hace un perro, modela el comportamiento de cerca o lejos; eso en las computadoras no existe”, comentó.

Gracias a ese proyecto, los tres egresados están a punto de titularse de ingenieros.

“Presentamos el proyecto el 27 de marzo. Al principio los sinodales nos empezaron a interrogar, pero al final nos felicitaron. Lo que más les gustó fue que se comportara como un perro al esquivar las cajas que pusimos, hasta nos dieron mención honorífica”, comentó García Macías.

El siguiente paso, dijo, será encontrar ayuda para que el invento llegue a quienes lo necesitan. “Nos gustaría mejorarlo para que pueda beneficiar a más personas. Vamos a solicitar apoyo para sacar el proyecto y comercializarlo”, concluyó.