La educación de los tiburones

El gran vislumbre de Dostoievski es atisbar que ciertas estructuras producirán por fuerza cierto tipo de individuos y de esta manera, sería posible simpatizar con su abyección.
"Moby Dick", de Melville.
"Moby Dick", de Melville. (Especial)

México

Al comienzo de sus Memorias del subsuelo, Dostoievski explica que, si bien son imaginarias, el hombre sobre cuya vida tratan es una especie de prototipo de su época, pues son individuos que “por fuerza han de darse en nuestra sociedad, si se hace cuenta de las circunstancias en que, por lo general, esa sociedad nuestra se desenvuelve”. De esta manera Dostoievski le presta la palabra para que el personaje explique, “como puede, las razones por las cuales surge y no tenía más remedio que surgir en nuestro ambiente”. En esta breve introducción, Dostoievski traza la relación entre su obra y la realidad en la que se produce, y con ello al mismo tiempo le confiere un carácter atemporal, pues este testimonio ficticio perdura como uno de los mejores recuentos históricos de la mentalidad y el ambiente de una época.

¿Cómo sería el equivalente contemporáneo del hombre del subsuelo dostoievskiano? Así como él se halla obsesionado con temas como el honor social y la subordinación que debe mostrar frente a oficiales de mayor rango, su equivalente contemporáneo tendría la mente intoxicada con obsesiones narcotizantes como la competencia despiadada, el talento, la fama, el éxito, la exclusividad, la ostentación, etcétera. El gran vislumbre de Dostoievski es atisbar que ciertas estructuras producirán por fuerza cierto tipo de individuos y, de esta manera, cuando en la vida cotidiana vemos muestra tras muestra de acciones egoístas, perpetradas por oficinistas, banqueros o financieros avaros, ambiciosos, ignorantes e indiferentes frente a todo lo que no ataña a su estrecho radio de acción y de pensamiento, sería posible simpatizar con su abyección —como simpatizamos con la amargura del hombre del subsuelo de Dostoievski— en la medida en que pudiéramos comprender que son el producto más acabado de todo el etos de una época, y que en cierto modo no hacen sino desempeñar con fidelidad el rol para el que fueron preparados por su propia sociedad.

Quizá la imagen más certera del prototipo de individuo contemporáneo la encontremos en Moby Dick, cuando después de que Stubb da muerte a un cachalote aparece un grupo de feroces tiburones que la destazan, “arrancando del cadáver trozos del tamaño de una cabeza humana”. Para divertirse, Stubb obliga al cocinero negro a dirigirles un sermón, hasta que éste se cansa y le espeta a su superior:

“No sirve de nada, oficial Stubb. Esos monstruos siguen ahí peleándose. ¡No oyen ni una palabra! No sirve de nada predicar a esos monstruos hasta que no tengan el estómago lleno. Y esos estómagos no tienen fondo…”.