• Regístrate
Estás leyendo: Edgar, El Zurdo, Mendieta
Comparte esta noticia
Domingo , 17.06.2018 / 18:57 Hoy

Edgar, El Zurdo, Mendieta

Tiene un hermano mayor con el que nunca se peleó porque cuando él era morrito Enrique era un joven.

Publicidad
Publicidad

Élmer Mendoza

Es un bato carita, de clase media, desafortunado en el juego, en el amor y en las pesadillas. Se hizo policía porque tendría muchas más licencias que James Bond, quien en Spectre confiesa que lo envidia. Fue adies­trado por Héctor Belascorán Shane, Michael Ohayon, Kostas Jaritos, Kurt Wallander y Charlie Parker, que siguieron los métodos de Philip Marlowe y Sam Spade. Durante su entrenamiento no sobresalió en nada, salvo en que fue el más obstinado de su generación en cierta parte de las investigaciones en que son capullo cerrado, y desde luego en que resultó ser el mejor bebedor de cerveza. Además tenía y tiene un instinto particular para involucrarse en sus casos. Por ejemplo, no tardaría más de dos minutos en advertir el efecto Edipo. Dice odiar a los narcos porque mataron a su mejor amigo de la prepa, un traficante menor que le invitaba las cervezas después de cada viaje, pero bien que se deja seducir por Samantha Valdez. Usa Walther de 9mm. Como hijo pródigo de la mala vida, inició su carrera en Narcóticos, donde sufrió un atentado en el que no murió porque la muerte al fin había aceptado la invitación del Güilo Mentiras que le propuso: "Bájate los calzones".

Se ha enamorado dos veces de la misma chica. Lo que ha sembrado admiración en las mujeres de su club de fans e incertidumbre en los varones: ¿cómo es posible, habiendo tantas viejas? Le gusta el rock y cree que se adapta a su temperamento, pero cuando está borracho recurre sin falta a José Alfredo, pues sí, ni modo que qué. Por las noches, prefiere dormirse viendo la tele y de vez en cuando va al cine. Bebe whisky single malt con un hielo y cerveza Pacífico. Le gustan los mar­iscos, sobre todo el aguachile, la carne asada, la machaca con huevo, el Nescafé, el café del Miró y los besos sin cebolla. Los días que ama su trabajo piensa en organizar el caos de los cajones de su escritorio; los días que lo odia atrapa delincuentes. No cree en la aplicación de la ley, y le importa un carajo la despenalización de la mariguana porque, según él, vivimos en un país de adictos. En el fondo, teme a las mujeres como a sí mismo. Tiene un hijo que es su vivo retrato; cuando están juntos, piensa que Oscar Wilde tuvo que ser más cabrón que bonito para escribir El retrato de Dorian Gray.

Gracias a su psicólogo, ha logrado superar el efecto de la violación que sufrió cuando era niño, pero sigue desconfiando de los curas. Tiene un hermano mayor con el que nunca se peleó porque cuando él era morrito Enrique era un joven. Vive en Culiacán, en la Col Pop, donde es uno más entre la raza. Como todos, admira a las mujeres culichis: buena pierna, mucha nalga y poca chichi; le gustan así, siempre y cuando sean de carácter fuerte y no teman a las cucarachas. Un día le pregunté por qué vestía de negro. Me respondió que no le hiciera preguntas pendejas, que me pusiera a escribir, y eso haré.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.