• Regístrate
Estás leyendo: “Dragoncitos”, otra especie en peligro de extinción
Comparte esta noticia
Domingo , 22.07.2018 / 02:15 Hoy

“Dragoncitos”, otra especie en peligro de extinción

Aunque con retraso, México implementa ya acciones para proteger estas lagartijas del género 'abronia', que habitan en las costas del Golfo y las del sur del Pacífico mexicano


1 / 4
Publicidad
Publicidad

Walter Schmidt

México es un país que cuenta con una gran diversidad de especies de plantas y animales. Debido a lo accidentado de su geografía, posee una cantidad considerable de ecosistemas, muchos de ellos únicos en el mundo, por lo que numerosas especies de animales y plantas que ocurren en ellos son organismos endémicos: es decir que no existen en ninguna otra parte del mundo. “México es un país megadiverso y ocupa el quinto lugar a escala mundial en biodiversidad” dice el doctor Óscar Flores Villela, herpetólogo (director del Departamento de Biología Evolutiva y especialista en anfibios y reptiles) de la UNAM, quien destaca que en cuanto a la variedad de reptiles, nuestro tiene el segundo lugar mundial después de Australia”.

Está gran diversidad animal y vegetal enfrenta serios problemas para su conservación debido, en gran medida, a la destrucción y modificación del ambiente. Las principales causas están asociadas a la actividad humana, como tala inmoderada de bosques y selvas (tanto legal como ilegal), así como el cambio de uso de suelo para la agricultura y la ganadería. Pero también intervienen factores naturales, en particular el cambio climático, que trae consigo incendios y huracanes que contribuyen a la modificación del ambiente.

Actualmente, la supervivencia de esta riqueza está amenazada. “30 por ciento de las especies de reptiles de México se encuentra en peligro de extinción”, afirma del doctor Flores Villela, y el resto de las especies se encuentran en alguna categoría de riesgo debido al deterioro de los ecosistemas que habitan.

Un caso de especial interés para la conservación es el de los llamados “dragoncitos”, nombre acuñado por el naturalista y fundado del Zoomat-Zoológico regional de Chiapas, Miguel Álvarez del Toro, en un intento de erradicar el nombre común de “escorpiones” o “escorpiones de árbol”, con el que se designa a estos organismos en la mayor parte del territorio donde se distribuyen.

En nuestro país, el nombre de “escorpión” se aplica a muchas lagartijas que pertenecen a familias diferentes (iguanas, geckos, escincos, etcétera) y se les considera venenosas. Aunque las únicas lagartijas venenosas —a las que también se aplica el nombre de escorpión— son las especies del género Heloderma, al que pertenece el monstruo de Gila.

Los "dragoncitos" o “escorpiones” pertenecen a la familia de los ánguidos, género abronia. Son lagartijas de tamaño medio que llegan a medir unos 25 centímetros de largo, siendo la cola un poco más larga que el hocico-cloaca. Están cubiertos por grandes escamas en el cabeza y el cuerpo, poseen patas cortas con los dedos bien desarrollados y con garras que les sirven para trepar a los árboles. La cola es prensil y la usan como un quinto miembro para sostenerse y moverse entre la vegetación. Muchas especies de "dragoncitos" son de colores llamativos, verdes, amarillos, incluso azules, que les sirven para confundirse con la vegetación.

“En México, los dragoncitos habitan en la vertiente del Golfo, desde la región de Gómez Farías en Tamaulipas hasta Los Tuxtlas, en Veracruz, y en la costa sur del Pacífico, a lo largo de la Sierra Madre Occidental, desde Guerrero hasta Chiapas. Se tienen 19 especies de abronia descritas en nuestro país, siendo Oaxaca y Chiapas los estados con mayor diversidad. En Guatemala, Honduras y el Salvador se encuentran 10 especies adicionales. De varias de ellas se conoce un solo ejemplar, con el que se describió la especie; otras viven en áreas muy reducidas, con una densidad de población baja, por ejemplo la Abronia chiszari o Abronia reidi, que solo se hallan en la región de Los Tuxtlas, en Veracruz”, nos dice el maestro en ciencias Israel Solando, especialista de la UNAM, quien realiza su doctorado analizando el DNA de estas lagartijas.

En general los movimientos de estos animales son lentos y deliberados, en el suelo su desplazamiento es ondulante, semejante al de una serpiente. Constantemente sacan la lengua para “probar” los olores de su entorno, a través de una glándula en su paladar llamada “órgano de Jacobson”, lo que también les da cierto aspecto de serpientes.

La vida de los "dragoncitos" transcurre en el dosel del bosque, la parte más alta de los árboles, a 20 o 30 metros del suelo, aunque a veces se desplazan hacia partes más bajas del tronco en busca de comida o pareja. Accidentalmente también caen al suelo arrojados por la lluvia y los fuertes vientos. Se alimentan principalmente de insectos y otros artrópodos, como arañas y alacranes, aunque pueden comer otras lagartijas, incluso de su misma especie. Los machos son muy territoriales y defienden su espacio de otros machos combatiéndolos ferozmente. Estas luchas terminan cuando el perdedor se retira o es derribado del árbol al suelo.

El apareamiento ocurre en el verano, en los días más cálidos del año; las crías, en número de una a 12, nacen en la primavera y son de una coloración distinta a los adultos, generalmente de un gris metálico con bandas en negro. Al desarrollarse van cambiando de color hasta llegar a la edad adulta (a los dos años), en la que muchos ejemplares adquieren un tono uniforme, verde, café o grisáceo, aunque otras retienen un patrón de bandas.

Los “dragoncitos” viven principalmente en bosques de encino, pino-encino y en los bosques de niebla (bosque mesófilo de montaña), en árboles cubiertos de plantas epífitas como bromelias, orquídeas, líquenes y musgos. Estos bosques están siendo afectados severamente por la deforestación. “No se dispone aún de bases de información adecuadas para definir el grado de afectación del bosque mesófilo de montaña”, explica la doctora Isolda Luna Vega, directora del Laboratorio de Biogeografía y Estadística en este tipo de vegetación de la UNAM. “Desconocemos el tamaño de los fragmentos relativamente bien conservados y el grado de degradación de su estructura”, agrega la especialista. El calentamiento global es un riesgo importante: “Sin duda los efectos del cambio climático representan una de las mayores amenazas para el bosque mesófilo de montaña, pues provoca la reducción en la humedad del entorno en el cual se encuentran inmersas sus localidades. Se considera que los niveles de tolerancia de muchas especies no podrán compensar los extremos de temperatura y reducción de humedad que ya se están registrando en muchas zonas del país”, concluye la doctora Luna Vega.

Un gran problema que enfrentan los “dragoncitos” es la recolecta excesiva para su venta como mascotas, ya que tienen una gran demanda en ese mercado. Traficantes de Estados Unidos, Alemania y otros países, frecuentemente visitan localidades donde existen poblaciones de estos animales y ofrecen cantidades que van de los 50 a los 300 pesos por ejemplar, mismo que en el extranjero alcanza un precio de miles de dólares o euros, especialmente cuando se trata de las especies raras.

Los expertos en herpetología como el doctor Jonathan Campbell, de la Universidad de Arlington, Texas, o el alemán Günther Kohler, del Departamento de Herpetología del Instituto Senckenberg de Frankfurt, reconocen que las especies del género abronia se encuentran entre las lagartijas con mayor peligro de extinción en el mundo, debido a los factores mencionados: pérdida de hábitat, recolecta excesiva y cambio climático.

Debido a estos factores, varias dependencias oficiales como Semarnat y Conabio han estado reuniendo información para tomar las medidas necesarias para su conservación. La Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) inició en 2015 el proyecto: “Diagnóstico de las poblaciones de abronia en México y consolidación de estrategias para su conservación”, a cargo los doctores Flores-Villela e Hibraim A. Pérez, del Departamento de Ecología de la FES Iztacala, con la colaboración del maestro en ciencias Gustavo Jiménez, de la asociación civil Vida Silvestre Coatl, más otros biólogos de la UNAM.

“Los esfuerzos para la conservación de estas lagartijas se han tratado de llevar a cabo desde hace tiempo, estamos generando por primera vez información sobre su ecología, lo cual nos permitirá establecer programas de conservación eficientes y evaluar de forma concreta las amenazas a que están expuestas”, explica Hibraim A. Pérez. Este año se continuará trabajando en el programa “Fortalecimiento a las acciones de conservación del género abronia en México”, que es el primer intento serio por enfrentar la complicada situación de estos organismos.

Resulta increíble que un país más pequeño y pobre que México, como Guatemala, cuente con un programa de conservación de los “dragoncitos” desde hace años y que incluso haya editado una serie de sellos de correos con imágenes de cuatro especies de abronias guatemaltecas. Aunque tarde, México se suma ahora a la conservación de estos animales con acciones que se espera sean efectivas.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.