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Domingo , 22.07.2018 / 12:04 Hoy

Donde la lengua franca es la poesía  

Reseña

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Xitlalitl Rodríguez Mendoza

Irene Selser se ha desempeñado, desde hace dieciséis años, como editora de la sección “Fronteras” (noticias internacionales de Milenio), nombre que pareciera ni mandado a hacer, porque si hay alguien que se ha dedicado a franquear fronteras a lo largo de su vida es ella. Aunque identificamos tres grandes momentos en sus migraciones geográficas (su natal Argentina, Nicaragua y México) que dieron como resultado a esta messicana, gentilicio con el que se autodenomina, Irene se mueve también entre otro tipo de fronteras, casi tan violentas y vigiladas como la que separa a India y Pakistán: las del lenguaje.

Pero aquí, con Sur, Silencio, celebro el hecho de saber que la poesía ha tenido una infiltrada en los medios de comunicación durante décadas: Irene rescató una lectura poética —digamos, un claro— en medio de la devastación que hace retumbar todo cuanto nos rodea.

Este es un libro que funciona como un recorrido por la historia reciente de América Latina y que dibuja el periplo de la vida de su autora. Sin embargo, este periplo también podría ser el de cualquiera de millones de personas desplazadas que tuvieron que huir del verdugo de las dictaduras militares y reconstruir, con lo que les cupo en los bolsillos de la ropa, una nueva vida.

Sur, Silencio, recientemente publicado bajo el sello Ediciones El Tucán de Virginia, es un libro poblado por latinoamericanos, algunos de los cuales resultan ser el padre de Irene (el reconocido periodista Gregorio Selser) o su hermana Claudia, o su hermana Gaby o su madre, o Sor Juana, Darío, López Velarde, Borges, Juan Gelman —casi su segundo padre— y tantos otros que nos parecen tan cercanos. Aunque también deambulan por ahí seres de otras latitudes: una estrella gitana, una abuela en Odesa o una familia en Cisjordania.

Irene nunca ha reclamado los reflectores del periodismo, que bien le corresponden, sino que siempre ha estado atentísima en la lectura entre líneas de la historia contemporánea. Pues bien, Sur, Silencio es el remanso donde se enfrenta —y nos enfrenta— a esa soledad a la que estamos expuestos cuando nos quitamos esa investidura llamada “patria”. “La patria es una imagen,/ la representación de un espejismo”. Estos versos derriban la frontera que toda lectura exige en un primer acercamiento, ya que son los versos con los que abre Sur, Silencio.

A partir de ahí inicia el recorrido donde se hermanan las madres de los desaparecidos bajo la dictadura argentina y las madres de los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa. “Dice una madre/ si aún no lo he soñado / es que está vivo”; este haiku es un ejemplo del trabajo arqueológico que Irene realiza con el lenguaje: un trabajo de contraluz donde la autora cede la voz a quienes no son escuchados.

A lo largo del libro encontramos victorias políticas, porque —si la historia la escriben los vencedores— la poesía la escriben los vencidos. Sobre el dictador Jorge Videla escribe: “Murió en la cárcel a los 87 años/ sentando en un inodoro/ y sin haberse arrepentido de nada./ ‘¿Qué es lo que podemos señalar?’, ironizó. / ‘Porque de reconocer la muerte de los desaparecidos,/ enseguida iban a venir las preguntas que no se podían responder:/ quién los mató, dónde, cómo./ Por eso nunca revelamos dónde estaban los restos’ ”.

Y aun con todo, hay humor en este libro. Los que conocemos a Irene sabemos que, a pesar de toda la pesadumbre noticiosa que su oficio y la vida le han exigido, siempre tendrá una sonrisa que reconforta en la tragedia.

Con Sur, Silencio Irene demuestra que más que meter con calzador otros registros del lenguaje como recurso estético en una vehemencia interdisciplinaria, la poesía se sirve de cualquier fuente del lenguaje al deformar sus funciones primarias —en este caso la comunicación de medios— para conducirnos a otro momento, uno donde el dolor y la memoria pueden encontrarse ya sea para escucharse mutuamente o para tender un remanso de silencio y expectación ante la vida.

El poeta español Antonio Gamoneda afirmó, en una entrevista para la revista de la Universidad de Murcia: “Yo creo que la poesía no es propiamente literatura, es un hecho existencial, una emanación de la propia vida. Son las circunstancias interiorizadas por el poeta y narradas por él las que se manifiestan en ella”. Con Sur, Silencio, Irene Selser nos ofrece esa emanación de vida en un momento donde casi todo se siente a punto de morir.

Presenté Sur, Silencio en días recientes en la Casa del Poeta junto a Pura López Colomé y Víctor Manuel Mendiola a nombre de Ediciones El Tucán de Virginia y celebro la publicación de este libro hermosísimo —sí, también doloroso—, donde la poesía en su más certera expresión es la lengua franca.

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