Victoria Dana: “La condición de la mujer, aún muy triste en buena parte del mundo”

En 'A donde vayas, iré', la novelista mexicana narra la vida de Latifa, una habitante del barrio judío de Damasco que luego emigra a México; una historia que retrata la difícil condición femenina

En su segunda novela, A donde tú vayas, iré (Lumen, 2016), Victoria Dana cuenta la situación general de los judíos de Damasco y, en particular, la de la mujer judía en ese ámbito. Hay un trasfondo histórico que abarca los años 1912-1926, lapso en el que ocurren dos hechos que afectarán a los personajes: la primera guerra de los Balcanes, que minaría el poderío del Imperio otomano, el cual dominaba la región, hecho que es antecedente directo de la Primera Guerra Mundial; y el bombardeo de Damasco por parte de los franceses en 1925, que obligará a los personajes a salir del país. La historia la sabremos a partir de la mirada de Latife, que va de su infancia a su madurez ya exiliada en México. En esta conversación, la autora ahonda en algunos aspectos de la novela.

Por la cronología que maneja y el final abierto, parecería que la novela iba a tener una continuación.

No, no pienso continuar en esa línea. Creo que ya se ha hablado mucho sobre la comunidad judía en México. A mí lo que me interesaba realmente era la historia de cosas de las que solo teníamos retazos. Todo lo que escribí sobre la ciudad está totalmente imaginado, recreado. La parte moderna a lo mejor a una hija mía se le ocurra escribirla un día.

La estructura que maneja es sencilla: con base en los límites temporales que se impone, 1912-1926, cuenta la historia de un modo lineal.

Para mí era importante resaltar la caída del Imperio turco en 1912 y también terminar en 1925 con el bombardeo francés de la ciudad. Esa estructura de continuidad me ayudó mucho. En mi novela anterior (Las palabras perdidas, 2012), por el Alzheimer de la protagonista, todo estaba revuelto. Para esta me gustó mucho usar este sentido lineal.

¿Desde el principio visualizó que su protagonista sería una mujer?

Como siempre, todo comenzó con un esbozo, haciendo apuntes. Una vez que se definió, lo que me interesó fue captar su mirada. Esa niña vivía encerrada y protegida en un lugar muy pequeño y lo que hice fue seguir su proceso de maduración. De verla convertida en una mujer, con una personalidad propia. Al final se puede ver su cambio, al alcanzar ese aire de libertad. Es un personaje que llama la atención porque ya es autónomo. Ya mucha gente me habla de Latife como si existiera.

De eso trata la literatura, ¿no?, de hacer creíbles las cosas. Se pensará que Latife es una predecesora suya.

Es las voces de muchas mujeres. No te puedo decir que sea mi abuela o mi madre; es el resumen de muchas de ellas. Son testimonios que se fueron entrelazando hasta que pudimos alcanzar su voz.

Aunque en nuestros días se reivindica la igualdad en todos lados, Latife representa a la mujer de una cultura específica. En su novela ellas luchan con una religión que salvaguarda una tradición de siglos.

Sí, pero muchas cosas que expongo ya no sucederían hoy. Si una de ellas fuera maltratada por su esposo, podría ir a un tribunal rabínico a quejarse. Pero ya no se trata de una cuestión religiosa, también tiene que ver la cultura y la situación del país, porque esta forma de tratarla se relaciona con la cultura musulmana también. Si lo quieres universalizar, en Chiapas, por ejemplo, ellas viven todavía una condición muy triste. Lo que trato de hacer es ir de la singularidad a la universalidad con temas que finalmente nos tocan a todos. Hay una condición de la mujer todavía muy triste en buena parte del mundo. Por ejemplo, el caso de la ablación no era común en Siria; sin embargo, para mí era importante meterla, porque era denuncia de algo que sucede a millones cada año. 

¿Podría ahondar en el aspecto religioso con el que luchan las mujeres?

Por ejemplo, la mujer no reza; o mejor dicho, puede hacerlo, pero no hace un rezo de duelo. Si los padres quieren tener un varón, es para que recen el duelo cuando ellos mueran, para tener una continuidad. La mujer, ahora ya no, pero antes sí, al casarse pertenecía a la familia del esposo. Si ella no necesita rezar es porque en la religión judía está muy por encima espiritualmente del hombre. Hay ciertas cosas que se deben revisar constantemente de la religión para que sean adecuadas a nuestras circunstancias. Alguna profesora llegó a decirme: “busca al rabino que te diga lo que quieres oír”. El judaísmo no rebaja el valor de la mujer, pero no le puede exigir ciertas cosas. Se les exige de acuerdo con sus circunstancias.

Está hablando de cosas que no suceden en el libro. En lo que cuenta, padecen otra carga.

Claro, tiene que ver con la época. El cambio en la mujer es lo que representa Latife: lo que ella afecta y lo que no; en lo que está de acuerdo y lo que no. El personaje de Marie, tan hermoso, tiene otra preparación. Va a tener una profesión y un negocio propio en el contexto de la sociedad francesa. Nosotras seguimos apegadas a la religión y las historias se repiten como en la Biblia. En el caso de Latife, lo que se ve es cómo ella tiene un proceso de aceptación. A pesar de que ellas no saben rezar, de pronto tienen que asumir cosas que son terribles como enterrar a sus muertos. Su encuentro con el creador tiene que pasar por un proceso muy fuerte y doloroso porque no tenían armas para hacerlo. Cuando van a ver al rabino a pedirle ayuda tras el bombardeo, no obtienen respuesta. Ellas tienen que asumir una responsabilidad que las rebasa. Es muy fuerte lo que ellas vivieron, como me imagino que les sucede a estas mujeres ahora que no tienen un hogar. Es casi para lo que yo escribo: tratar de imaginarme en el lugar de otras personas. No conocen al rabino. Van a la sinagoga, pero no son parte del rito. Están de observadoras en la parte de atrás. Todo esto influye en su concepción de cómo es Dios.

Un aspecto que la corrección política parece haber exacerbado es la cuestión de la victimización. ¿Cómo lidió para no caer en esto con Latife?

Esas mujeres tenían que vivir unas circunstancias y responder a ellas, como nosotros con otras armas. Tanto hombres como mujeres deben responder a lo que la vida les está marcando. A mí me gusta mucho el pasaje de Kamil (el esposo de Latife) cuando regresa y platica de la guerra. Después de la destrucción, ¿qué sigue? Estamos en un mundo donde el poder tecnológico te permite hacer estas cosas que me parecen terribles. ¿Por qué millones de personas tienen que sufrir por personas que están locas? No es posible comprender esto, pero en esa vorágine, la gente lo debe asumir, no le queda de otra.

Cuando la familia llega a México, Latife parece reprochar a su esposo que no sufre como ella la muerte del hijo durante el viaje. Me parece que el varón también sufre, pero lo manifiesta de manera diferente.

En la sociedad mexicana lo vemos mucho también: ellas son las que están en casa y los hombres, estén o no, como que no están… Entre las mujeres que conozco, quienes se dedican a cuidar a los hijos son ellas. Los hombres, no, pero si el esposo sale, por ejemplo, es para ir a trabajar y el duelo parece que no lo vive. Cada uno sufre de manera distinta; son dos lenguajes diferentes que parecen no pueden encontrarse. Pero sí, a lo mejor por ahí hay una crítica velada a nuestra sociedad.