Sergio Ramírez afirma que la vida, al igual que escribir y cocinar, es experimentación

En su reciente libro 'A la mesa con Rubén Darío', el escritor nicaragüense indaga en los gustos culinarios de su compatriota; uno siempre regresa a la memoria de la infancia con la comida, dice

“Soy un cocinero teórico”, reconoce Sergio Ramírez, un narrador a quien le gusta la comida tanto como la escritura o la música. En su libro más reciente A la mesa con Rubén Darío (Trilce), dedicado a su compatriota, el nicaragüense tiende un puente entre la gastronomía y la literatura. “Domino el arte de los huevos cocidos”, dice quien durante una plática eminentemente culinaria recuerda que su infancia huele a caldo de res.

Su libro más reciente es una fusión: música y cocina.

En nuestra cultura nos hemos acostumbrado a ver la cocina como algo subalterno. Comemos y nos vamos, como la famosa frase de Vicente Fox. Pero la cocina es un arte creativo. En la Francia del siglo XIX, Alejandro Dumas y Joseph Conrad escribieron al respecto. En México lo hicieron Alfonso Reyes y Octavio Paz. La cocina como arte creativo tiene un valor literario.

¿A usted le gusta cocinar?

No tengo esa habilidad. Sé hacer un buen gazpacho, pero de ahí no paso. Solamente domino el arte de los huevos cocidos. Mi mujer dice que soy un cocinero teórico. Una cosa es hablar y otra es ponerse a elaborar un platillo.

"La vida, como escribir y cocinar, siempre es experimentación"


¿Intentó trabajar alguna de las recetas de Rubén Darío?

Algunas son muy complejas. La cocina francesa es difícil sobre todo por las salsas, que llevan muchos elementos. Cuando viví en Berlín, tenía que cocinar a la fuerza porque mi mujer se iba a clases de alemán. A veces me tocaba preparar el almuerzo y podía hacer cosas decentes. Recuerdo que un amigo venezolano, músico, me enseñó a preparar pizzas. Pero ya son artes olvidadas.

¿Cuál es su cocina favorita?

La mexicana es la que más me gusta por su variedad y por la familiaridad con la cocina nicaragüense. Somos hijos del maíz. En Nicaragua uno puede contar 200 formas de usar el maíz, entre refrescos, atoles, sopas, comidas, dulces. El arte culinario mexicano es más diverso, y creo que las grandes cocinas están hechas de la diversidad. Aquí existe la yucateca, sonorense, poblana, oaxaqueña.

¿Qué me dice de la cocina fusión?

La he comido, pero quizá no estoy muy familiarizado con ella. Respaldo todo lo que es experimento, me parece que la vida, igual que escribir y cocinar, siempre es experimentación.

¿Cuál es su platillo favorito?

Los más elementales: las tajadas de plátano frito, los frijoles fritos, las tortillas calientes. Conozco la comida excelsa, los platos complejos, la comida gourmet, he andado por el mundo, pero siempre regreso a lo elemental. Uno siempre regresa a la memoria de la infancia en la comida.

¿A qué olía la cocina de su casa en la niñez?

A sopa de res, que es la que lleva de todo. En Nicaragua, una sopa de carne admite todo, puede tener treinta y tantos componentes porque lleva verduras, tubérculos, carnes, elotes, chile, repollo, plátano verde y maduro, papa, zanahoria, todo lo que le quieras poner. No sirve una sopa sin los aromas del cilantro o de la hierbabuena.

¿La literatura es como una gran cocina?

Es una gran cocina. Decía Fielding en el prólogo de Tom Jones: la literatura es como cuando uno llega a una fonda y paga por comer, con la diferencia de que aquí solo hay un plato: la condición humana. Aunque esta admite miles de variantes a la hora de la escritura.

¿Cuál es el ingrediente que no falta en su literatura?

Mis condimentos tienen que ver con la realidad. Me gusta hablar de la condición humana: fortaleza, debilidades, pasión, celos, contradicciones. Un ingrediente infaltable, al menos en mi caso, es el entorno social y la reflexión sobre la violencia.

¿A qué le gustaría que supiera su literatura?

Cada libro debe tener un sabor diferente. El sabor de la infancia no es mismo que el de la juventud temprana o que el de la madurez. Todo depende de lo que uno escribe.

De sus libros, ¿cuál sería un plato fuerte?

Yo creo que los platos fuertes son aquellos que resultan más complejos de preparar. Mis libros más complejos son: Castigo divino, Margarita, está linda la mar o Mil y una muertes. Esos son mis platos fuertes.

¿Cuál sería un buen postre?

Un baile de máscaras, que es el libro donde exploro mi infancia.

RECUADRO:

Nació en Masaya, Nicaragua, en 1942. Cursó la licenciatura en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de León. Fue participante activo de la revolución en su país. Entre 1985 y 1990 fue vicepresidente de gobierno. Es editor, periodista y novelista. Entre sus libros destacan: Charles Atlas también muere, Un baile de máscaras, Margarita, está linda la mar;El reino animal y La fugitiva. Ha obtenido los premios Latinoamericano de Cuento, Dashiell Hammett, Alfaguara de Novela, Casa de las Américas, José Donoso e Internacional Carlos Fuentes, entre otros.