Juárez y un libro de 20 años de Paco Ignacio Taibo II

Una investigación de dos décadas, la consulta de miles documentos y obras, así como la mezcla narrativa del gran retrato con el detalle conforman la epopeya histórica que publicará el autor

Recién cumplidos esta semana sus 68 años, Paco Ignacio Taibo II se emociona cuando habla acerca del libro que publicará en unos meses. No es para menos, ya que la obra representa la culminación de un trabajo iniciado hace 20 años. De Juárez, de la Guerra de Reforma y de los convulsos años que siguieron a la victoria de los liberales hablará el texto, que para el autor de decenas de libros dedicados a analizar la entraña del país, es la constatación de que para construir patria, literalmente, como México no ha habido dos.

Para compartir detalles sobre la historia que revisó para cimentar el volumen —del que aún no puede revelar el nombre—, Paco me cita en el área de fumadores de un hotel tapatío en el que hemos coincidido. “Si estás aquí mañana a las 19:30 horas en punto, voy a compartirte lo que será mi nuevo libro. No es cualquier cosa ¿eh?, se trata de un trabajo que me costó décadas construir, así que si quieres saber de qué se trata, mañana te espero aquí para darte la exclusiva”.

Son las 19:28 horas del día siguiente y desde el área de fumadores del hotel de referencia veo aproximarse a Paco, quien está dispuesto a abrir junto con la conversación una cajetilla de cigarrillos cubanos hechos de tabaco negro. Su entusiasmo es tal, que apenas me permite incorporar preguntas, mientras elabora de memoria una síntesis de los temas históricos que abarca el trabajo, un libro que, como confía el propio Paco, aspira a “brindar una visión del país que oscile entre la pintura general y el detalle”. 

Cuéntame qué es lo que te tiene tan emocionado.

Acabo de cerrar el ciclo que abrí con un libro que me ha tomado 20 años construir y que por fin sale a la venta en unos meses más. Pasé dos décadas persiguiendo la información y los dos últimos escribiendo y escribiendo. En medio de una vida de mítines, debates, ferias del libro y no sé cuántas cosas más, me he comido las noches en sesiones de hasta 14 horas trabajando sin parar.

¿De qué trata el libro?

El libro va sobre la verdadera historia —con todo el desgarre, sabor y conflicto— de una etapa en la gestación de México que todo el mundo piensa que conoce y no conoce en realidad: desde el año 1853, en que los opositores se levantan para tirar la dictadura de Santa Anna, más la revolución de Ayutla, el regreso de Melchor Ocampo y Benito Juárez a México, la construcción de la Nueva república, la Constitución de 1857, el clero mocho —organizando insurrecciones, amenazando con la excomunión a aquel que firme esa constitución—, etcétera, estamos hablando de la Guerra de Reforma. Tres años que fueron terribles. Imagínate, el surgimiento de los nuevos caudillos —aquellos que se conocían como los liberales rojos o puros: Zaragoza, Escobedo, González Ortega—, los ejércitos populares contra los ejércitos de leva, la derrota de los mochos, el año que penosamente pasan los liberales tratando de construir un gobierno que estaba endeudado hasta las cejas, pasando por los asesinatos de Leandro Valle, Santos Degollado y Melchor Ocampo, hasta llegar a la narración de una invasión conformada por 150 barcos de guerra franceses, ingleses y españoles que llegaban por Veracruz, con tropas francesas que avanzan hacia México y que encuentran resistencia. La batalla de Puebla, el milagro de Zaragoza. Me metí en la minucia, en el detalle de cada una de estas historias...

Una historia fundacional a la que luego le siguió la segunda batalla de Puebla, que implicó 60 días de casa a casa, combatiendo contra artillería mil veces superior, contra fusiles franceses que atinaban a 700 metros mientras que nosotros cargábamos con una pinche espingarda que nomás daba para pegarle a alguien que estaba a 100 metros. Vino la derrota de Puebla. Juárez deja la Ciudad de México, surge el famoso carruaje, viene la huida hacia el norte. Llega Maximiliano, el imperio es sostenido por la bayoneta francesa. Llega la corte, las historias de amores y desamores. Nadie sabe nada de la vida amorosa de Juárez y todo mundo sabe si Maximiliano era o no impotente y entonces en esa parte del libro me enojo y lo cuento. Viene la resistencia, la guerrilla, la famosa chinaca que enmarcaba el “yo soy chinaco, no soy imperial, no le hace que soplen el pito real”, como decía Rivapalacio. Y la resistencia michoacana y la guerra de guerrillas en Mazatlán, que es una epopeya. La división del norte de Mariano Escobedo, y Querétaro... y por fin respiro y así cuento en este libro cómo se construye un país.

Estamos hablando de un pobre país vapuleado, que es a la vez un gran país vapuleado...

Sí. Llevo 20 años persiguiendo y reuniendo documentación. La bibliografía de este libro tiene 52 páginas. Cerca de dos mil textos y documentos, obras completas. Además mezclé la visión de escritores, los discursos parlamentarios, la visión de poetas como Prieto, Zarco, Altamirano. A todos los personajes los reuní en una misma narrativa y luego vinieron dos años de escritura. Mi sensación al escribir era “esto es epopeya y nada de bromas”. A aquel que me diga “los mexicanos son agachones” le pego con el libro en la cabeza y no se repone. Aquel que diga “los mexicanos son corruptos” le doy con el libro y quedará pa’l perro. Este libro es la demostración de que este país es capaz de hacer patria de una manera verdaderamente noble, notable, entregada. Terminé de trabajarlo, me frotaba las manos y salían chispitas.

¿Es un libro dedicado para el momento oscuro que vive el país?

Si tú te sientes desguarnecido y debilitado frente al neoliberalismo chafa, frente a los gobernadores que se van cargando unas maletas a las que se les cae el dinero en el camino, frente a todo eso, pues aquí está el otro México. Aunque haya un siglo de distancia no importa. Hay fuerza crítica en estos personajes: cuidé que los retratos de Juárez, por ejemplo, fueran críticos. A lo largo del libro lo verán en sus momentos de autoritarismo, pero también de entrega.

Independientemente de lo que se opine sobre los acontecimientos, ¿esta distancia histórica resulta imprescindible, aquella que permite conservar la frialdad de los hechos?

Conrespeto a lo acontecido, no le hace que lo quiera un montón, pero el general Santos Degollado en 1857 se pandeó durante 15 días y lo cuento, y Mariano Escobedo, en las batallas de las Cumbres de Acultzingo se apendejó y el que iba a ser el gran héroe futuro casi ve destruido el frente. Por otra parte, Porfirio Díaz —al que no le tengo ninguna estima— fue, igualmente en Acultzingo, quien impidió la debacle. La sensación mientras escribía fue la de percibir la identidad que íbamos agarrando. Leía de repente un discurso de Zarco y me ponía de buen humor, agarraba vuelo...

Cuéntame sobre tu metodología ¿cómo se hace una investigación de esta naturaleza?

Con una obsesión por brindar una visión que oscile entre la pintura general y el detalle.

Me contabas que conseguiste en Internet los archivos directamente de la hemeroteca.

Efectivamente. Revisé colecciones de periódicos, aparentemente inexistentes, desde mi casa.

¿Qué mensaje nos envía desde el pasado la investigación que acabas de realizar?

Los 14 años que abarco en el libro nos hablan de años de resistencia a ultranza, de construcción de patria, de dignidad. Catorce años que nos hablan de no claudicar en ningún momento. Cuando vas viendo cómo se iba descomponiendo el aparato de poder en torno a la república juarista y miras a los traidores, te das cuenta que por cada uno de ellos siempre hubo 10 locos que dijeron “por delante de mi cadáver”.

¿Qué habremos perdido en el camino?

Creo que hemos perdido la continuidad de la historia. En ese sentido la historia de cartón que se nos ha impuesto es una muy hueca que no construye, digamos, columna vertebral. La pérdida del sentido de la historia y de la continuidad después del cardenismo nos ha machacado. Juárez se ha vuelto estatua, nombre de avenida, placa, aeropuerto.

Es chocante que seres humanos grandiosos terminen convertidos en estatuas de parque.

Sí. Eso les resta contenido a los personajes que están ahí, sin contradicciones. Imágenes huecas. Hoy Juárez ya está acostumbrado a ser retrato colgado detrás de un funcionario que no es juarista.

¿En qué momento el país se fracturó?

Yo creo que el alemanismo fue la clave del desastre. Miguel Alemán inauguró a escala nacional un llamado: “enriqueceos”. Trace usted una carretera, pero que pase por mi rancho. Hay una enorme descomposición del nacionalismo original que hoy se queda en pura cartulina.

¿Qué puede aprenderse de un texto como el que publicarás?

Que en este país sí se puede. Terminé el libro cantándome eso, precisamente “sí se puede, sí se puede”. La emoción de haber reunido esta historia me ha conmovido profundamente.

¿Cuándo podremos leer el libro?

A partir de abril iniciaré una gira por 30 ciudades de la República para presentarlo.