Manolo Caro: “Los que nos dedicamos al cine tenemos que ser guerreros”

´La vida inmoral de la pareja ideal´es la cuarta cinta del director tapatío, quien se asume como un creador de entretenimiento pero asegura que sus decisiones creativas no las determina la taquilla

En pocos años, Manolo Caro (Guadalajara, 1985) ha desarrollado una carrera profesional que tiene pocos precedentes. Estudió arquitectura y esto lo llevó al ámbito de la publicidad; por otra parte, su amor al teatro lo hizo incursionar con éxito en la dramaturgia, en tanto su admiración por cineastas y escritores lo condujo a lograr una voz propia y diferente, que se ha ido afinando en sus distintos proyectos.

En menos de cinco años ha presentado cuatro películas: No sé si cortarme las venas o dejármelas largas, Amor de mis amores, Elvira te daría mi vida pero la estoy usando y ahora La vida inmoral de la pareja ideal, cinta que tuvo su estreno de gala en el Festival Internacional de Cine de Morelia y ahora en su presentación comercial en México ha sido un éxito en taquilla.

 ¿Cómo concebiste originalmenteLa vida inmoral de la pareja ideal? ¿Cuál fue tu imagen conceptual para partir de ella?

La concepción de la película fue a partir de la música, pero casualmente no de la música que forma parte del soundtrack de la cinta, sino de la canción “Las simples cosas”, que es una de mis favoritas y dice “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida”. Creo que esta línea fue la punta de lanza para emprender una historia que apela a la nostalgia, al primer amor, a la libertad. La imagen con la que emprendí este viaje fue poniéndome en los zapatos del personaje de Florentina Calle, que interpreta Eréndira Ibarra, y tiene que ver con no caer en los excesos pero tampoco autocensurarme al contar la historia. Eso le da una identidad más universal al filme, pues tal vez es más inmoral lo que se cuenta que lo que se muestra. Eso me gusta.

Tienes un oído particular para los diálogos. ¿Cómo encuentras las voces de los personajes?

Suena poético, pero cada uno va tomando su propia voz, es como si los personajes me susurraran al oído cuando es el momento de escribirlos. Pienso que también tiene que ver con que estudié mucho interpretación: Nunca quise ser actor, pero me gustaba estudiar su comportamiento, así que cuando estoy frente a la computadora se me puede escuchar actuando mis historias, no hay como eso, escuchar. Así me he dado cuenta cuando un personaje dista mucho de lo que imaginé o de lo que la historia necesita.

¿Eres partidario de trabajar a medida con los actores o actrices, o ha habido alguien que te sorprendiera en su casting?

Casi siempre he escrito pensando en el actor, revisando su trabajo, conociéndolo y entendiendo que me gustaría trabajar con él o ella. Casualmente, esta es la primera vez que abro un proceso de casting y de él salieron Manuel García Rulfo, Natasha Dupeyrón y Ximena Romo, por mencionar algunos. Me pareció fuerte, es muy difícil tomar una decisión con pocos minutos frente al actor, influyen muchas cosas, pero estoy satisfecho con el resultado, al final están los actores que los personajes necesitaron, los que sumaban y estaban dispuestos a contar esta historia conmigo.

¿Cómo seleccionas a tu equipo técnico de trabajo?

Ya más que un equipo somos una familia, hay algunos de ellos que colaboran conmigo desde el teatro, como es el caso de Natalia Seligson, quien es la diseñadora de vestuario, y otros que han hecho las cuatro películas conmigo, como Fernanda Guerrero en el diseño de producción. Esto es increíble, cada vez es más rápido y más eficaz, ya nos conocemos bien, sabemos qué va y qué no. Creo que para hacer una película debe existir un acto de fe entre todos, es como un salto al vacío, y así es como he sumado a mi equipo, pensando en que todos vamos a dar nuestro máximo por un proyecto en común, y todo eso tiene que ver con la comunicación y la química.

¿Cómo sentiste este rodaje, con el precedente de los tres anteriores?

Me divertí muchísimo, es en el rodaje donde más me he relajado en el buen sentido de la palabra. Escuché mucho a los actores, me reía todo el tiempo, había un buen compañerismo y mucho cariño. También influyó que filmamos empezando el año, veníamos de las fiestas decembrinas y había muchas ganas de arrancar 2016 con el pie derecho, haciendo lo que nos gusta, pasamos mucho frío por el invierno y hasta eso ayudo a no dispersar la energía, a estar atentos en qué se necesitaba para sacar la película adelante.

¿Quiénes son tus mayores influencias, qué directores, de cualquier época, te han inspirado más?

Sería absurdo no reconocer que soy fan del cine de Pedro Almodóvar, Jean Pierre Jeunet, Bertolucci o Woody Allen. Hay muchas influencias, no hay nada nuevo bajo el sol, pero hay que ir haciendo camino, encontrando una voz propia. Me inspira mucho mi país, el caos, el conflicto, la esencia del mexicano que siempre está en la delgada línea de lo fársico, pues somos hilarantes y melodramáticos por naturaleza. Siento que eso le viene muy bien a la ficción.

Ahora vas a incursionar también en el formato de teleserie para Netflix. ¿Qué puedes decirnos al respecto de ese proyecto?

Muy poco, apenas estamos arrancando, fue una gran sorpresa. Estoy muy agradecido con la plataforma por invitarme a crear esta serie y con absoluta libertad para emprenderla, me siento afortunado. Siempre quise hacer televisión y había tenido que rechazar ofertas porque no tenían sentido para la carrera que quiero construir. En Netflix todo es nuevo, todo es una aventura, no hay censura, ni miedo. Los que han seguido mi trabajo podrán ver algo muy mío, espero no defraudarlos. Yo creo que pronto empezaremos a conocer más del proyecto, ellos serán los indicados para irlo comunicando y también eso me da confianza.

¿Cómo te definirías a ti mismo en términos de ser un artista creativo?

Como un osado de la industria, con lo bueno y lo malo. Soy autocritico pero también sé que guste o no voy encontrando una voz en la industria. A mis películas les ha ido bien y las obras de teatro han viajado a otros países, así que estoy satisfecho. Me considero un guerrero, todos los que nos dedicamos al cine tenemos que ser guerreros. Es muy difícil estar en el ojo público, tan expuesto, es parte del trabajo y hay que saber tomar lo bueno y desechar lo que no sirve, lo que no aporta, lo que es de dientes para afuera.

El título “autor ya se aplica a tu persona creativa y pública. ¿Qué opinas al respecto?

Eso tiene que ver con haber defendido mis historias, mis elencos y tomar decisiones creativas sin pensar en la taquilla. Yo hago entretenimiento y eso no lo debo olvidar, pero lo hago de la manera más honesta que puedo, todo ha sido un aprendizaje. He sido valiente en no caer en la tentación (risas), hay muchas en esta industria, así que por lo pronto sé que el camino recorrido ha dejado algo y es justo lo que tú mencionas, no soy un director o guionista de género, de contratos, de encargos y eso sé que no va a cambiar, seguiré asumiendo las historias que me convenzan y me hagan sentirme mejor realizador.