Los Alpes franceses, un paraíso invernal para vacacionar

Courchevel 1850 destaca como “la estación de invierno más exclusiva del mundo”, tanto por sus pistas y rampas, como por su hospedaje 5 estrellas y sus restaurantes Michelin

Cuando se habla de lugares exóticos para vacacionar, por lo general vienen a la mente imágenes de playas bañadas por mares turquesa y de palmeras con hamacas. En efecto, el paraíso terrenal es, la mayoría de las veces, una escena veraniega y tropical. Sin embargo, el invierno también puede cautivar en latitudes como la de México, cuyos habitantes ven las montañas nevadas y las pistas de ski como algo exótico. Francia cuenta con una estación para esquiar que se precia de ser “la estación invernal más exclusiva del mundo”: Courchevel 1850, sitio donde la alta hotelería y la nieve son cómplices.

Los tres valles

Si de esquiar se trata, la dirección en Francia es el Este, los Alpes saboyardos en donde se encuentran Les trois vallées, el conglomerado de ski más grande del mundo. Sus cifras lo dicen todo: 318 pistas que acumulan unas 600 kilómetros de pendientes, a las que se suman 130 kilómetros de pistas para esquí de fondo, además de rampas para salto, pistas de trineo y bobsled. Así como hay pistas para expertos —las negras— y para debutantes —las verdes—, también hay en esta región estaciones abordables y otras de lujo. Uno podría pensar que toneladas de nieve ecualizan el aspecto económico, pero no es el caso. La prueba es Courchevel 1850, una corona de altura en la nieve alpina, que esta temporada celebra sus 70 años.

Famosa por los 19 hoteles cinco estrellas, los siete restaurantes con estrellas Michelin y la zona comercial de la Croisette, Courchevel 1850 es algo así como la Ibiza del invierno. Lo primero que llama la atención, incluso antes de llegar, es su nombre seguido por ese 1850 que parece sugerir una fecha. No es el caso; se trata de la altitud a la cual se encuentra Courchevel, útil para distinguirla de Courchevel 1650 y Courchevel 1500, dos estaciones más abajo tanto en altitud como en categoría.

El hotel Le Strato es uno de los establecimientos que han contribuido a resaltar la exclusividad de la estación. Terminado en 2009 sobre la ladera de la montaña, fue un proyecto del arquitecto Jean-Pierre Jourdain, que abrió con cinco estrellas y con el restaurante Baumanière 1850 que hoy tiene una estrella Michelin. Ahora bien, tras el hotel Strato hay una historia de familia relacionada con la nieve y las montañas. Es claro que sin los esquís la diversión de la nieve sería inexistente. Estos accesorios son el emblema de las vacaciones invernales; tras las primeras nevadas, su larga sombra se hace presente. Una de las marcas de skis más reputadas es Rossignol, insignia fundada a principios del siglo XX y catapultada a nivel internacional medio siglo después por el empresario Laurent Boix-Vives. Los buenos resultados de la empresa permitieron a la familia Boix-Vives, luego de ceder las riendas de la empresa, construir el hotel boutique Le Strato.

Las estaciones invernales dependen por completo de la nieve, por lo que duran abiertas solo una tercera parte del año. Con el deshielo, los hoteles también cierran sus puertas. Es por eso que hoteles como Le Strato se esmeran en dar el mejor servicio a sus clientes que, por lo regular, regresan cada temporada. Hay algo de maravilloso en la nieve. Como la arena de las playas, la nieve es esa vastedad blanca y gélida en la que uno se pierde, una inmensidad con cimas que develan paisajes subyugantes. Para competir con el espectáculo de la naturaleza, la hotelería ha debido reinventarse una y otra vez con tal de no quedar a la zaga. Esto equivale a decir que una estancia en Le Strato es una temporada inolvidable.

En Courchevel 1850 no es necesario ir hasta la estación alpina a comprar un abono para poder usar las pistas. Esto es ideal para los amantes del esquí, pues basta con salir del hotel para comenzar a esquiar, algo que más que práctico es en realidad un lujo. La pista Cospillot (negra) pasa a un lado de Le Strato; para remontarla basta tomar una telesilla. Hay que decir que la infraestructura para esquiar en Courchevel es formidable: teleféricos, telecabinas, telesillas, bandas transportadoras y hasta un puerto de aviación hacen posible el acceso a todas las pistas. Por supuesto, las pistas son resanadas cada noche para quitar imperfecciones en el recorrido. ¿Se puede pedir más?

El lujo de alta montaña

Difícil pensar que en la altura de los Alpes franceses exista una zona de gran lujo. Pues la hay y los esfuerzos que hacen los hoteles para distinguirse entre sí son, a fin de cuentas, otro beneficio para el visitante. Strato fue el nombre del par de skis que mejor funcionó para la firma Rossignol. Ahora, convertido en un hotel, sus atributos no dejan de ser fascinantes pues cuenta con dos habitaciones, 23 suites, un chalet independiente, un Spa, un ski room, un bar y el restaurante Baumanière 1850. La decoración es más bien minimalista pero con un toque ecléctico, misma que corrió a cargo de los diseñadores Aimé Cécil y Pierre Dubois de Maison Héritiers. En las amplias y coloridas suites, cuadros y estatuas del siglo XIX conviven con fotografías clásicas de esquí, aportando un toque intimista y original. Siendo un hotel de construcción reciente, la tecnología es uno de sus principales atributos, como la televisión en la tina de baño o los sanitarios inteligentes. De hecho, la habitación autorregula su temperatura en caso de salir al balcón o abrir la ventana. Para los amantes del buen vino, cada habitación tiene una selección de notables bebidas francesas en una original presentación.

El Spa es un requisito en sitios como este; el del hotel Strato lo lleva la marca francesa Sothys. Consta de un área de 800 metros cuadrados que alberga recepción, área de reposo, tres cabinas individuales y una doble. Quienes han practicado ski saben que luego de bajar pendientes a 60 km por hora durante una jornada, recibir un tratamiento corporal que alivie los esfuerzos musculares es lo mejor. Sothys propone un masaje de una hora para dicha circunstancia. Un piso abajo del Spa se encuentra la piscina con vista a las montañas. Inmerso en el agua tibia, la contemplación de los Alpes blancos termina por distender el cuerpo y el espíritu. Y si la naturaleza no ha logrado relajarlo, el jacuzzi, hammam y sauna complementan la oferta termal. También hay servicio de osteópata, peluquería y coach deportivo.

Para quienes es demasiado la velocidad de esa actividad alpina, el snowboard o el trineo, existe la marcha en raquetas, un deporte que en Francia tiene buen número de adeptos. Si bien podría parecer más que un deporte una mera distracción, es una actividad más demandante que esquiar, en la que todo se reduce a conservar el equilibrio en los descensos. La raqueta es esfuerzo continuo, pues es necesario desplazarse entre mantos de nieve de un metro de espesor, ya sea en ascenso o en descenso. El premio: descubrir la belleza y la calma de las montañas. Courchevel cuenta con monitores especializados en esta disciplina, mismos que pueden contratarse mediante el hotel.

La alta gastronomía es otro aspecto que siempre irá vinculado al lujo, sobre todo en Francia. De modo que contar con un restaurante que ostente una estrella Michelin es muy favorable. El Baumanière 1850 hace los honores a la cocina de altura. Los chefs Jean-André Charial y Glenn Viel han concebido un estupendo menú que les valió mantener su estrella Michelin un año más. En la carta, la trufa es de los ingredientes distintivos. Salsas a base de calabaza y castañas son cocinadas de manera minuciosa para acompañar platillos como la trucha alpina o los erizos. Sin embargo, la especialidad de la casa sigue siendo la pierna de cordero en costra de pan, un clásico de la gastronomía Baumanière. Es sabido que la cocina montañesa es pesada, de modo que habrá que tener cuidado con la digestión pues ante una alcachofa Camus, vieiras bretonas con trufas negras o ternera estilo Grenoble, las noches en Courchevel pueden ser muy largas. Y si además se ha optado por un postre como un Mont Blanc con castañas, mejor escanciar la cena con un licor como el Genépi, especialidad de la región.

Le Strato pertenece a la colección Small Luxury Hotels of the World, por lo que no escatima en detalles. En caso de mal tiempo, el hotel cuenta con biblioteca, sala de lectura, sala (muy moderna) de juegos infantiles, un área de fitness y una especie de museo interior con las obras de Anselme Boix-Vives, pintor vanguardista y padre del fundador del hotel, quien en la actualidad es un artista bien cotizado en subastas. Destino oneroso, como la mayoría de los hoteles de invierno, Le Strato dejará, sin embargo, una impronta que perdurará por años en ese compartimento de nuestra memoria donde yace la felicidad.