Boyle Heights, un bastión de conciencia política de mexamericanos

Este vecindario de EU se caracteriza por impulsar los derechos civiles de personas de origen mexicano, lucha que hoy cobra importancia ante el auge xenófobo

Uno

Exceptuando a la Ciudad de México, Los Ángeles es la zona metropolitana con la mayor concentración de individuos de origen mexicano en todo el mundo.

Esta ciudad tiene enclaves mexamericanos, salvadoreños, filipinos, coreanos, guatemaltecos, chinos, rusos, etíopes, armenios y hasta británicos. Pero no se trata de un melting pot. El vasto territorio por el que se extiende la metrópoli permite que los grupos de distintos orígenes coexistan sin necesidad de que haya gran interacción entre ellos.

Eso sí, los mexamericanos dominan el panorama, pues llegaron aquí antes que los anglosajones. En 1542 Juan Rodríguez Cabrillo declaró a la aldea poblada por los indios tongva, territorio español. Y en 1781 Felipe de Neve, entonces gobernador de Las Californias, fundó el Pueblo de Nuestra Señora de los Ángeles de Porciúncula, que eventualmente se convertiría en la ciudad de Los Ángeles. Tras la independencia de Nueva España, ese sitio se convirtió en tierra mexicana. Pero en 1848, mediante el infame Tratado de Guadalupe Hidalgo, cuando nuestro país cedió más de la mitad de su territorio, Los Ángeles pasó a formar parte de Estados Unidos.

La ciudad creció aceleradamente a partir de entonces, poblándose con miles de anglosajones, afroamericanos, mexicanos e inmigrantes de distintas etnias. La cercanía geográfica entre México y Estados Unidos, la desigualdad económica y la diferencia entre los niveles de progreso entre los dos países, así como la violencia en México —primero durante Revolución, luego en la Guerra Cristera y ahora del combate contra el narco—, explican sin duda la enormidad de la migración mexicana a esta ciudad.

El hecho es que, desde principios del siglo XX, la migración mexicana a esta metrópoli ha sucedido casi ininterrumpidamente y hoy, de cada 10 angelinos, cuatro son mexamericanos. Y como México ha sido el proveedor número uno de mano de obra barata, no sorprende la historia del aprecio y el desdén de los angelinos anglosajones a los mexangelinos.

Dos

Tuve la oportunidad de visitar el vecindario angelino de Boyle Heights. En este sitio, 95 por ciento de los residentes es de origen mexicano. ¡Y cómo se siente! Pero al mismo tiempo, ¡cómo no se siente!

Su calle principal es la Avenida César Chávez. Al centro del vecindario, como en todos los poblados hispanoamericanos, hay una plaza. Esta explanada es conocida como Mariachi Plaza y es que desde la década de los años 30, este ha sido el lugar donde durante todo el día merodean los mariachis para ser contratados. En la plaza hay un quiosco (por cierto donado por el estado de Jalisco), un foro, bancas, pocos árboles para protegerse del calor infernal y una estatua de la cantante ranchera Lucha Reyes, que muchísimas veces cantó en Los Ángeles.

A un lado de la plaza se encuentra la panadería Monarca, que ofrece flan de caramelo, de café y de coco; conchas, pastel de tres leches, galletas de novia, polvorones, hojarascas y hasta galletitas de agave que se pueden acompañar con todo tipo de cafés hechos con granos importados de Oaxaca. Y gracias al ingenio mexangelino, en días de calor, se puede pedir café de olla helado.

A un par de cuadras se encuentra La Casa del Mariachi, que vende trajes charros hechos en Los Ángeles y otros trajes típicos del folclor mexicano. Para completar los atuendos la tienda también ofrece botas de Guanajuato y sombreros poblanos. Por todo el vecindario hay tiendas especializadas en las fiestas de las quinceañeras, con sus escaparates vistosos con tronos de mimbre, coronas de plástico y vestidos voluminosos en colores chillantes y cubiertos de encaje. También abundan restaurantes de comida típica mexicana: la Birriería Jalisco,especializada en cabrito al estilo tapatío; La Serenata de Garibaldi, que sirve platillos de mariscos acompañados de salsas tradicionales; Las Molenderas, con sus distintos moles; el restaurante El Apetito, los Tacos Compadre y muchos más. Y también, por todo el vecindario, se topa uno con fachadas pintadas con imágenes icónicas de la historia mexicana y chicana.

Boyle Heights resulta extraño. Podría ser un pedacito de México, pero su folclor es tan exagerado que parece diseñado por un curador de Disneylandia.

Tres

Hablando de cosas más serias, Boyle Heights es mucho más que un lugar “folclórico”. El vecindario es uno de los más antiguos de la ciudad. Se le conoce por su pobreza, sus bandas criminales y su alto nivel de robos, pero también es especialmente afamado por la conciencia política de sus residentes.

Aunque hoy Boyle Heights es una colonia netamente mexamericana, desde las primeras décadas del siglo XX y hasta finales de los años 40, el vecindario fue el lugar del oeste de Estados Unidos con la mayor concentración de minorías marginadas: rusos, japoneses, irlandeses, negros y, sobre todo, judíos de Europa Oriental y mexicanos.

Excepto por una sinagoga en desuso y los contados residentes judíos, parecería que nada queda del multiculturalismo de la zona. Pero la realidad es otra, quedó algo menos tangible pero más profundo y duradero.

Por no ser caucásicas, las minorías habían sido oficialmente vetadas de vivir en la mayoría de las zonas residenciales, así que no tuvieron otra opción más que convivir juntas, convirtiendo así a Boyle Heights en una de las ubicaciones del planeta con más diversidad cultural y étnica. Las vivencias compartidas de discriminación y pobreza unieron a los boyleanos. Y a través de organizaciones de izquierda inicialmente fundadas por judíos, los residentes del vecindario lucharon juntos en contra de los convenios de vivienda racialmente restrictivos, así como por los derechos laborales de los trabajadores.

Por eso, no sorprende que los mexamericanos de Boyle Heights siempre hayan sido trascendentales en el activismo político y social de California. Ellos participaron en el movimiento chicano, en la lucha en contra de la deportación, la brutalidad policiaca y en contra de las guerras. Hoy luchan por preservar la identidad ‘mexicana’ de su vecindario.

Es decir, los boyleanos de hoy, que ahora son casi todos mexamericanos, continúan la tradición de su vecindario encarnando la identidad más enaltecida de Estados Unidos: un país de inmigrantes donde todos tienen derechos civiles. Al mismo tiempo, acaso como resultado de la convivencia con individuos de otras culturas, los boyleanos no han dejado atrás sus raíces. Con solo mirar las fachadas con imágenes de la Virgen de Guadalupe, Zapata y César Chávez, y los establecimientos mexicanísimos de Boyle Heights, es evidente que acogen su herencia mexicana.

Todo este relato para volver al presente. El ambiente xenófobo que prevalece actualmente en Estados Unidos, la falta de una reforma migratoria y la tensión entre nuestro país y la nación vecina, necesita de mexamericanos como los de Boyle Heights, con clara conciencia política, que se sienten en casa en Estados Unidos y que al mismo tiempo reconozcan y honren su pasado mexicano.