El club de las chicas suicidas: mujeres fuera de las categorías convencionales

El nombre de su colectivo de internet proviene del concepto de “suicidio social”, al que se dicen someter voluntaria y gozosamente para obtener su rebelde libertad

Se explican más por lo que niegan que por lo que tienen en común. Rechazan los estándares de belleza impuestos por la sociedad y asumen su propia singularidad. Como a otras tribus urbanas, las une la rebeldía, pero no tienen un lugar físico de reunión, sino la red misma.

El “lugar” en el que “están” es un ente cibernético: una página de internet llamada SuicideGirls.com, a donde abrevan jóvenes de todo el mundo que no necesariamente tienen contacto entre sí (aunque también es una red social y las chicas pueden interactuar con “suicides” de cualquier parte). Tienen un arte propio para su movimiento, basado en que no hay una estética en sí, sino tantas como mujeres existen. Aunque sí hay elementos comunes (llamados modificaciones corporales): los tatuajes, la desnudez, el cabello de diferentes colores y las perforaciones y expansiones.

“A donde sea que poses la mirada, televisión, cine o publicidad, encuentras siempre la misma versión fotocopiada de la belleza que te embuten en la garganta”, dice la página de Vimeo de Suicide Girls. “Pero la belleza se manifiesta en muchas formas, no una sola. Lo que algunas personas piensan que nos hace extrañas o jodidas, es justo lo que nos hace hermosas”.

Jóvenes que no están cortadas por la misma tijera, en pocas palabras. Que aman exhibir su belleza, sediciosa e insurrecta, contra el otro convencionalismo cultural que exhorta a que la mujer no muestre sus atributos. Es por ello que el movimiento está considerado como porno-soft, aunque aquí no hay una explotación y mucho menos una cosificación de la mujer, pues son las propias chicas las que mandan sus fotos a la página (donde pueden ser vistas por los millones de personas suscriptoras del portal) y esperan a que sean publicadas.

Para ser una suicide girl no se necesita, entonces, tener una belleza de Barbie, ni ser de cabello rubio y ojos azules, ni tener medidas que se acerquen a los 60-90-60, sino hacer un “set” de fotos sensuales o explícitamente eróticas, con una estética particular, y enviarlo a la página.

Si aceptan el set de una chica le pagan algunos cientos de dólares y desde ese momento ya cuenta con un perfil en el portal. Hay que decir que se trata de un grupo selecto, porque no tan fácil aceptan los perfiles o sets. Es por ello que muchas jóvenes que envían sus fotos se quedan en la categoría de “hopeful”, o aspirante, y pueden pasar así meses o hasta años.

Quienes son aceptadas y a quienes se les pagan los sets pasan a ser “pink”: una suicide girl en toda la extensión del término. Desde ese momento las fotos pasan a ser propiedad de la página y ellas ya no las pueden comercializar. Dominical MILENIO entrevistó a cinco suicide girls mexicanas, y estas son las reflexiones que nos compartieron.

Danara Terrors

Danara es tatuadora de profesión y en esa calidad viaja por toda la República, aunque a últimas fechas se está enfocando más en el modelaje alternativo. Algunos de los 26 tatuajes que tiene se los ha hecho ella misma, desde los 17 años. En esa época vivía en San Pedro, una comunidad a una hora de Torreón, y ahí no había nadie que hiciera piercings, así que ella misma se perforó la nariz. Ante eso, muchos amigos y amigas le empezaron a pedir que los perforara, y fue aprendiendo más. Desde siempre le ha gustado el dibujo, y cuando se fue a vivir un tiempo a La Paz, Baja California Sur, se juntó con unos amigos que le enseñaron a tatuar.

Se puso el “apellido” de “Terrors” por una frase en The Game of Thrones que reza: “The night is dark and full of terrors” (La noche es oscura y llena de terrores), pero lo más inquietante es la frase que tiene tatuada en su bajo, bajísimo vientre, y que pudimos constatar en la sesión de fotos: “The heart is deceitful above all things” (El corazón es engañoso sobre todas las cosas).

Hace seis meses mandó sus fotos a la página SuicideGirls.com y de inmediato le contestaron, así que tiene dos portafolios en espera y uno que ya se publicó, a pesar de que sigue siendo “hopeful”. No obstante, ella lo ve como una plataforma, porque a partir de esa exposición le han llamado fans que quieren sets de fotos y fotógrafos interesados en sesiones alternativas. “Mucha gente piensa que es como pornografía, pero es completamente artístico, nada vulgar.

“La desnudez es todavía un tema tabú en México —afirma—. Porque nos desnudamos, algunas personas nos insultan en las fanpages y nos dicen que si somos prostitutas”. Pero ella cuida muy bien sus desnudos y sabe cuál es la estética que le gusta manifestar, sin preocuparse mucho en realidad de lo que piensen los demás, como buena chica “suicide” a quien la sociedad la importa bastante… pero bastante poco.

Yoshiie

Muchos de los tatuajes de esta suicide girl española, avecindada en CdMx, son sus propios dibujos, con un estilo tradicional gringo, como el que trae de los Power Rangers. Nació en Sevilla y a los ocho años se fue a vivir a Houston, después a Cancún y a Guadalajara, donde estudió su carrera de producción musical, y ahora radica en Ciudad de México. Tiene nueve tatuajes y tres perforaciones, y va por “mucho más”. Empezó a los 15 años con un Yoshiie, un personaje de Mario Bros, que además le dio su nombre de suicide girl.

Le digo que si empezó a los 15 años, era como si ya lo trajera en la sangre, y me dice que efectivamente, su padre era de familia de gitanos y además era punk: estaba lleno de tatuajes y seguía esa filosofía de vida (y de muerte). “El murió antes de que yo naciera —comenta—, pero cuando crecí me gustaba ver sus fotos e idealizar esa imagen paterna, saber que tenía una forma de ser muy peculiar. También me interesa el género musical punk y toda la ideología que hay alrededor”. Relata que su padre pasó tres años en la cárcel por quemar unos cuadros de Pinochet en una exhibición, en esos convulsos años en que estaba en boga el movimiento punk. Cuando su padre salió de la cárcel fue asesinado en una manifestación. “La historia oficial es que murió de forma natural, pero en realidad lo reprimieron de forma salvaje”.

Lo que le gusta del punk es que quien sigue ese camino puede ser uno mismo, y eso es lo que emparenta la búsqueda de su padre con la suya propia. “Si eres gótico, por ejemplo, tienes que vestirte siempre de negro, si eres emo, tienes que peinarte de cierta forma, pero si eres punk no importa, ni siquiera tienes que vestirte como punk: eso también es opcional. Ahí no hay nada impuesto”. Tú pones tu propia moda. Siento que mi personalidad encaja mucho más en eso, por eso soy suicide: aquí tú haces lo que quieres”.

“La suicide girl es la mujer libre, sin doble moral, sin miedo a su sexualidad y segura de sí misma, sin importar la apariencia o los estándares comunes de belleza —asienta—. Nos salimos de todo ello y eso es lo que nos hace hermosas, el ser completamente diferentes. Observamos esa belleza tanto en nosotras como en muchas mujeres que siguen un ideal particular de belleza, no el que impone la represión social”. En la página de SuicideGirls ha encontrado una hermandad de gente que gusta del arte, y es una de las cosas que une a todas las chicas, dice. Pero, una vez más, es un arte que evita los convencionalismos. “Cuando te sales de ese estándar de belleza impuesto, te liberas. Es mucho mejor para tu salud mental el dejar de preocuparte por la apariencia que la gente quiere.”

Hitomy Insanee

Escogió su nombre por su admiración de la estética japonesa, de la que tiene varios de sus 20 tatuajes. A los 14 años se perforó la lengua y desde esa edad empezó a realizarse modificaciones corporales. Estudió arquitectura y le empezaron a gustar mucho las fotos de suicide girls desde 2004. Ya en 2012 la agregaron a un grupo de Facebook de suicide hopeful mexicanas. Más adelante empezó a modelar para eventos de marcas de moda urbana y de tatuadores que patrocinan a chicas.

¿Se puede vivir de ser suicide girl? Le pregunto. “Yo conozco a algunas que sí se dedican de lleno a la fotografía, ya sea por sesiones o por venta de material por internet a los fans, que es a mí lo que me está dejando”.

Para hacerlo, lo que se tiene que hacer es construir una comunidad. Hitomy tiene 12 mil seguidores en Instagram, 11 mil en tumblr y 18 mil en Facebook. Vende fotos de sesiones inéditas, que es material exclusivo. “Muchos están interesados en comprar fotos que contienen desnudos y que Facebook no permite subir”, dice, mientras explica que los fans piden de todo. “Lo que está de moda ahorita es el Snapchat, donde puedes subir todo tipo de contenidos, y hay chavas que cobran suscripciones por mes o hasta de por vida, para todo lo que suban ahí. Acabo de empezar con eso. No es tanto como Camgirl, que es más explícito, como porno. El Snap es más como fotos y videos pequeños de tu vida diaria”.

Aunque hay gente que sí pide cosas más íntimas a las chicas. “Y eso es respetable, cada quien se vende como quiere”, advierte. “Hay uno que otro fan que me pide todo lo nuevo que saque: todo lo compra”. Hay unos que le compran ropa interior usada, a la usanza japonesa, o fotos de sus pies. A Hitomy le gusta mucho la hermandad que se da en la página de suicide girls y en los diversos grupos de Facebook. Hablan de tinta (tatuajes), perforaciones… y del sentido de la vida.

Tisha Wilde

Tisha se autodefine como “salvaje” y, sobre todo, “intolerante a las personas”. Una chica suicide de Tijuana, Vivian Miau, le contó sobre este mundo y la invitó a hacer un set de fotos para enviar a la página de SG. Para ella este portal es una plataforma importante para ser conocida, y sostiene que su carrera como modelo se catapultó una vez que aparecieron ahí sus fotos. “Yo me animé a quitarme el pudor del desnudo por esta plataforma, y me ha funcionado mucho”. Ahora hace muchas sesiones para campañas de marcas de ropa de grupos de rap, como Never Die. También hace videos de rap y participa en eventos de ese género musical.

“Yo admiro a las chicas que salen en la página, me parecen muy bonitas con sus rastas, sus modificaciones y sus tatuajes. Demuestran una belleza distinta a la establecida. Son más auténticas. Además, es una plataforma para las mujeres que no somos tan ‘perfectas’”.

Así como no está de acuerdo con un estereotipo de belleza, tampoco con uno de forma de ser. “En suicide hay todo tipo de mujeres, no solo las que viven de sus fotos y sus fans. Hay algunas que tienen su carrera, otras que trabajan en una oficina y en las noches hacen fotos, etcétera”.

Ella vende sus fotos y comercializa membresías en Snapchat, aunque dice no tener tanto tiempo para hacerlo como otras chicas, porque es madre soltera y tiene dos hijos que cuidar. Por ello trabaja como asistente médico y en sus ratos libres es cuando hace las fotos para vender a través de Facebook. “Yo hago sets de 10 fotos y las vendo en 200 pesos, y me las compran muchas personas”, dice.

Antaje Suicide

Una de las chicas más críticas con el movimiento de suicide girls es Antaje, quien tiene más de 100 tatuajes y dice que todavía queda espacio en su piel para más tinta. Ella es una de las pocas “pink” mexicanas, pues envió un set de fotos en 2008, y se lo compraron de inmediato. “Era como muy undeground en ese entonces, realmente alternativo —afirma—, y yo no quería que mi papá me viera desnuda, así que traté de mantener un perfil bajo, algo que ahora no se puede. En ese año no existía Facebook, así que la gente que no estaba realmente involucrada en el movimiento no se enteraba; hoy se ha convertido más bien en una competencia para ver quién tiene más likes y seguidores”.

Conoce la página desde sus inicios, en 2001, y ha visto un cambio que en su opinión es negativo. “Modelos pink suicide somos 13 en todo México —agrega—, y hopeful debe haber como unas 50, pero la verdad no es como antes, ahora parece un Playboy de chicas tatuadas”.

Para Antaje el movimiento ya se volvió comercial: “incluso ahora ya te dan una guía de cómo te debes de maquillar y cómo debes de posar para que te compren el set. Antes solo tenías que ser tú misma”. Añade que han perdido un poco la autenticidad de la belleza alternativa para circunscribirse al modelo imperante, solo que con marcas en la piel. “Dicen que definen una belleza pero en realidad no la están definiendo sino imponiendo —argumenta—. Creo que ahora están vendiendo las fantasías de chicas bonitas con tatuajes, no de chicas raras que reciben rechazo social por ser diferentes y que resisten esa imposición de cánones con su manifiesto de belleza propia”.

La honestidad radical parece ser la esencia de esta joven proveniente de un “pueblo”, como ella llama a San Juan de los Lagos, Jalisco, donde abunda la gente conservadora, empezando por su propia familia, que al principio no aceptaba su estética de tatuajes pero que ha llegado a aceptarla como es.