Catalina Aguilar Mastretta: “Siento que vengo de una familia de gitanos”

La hija de dos escritores reconocidos conversa sobre la dirección de su primera película, de la vida familiar con papás jipis y de su debut novelístico con ‘Todos los días son nuestros’

Catalina Aguilar empezó a hacer cortometrajes durante la preparatoria. La pulsión creativa “es natural”, asegura. Cómo no serlo cuando se es hijo de dos escritores reconocidos. La joven, no obstante, está en camino de trazar su propia hoja de ruta. Por el momento ha picado más piedra dentro del cine, “el set implica un acto de concentración colectiva fascinante”, dice. Pero además debuta ahora con Todos los días son nuestros (Océano), irónica novela sobre la familia y la juventud.

Hija de Héctor Aguilar Camín y Ángeles Mastretta, ¿pesan los apellidos?

No. Todos los hijos tienen que separarse de sus papás y aceptar las cosas en las que se parecen a ellos. En mi caso, esto puede sentirse un poco más complicado porque son gente que está en el ojo público, pero no es muy distinto a cualquier otra relación filial. Asumo que soy resultado de ambos. Tus méritos son tus méritos y al final tu trabajo es lo único que habla.

¿Algún consejo o 'tip' que te dieran tus padres?

Mi papá me dijo algo que solía decir mi abuela: “La vida es mágica si uno no tiene ni jefes ni subalternos”. Mi marido es muy de trabajo de oficina y le angustia la idea de perderlo, en cambio yo, siento que vengo de una familia de gitanos. Nadie ha tenido nunca un trabajo de 9 a 7, ni mis tíos ni mis abuelos.

¿Eres mala para la rutina?

No. Cuando estás escribiendo guiones y se los tienes que entregar a alguien debes tener muchísima disciplina y ser muy consistente.

¿Problemas con la autoridad?

No. Mis papás siempre fueron muy jipis y nos dejaban hacer un poco lo que nos diera la gana, entonces no había nada contra qué rebelarse; si acaso, nos hemos rebelado contra esa idea y nos hemos vuelto más estructurados y tradicionales.

Cuando dices que tus papás son medio jipi, ¿a qué te refieres?

No nacimos con religión y eso quita muchas reglas. La única norma clara era ser bueno con los demás. Crecimos con la máxima kantiana de “actúa como quisieras que todo el mundo actuara”.

“No rebelarnos contra la idea de rebelarnos y nos volvimos más estructurados y tradicionales”


¿Tu peor travesura cuál fue?

No sé, no tengo la menor idea, seguro he hecho alguna; sin duda las que se me ocurren en este instante no te las puedo confesar.

¿Cuándo sacaste de quicio a tus papás la última vez?

Creo que nunca de manera muy consciente. No fui una adolescente rebelde; tuve una época de anoréxica que fue horrible para mis papás. Estaba tomando decisiones raras, duró un tiempo. Cambié de ambiente y se me quitó.  Quizá todavía me falta vivir el momento de decir: “Que todo se vaya a la chingada”.

¿Cómo saliste de eso?

Cambié de ambiente, estaba muy chica; tenía como 14 años.

¿A qué le debes más al cine o la literatura?

Para mí están pegadas. Tengo reverencia por el cine que pone énfasis en su lenguaje. Siempre seré más fan de Woody Allen que de Tarkovsky. Crecí expuesta a muchas imágenes. Cuando leía un libro me preguntaba: ¿Cómo sería esta novela si fuera una película?

Eres más irónica escribiendo que haciendo cine, ¿no te parece?

No sé, una historia sin ironía es difícil de procesar, sobre todo cuando estás hablando de cosas que pueden fácilmente calificarse de superficiales: de quién te enamoras y de quién te desenamoras, por qué andas con alguien y por qué no.

¿Te preocupa que califiquen tu novela como 'ligth'?

Seguro alguien lo dirá, pero finalmente es la historia que quería contar. Ahí hay mucho de lo que opino del mundo. No sé si eso la convierta en algo profundo pero al menos sí es honesta. Al final la protagonista se da cuenta que nadie sabe nada, me parece que por ahí pasa la madurez.

Alguna certeza tendrás…

Tengo la certeza de que hay más personas buenas que malas y más cosas positivas que negativas, a pesar de que sintamos que estamos rodeados de muerte y desolación.

¿Te asumes como buena?

Sí. Si no violas ni matas eres de los buenos; todo mundo tiene algo de bueno y de malo, evidentemente.

RECUADRO

Nació en la Ciudad de México en 1984. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana, cine en la New York University y guionismo en el American Film Institute. Dirigió el filme Las horas contigo, nominada al Ariel como mejor ópera prima. Escribió y dirigió el cortometraje Tabacotla. Participó como guionista en la serie histórica Gritos de muerte y libertad y la película Echo Park.