Documental recupera los grandes aportes de Humboldt a las ciencias naturales

Pese a la importancia de sus diarios, donde describe la naturaleza y la cultura del país, nadie había filmado sobre el explorador. Ana Cruz Navarro recopila el valioso material en 'Humboldt en México'

Berlín

Alexander von Humboldt (1769-1859) se formó como físico, químico, geólogo, geógrafo, vulcanólogo, botánico, oceanógrafo, astrónomo, etnólogo, antropólogo, zoólogo, ornitólogo, escritor y viajero. El 11 de diciembre de 1826, Humboldt visitó a Goethe en su casa de Weimar. Tras la estancia del naturalista, Goethe escribió: “Pasar unos días con él fue como haber vivido varios años. ¡Qué hombre! Puedo decir que no hay quien le iguale en conocimientos y en saber vivido”. Treinta años antes, en diciembre de 1794, el poeta había expresado algo similar: “En ocho días leyendo libros, uno podría aprender lo que él te enseña en una hora”.

Parte de la vida y obra del naturalista prusiano, y de su aportación a las ciencias naturales, es recuperada por Ana Cruz Navarro en un documental que, espera, le dé la vuelta al mundo: Humboldt en México. La mirada del explorador.

A Humboldt no se le atribuye ninguna teoría o modelo científico. Sus críticos le reprochan haber sido un mero explorador dedicado a la observación, sin mayor mérito que el de elaborar minuciosas descripciones de la flora y fauna. No obstante, de sus observaciones de la naturaleza surgieron los conceptos “Jurásico”, “cambio climático” y “deforestación”. Su inquietud fundamental se basaba en establecer las causas que originaron la exuberante riqueza biológica existente en la Tierra.

“Humboldt siempre fue para mí una figura muy interesante. Siento una especial vocación por la divulgación científica, particularmente por la botánica; tengo mucho apego al estudio de las plantas mexicanas, de ahí mi admiración a su trabajo”, comentó en entrevista para Dominical MILENIO.

La idea de este proyecto derivó de la participación de la cineasta en el grupo de trabajo que, desde la Secretaría de Cultura, se encargó de preparar las actividades del Año Dual México-Alemania 2016-2017. “En varias de las reuniones no se trató el tema de Humboldt y, a diferencia de otros países latinoamericanos donde se han hecho trabajos sobre el Orinoco (Venezuela) o el volcán Chimborazo (Ecuador), en México no encontré ningún trabajo audiovisual sobre la aportación científica de Alexander en su viaje a México. Platicando con diferentes científicos, fue como empecé a explorar el tema. A Jaime Labastida le encantó el proyecto, por lo que puso a mi disposición todos los libros sobre Humboldt editados en la editorial Siglo XXI”.

Ana Cruz —ex alumna del Colegio Alemán Alexander von Humboldt, ex directora del programa televisivo Hoy en la cultura, Premio Nacional de Periodismo 1992— fue asesorada por Jaime Labastida, director de Siglo XXI y especialista en la obra de Humboldt; el biólogo José Sarukhán, ex rector de la UNAM; Ottmar Ette, director de la Cátedra Humboldt de la Universidad de Postdam; Thomas Borsch, director del Jardín Botánico de Berlín; Jutta Weber, directora de la Biblioteca Estatal de Berlín, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma y los investigadores Brígida von Menz, Robert Bye y Edelmira Linares. Además, realizó entrevistas a Gabriela von Humboldt, Christine y Ulrich von Heinz, parientes del científico y propietarios del castillo de Tegel en Berlín (residencia familiar de Alexander), cuyas instalaciones y archivos le fueron mostrados. El guión se basa en fragmentos del diario de Humboldt durante su estancia en México, entre marzo de 1803 y marzo de 1804.

“El cuerpo esencial de esos escritos es su viaje a América; en ellos, México ocupa un lugar preponderante. Aunque los diarios no siguen una secuencia cronológica, son realmente fascinantes. Tiene, por ejemplo, uno de los textos más hermosos sobre la bahía de Acapulco y la biodiversidad de la zona de Guerrero. Justo comienzo con sus espléndidas descripciones de Acapulco y su admiración por el paisaje mexicano”.

Humboldt arriba al puerto de Acapulco a bordo de la fragata española Pizarro y junto con Aimé Bonpland, médico francés que lo acompaña en su viaje, se va caminando hasta la Ciudad de México. “En ese trayecto, que dura más menos dos semanas y media, recolectan unas 900 especies florales. Ambos tienen una memoria extraordinaria: se dedican a recoger plantas que no hubieran reunido en Venezuela, Colombia, Ecuador ni en otros lugares visitados. Se trata de plantas endémicas de México, cuyas muestras originales se encuentran hoy resguardadas en bóvedas del Museo de Historia Natural de Berlín y en archivos de París, los cuales tuve el honor de visitar y pude filmar. En ese mismo viaje a Alemania, coincidió que los diarios se exhibían por primera vez desde que fueron escritos en una exposición en la Biblioteca Estatal de Berlín, donde también nos autorizaron grabar.

“La parte más conocida de sus diarios es la descripción que hace de la belleza arquitectónica de la Ciudad de México, narra sus tertulias con investigadores e intelectuales y remite el impresionante desarrollo científico de México en ese momento. Nuestro país destacaba en esa época sobre todo por sus avances en minería, incluso, se encontraba bastante más adelantado que otras naciones, incluida Alemania. Ese es otro punto que destaco en mi documental. El doctor Ottmar Ette, uno de los grandes especialistas de Humboldt, en Alemania, nos comentó que esos apuntes de viaje se volvieron para Alexander sus diarios de vida; escritos que retoma en las décadas de 40, 50 y 60 del siglo XIX, y que, con el filtro del tiempo, va modificando, tacha y corrige algunas cosas o hace anotaciones al margen. En esos diarios se basó para escribir su gran obra Cosmos”.

De niño, Humboldt leyó los diarios del capitán James Cook y Louis Antoine de Bougainville y nada deseó más que viajar. Conoció al botánico Joseph Banks y entabló amistad con el naturalista alemán Georg Foster; ambos científicos acompañaron a Cook en sus viajes alrededor del mundo. “Una de las grandes misiones de Humboldt, que además ofrece al rey Carlos IV cuando éste le expide los pasaportes “excepcionales” para visitar las colonias de la Nueva España, es realizar un reporte minucioso del estado que guardan sus minas en nuestro territorio. El oro y la plata que salía de las minas mexicanas financiaban, prácticamente, a toda la Corona española. Particularmente, los yacimientos de plata fueron en extremo explotados, hecho que Humboldt asienta.

“En uno de sus textos más conmovedores, se refiere a México como el país de los contrastes: por un lado, señala la belleza de la Ciudad de México, donde ha visto los monumentos y edificios más bellos. Por otro lado, retrata la miseria más profunda de sus pobladores. Habla de las vetas de plata más grandes, más ricas y más importantes en el mundo, pero también de cómo la vida de los mineros mexicanos es la más miserable, son tratados prácticamente como esclavos, viven en una pobreza desgarradora, trabajan casi sin comer, incluidos niños, en tanto que adolescentes de 13 años están convertidos en tenateros (cargadores del metal).

“Aunque es un documental en su mayor parte de divulgación, la visión humanista de Humboldt me fue ganando. Escribe en un tono sumamente conmovedor. Fue un gran liberal y trataba de evitar sentimentalismos, pero eso no le impidió ser profundamente humano. Su cercanía y amistad con Goethe, con Schiller y otros literatos de su época, haber vivido el apogeo del movimiento Romántico alemán, lo hacen ser muy cuidadoso en sus textos. Aunque algunos de los especialistas que entrevisté no le conceden valor literario a su escritura, sino más bien un valores científico e histórico, a mí me parece que son textos de una profunda inspiración literaria. Humboldt era también un hombre muy generoso. Cuando hereda la fortuna de su madre, no duda en cumplir sus sueños. Siendo descendiente de una familia muy rica, pudo haberse quedado en casa muy tranquilo, con su vida resuelta; sin embargo, se arriesgó e invirtió en sus viajes todo su dinero”.

La filmación se realizó en París, Berlín y México (Acapulco, Taxco, Chilpancingo, isla Palmira, Barra de Cayuca, minas de Pachuca y Guanajuato, en los volcanes Pico de Orizaba, Nevado de Toluca, Popocatépetl e Iztaccíhuatl). “Ahora, a la distancia, pienso que pudo haber sido peligroso, porque para lograr la recreación de la llegada de Humboldt a México filmamos en una playa totalmente virgen, ubicada a unos 40 minutos del puerto de Acapulco. Afortunadamente, el gobierno estatal nos apoyó con una patrulla permanente y nos fue muy bien, el recorrido fue muy bonito. Resultó una delicia filmar en Guerrero y Veracruz; vuelve uno a valorar el paisaje mexicano. El gobierno de Guanajuato nos apoyó con un permiso para filmar en todas la minas de Guanajuato. Humboldt escribe cosas muy padres también de Guanajuato. Acerca de las minas elaboró una serie de reportes más bien técnicos, pero no quise meterme en textos demasiado complicados porque se trata de un documental de divulgación para grandes grupos, especialmente para jóvenes interesados en la ciencia.

“Como documentalista, la carga científica nunca deja de estar presente; sin embargo, más allá de concentrarme en la descripción botánica de Humboldt, que fue mi primer impulso, me centré en un hecho interesante: a la par de considerar importante hacer un levantamiento científico de esas casi 900 especies de plantas mexicanas, Humboldt se percata de una especial sabiduría popular. Sucede que en México, todas esas plantas que no habían sido analizadas científicamente, sí habían sido estudiadas culturalmente. Él encuentra que los pobladores conocen perfectamente sus plantas, saben cuáles son medicinales, nutricionales, de ornato o peligrosas. Lo que más le sorprende es su utilización en infusiones para la gripe, el estómago, nervios, que son los tés que desde siempre nos han dado nuestras abuelitas, bisabuelitas y nanas. Al hacer contacto con los pobladores, Humboldt queda absolutamente enamorado de nuestra cultura, sobre todo de esta extraña combinación entre sabiduría popular y falta de rigor científico que, sin embargo, funciona. Gracias a él, por primera vez, nuestras plantas son catalogadas y clasificadas, lo cual deriva en una aportación extraordinaria a la ciencia mexicana”.

¿Enfrentaste algún obstáculo para el desarrollo de tu proyecto?, ¿en qué etapa técnica se encuentra?

El obstáculo más grande para la mayoría de los cineastas y documentalistas son siempre los recursos financieros. Tenemos la fortuna de contar con el apoyo del Conacyt, que ha sido el gran creyente de este proyecto por considerar que puede convertirse en un documental de inspiración para los jóvenes. Una vez listo, la idea del Conacyt es proyectarlo en las secundarias y preparatorias de todo el país. Una experiencia personal muy grata que no quiero dejar de mencionar, es la respuesta de mis ex compañeros del Colegio Alemán, que me apoyaron con sus donativos por medio de una fondeadora. Fue fantástico porque logramos superar la meta.

En este momento, el documental está terminado de editar, pero aún faltan fondos para empezar la postproducción, debido a que implica un trabajo laborioso y es cara. Por esta razón, ingresé una solicitud tanto al World Cinema Fund de Berlín como al Imcine. Estamos esperando que nos digan si contamos con esos fondos para terminarlo.

Deseas integrarlo al Año Dual.

“Exactamente. Tuve pláticas con el equipo del Imcine, que selecciona los proyectos para el Año Dual y, hasta el momento, los comentarios han sido muy buenos. En caso de recibir una respuesta positiva queremos exhibirlo tanto en Berlín como en México, y ojalá que en otros países europeos y latinoamericanos. Un deseo enorme es proyectarlo en la próxima Berlinale, pero aún no lo tengo confirmado.

Por otra parte, he tenido invitaciones de dos televisoras para comprar la serie. El documental tiene una duración de 90 minutos, que pensamos dividir en tres capítulos de 48 minutos. Concretamente, estoy en pláticas con Canal Once y con una plataforma bastante conocida que compra programas y series televisivas. Me siento muy contenta de que un documental de corte cultural y educativo despierte el interés de una plataforma comercial. Me encantaría también que la ZDF o alguna otra televisora alemana, estuviera interesada en adquirirla porque los alemanes, aún hoy, no saben exactamente lo que Humboldt hizo en su viaje a América. Gabriela von Humboldt, Christine y Ulrich von Heinz me comentaron que, como Alexander fue el hermano que se fue y después de tantos años de viajar optó por vivir en París, no es tan popular en Alemania como su hermano Guillermo.

¿Cuál es tu principal propósito con la realización de este documental?

Quiero transmitir la idea de que la vida es un gran viaje y merece ser explorada con ojos bien abiertos. Los prejuicios impiden descubrir la belleza y el valor de las culturas. Humboldt lo vivió cuando se acercó a las culturas prehispánicas. Al ver el calendario azteca, quedó muy impresionado, lo cual no ocurre al observar ciertas figuras olmecas; él dice que le parecieron un poco toscas, pero después corrige y escribe: “No, cometí un error; juzgué esas figuras desde el punto de la estética helénica clásica y ese es un gran error. Uno debe observar desde la perspectiva de la estética propia de la cultura que se trate y, ahora que las vuelvo a ver, son bellísimas”.

Otro aspecto suyo que me impresiona es la felicidad generada a través del conocimiento; es tan fuerte en él, que contagia. Eso lo hace un explorador diferente porque no va en busca del conocimiento para guardarlo, como hicieron muchos exploradores ingleses, que ocultaban sus hallazgos porque eso les confería poder. Humboldt financió su viaje y no estableció compromisos con la Corona española, lo que deseaba era compartir su conocimiento pero, de repente, lo acusan de que con sus mapas se planeó la invasión estadunidense a México. Claro, él le entrega esos mapas a Jefferson porque los había publicado. Humboldt es muy claro al decir que ese viaje no lo hizo solo para él, sino que el resultado de su trabajo lo compartiría con la humanidad.

Algo que trato de dejar muy claro es que Humboldt no fue ningún espía ni colaboró en la invasión a nuestro país, como se ha llegado a decir. Él no fue responsable de eso, su única responsabilidad fue convertirse en uno de los grandes divulgadores de la ciencia. Podemos considerarlo el primer divulgador; en ese sentido, fue un pionero de la globalización. Nunca antes se había pensado en el planeta desde una perspectiva integral, que si se daña en alguna de sus partes es posible extender ese perjuicio a otros puntos. ¡El efecto mariposa! Humboldt lo señala en 1804, cosa que ahora todos sabemos y entendemos, pero en aquella época era algo muy avanzado.

Más allá de presentar una puntual fórmula científica, deseo transmitir la idea de que la vida es un viaje y que el mejor explorador es ese que va con los ojos muy abiertos a la búsqueda del conocimiento, de ahí el título. Eso, justamente, trato de plasmar. El público dirá si lo logré o no.


ALEC