Alex Berenstein y el viaje fantástico de un genial médico México-americano

Este doctor y científico ha desarrollado instrumentos y tratamientos únicos para enfermedades del sistema vascular, a través de catéteres que se desplazan por las arterias y venas del cuerpo

El doctor Alejandro Berenstein es un médico mundialmente reconocido como pionero de la cirugía neuroendoscópica y de la neurorradiología intervencionista. Investiga y trata aneurismas, estenosis de la arteria carótida, tumores, hemangiomas y malformaciones linfáticas, condiciones que afectan el sistema vascular en el cerebro, cabeza, cara, cuello, columna vertebral y médula espinal. Para el tratamiento de estas enfermedades, Berenstein ha desarrollado múltiples técnicas y dispositivos médicos hoy utilizados alrededor del mundo. Fundó y dirige el Instituto Hyman-Newman de Neurología y Neurocirugía y el Programa Cerebrovascular Pediátrico, ambos en el Hospital Mount Sinai de la ciudad de Nueva York. Además, es profesor de radiología, neurocirugía y pediatría en la Escuela de Medicina Icahn del mismo hospital. Es autor de nueve libros y cientos de artículos y es mexamericano.

Tuve la oportunidad de platicar con él sobre los varios episodios de su vida que determinaron su hoy exitoso camino.

El primero. Recuerda vivamente un domingo en el que al despertar se encontró a su papá vomitando sangre. Tenía una úlcera. Se sintió muy frustrado de no poder hacer nada. Tenía 11 años. Llegó el doctor, le dio a su padre agua helada y lo mandó al hospital. Para Alejandro el médico era un dios que le salvó la vida a su padre. Ese momento determinó lo que quería ser. Trabajó en alguna época en la fábrica de medias de su padre y le gustó. Pero las cartas estaban echadas.

El segundo episodio. Tras estudiar medicina en la UNAM, tuvo que elegir dónde hacer el internado en cirugía. Se le presentaron tres opciones: hacerlo en México, en Saskatchewan, Canadá, o hacerlo en Israel. Israel le resultó muy atractivo. Relata que al llegar le causó gran impresión ver el desierto de un lado y árboles de naranjas del otro. Y es que gracias al sistema de irrigación por goteo, mediante mangueritas agujeradas que administran agua gota por gota directamente a las raíces de las plantas, se lograba que el desierto floreciera. Años más tarde, Berenstein utilizaría los principios de este sistema para curar.

El tercer episodio. En Israel, a Berenstein le tocó ser interno en el Hospital Militar Tel Hashomer (hoy llamado Sheva). Era 1970, durante la Guerra de Desgaste con Egipto. Siendo novato, a Alex le tocaba ser el achichincle del achichincle. Todas las mañanas tenía la responsabilidad de hacerle pruebas de sangre y estudios de orina a todos los pacientes. Muchos de ellos soldados. Tuvo un paciente muy cercano a él. El muchacho le enseñó a jugar Shesh Besh (similar al Backgammon). Tenía una infección del riñón. Se le hizo un cultivo donde salió Klebsiella, una bacteria muy peligrosa, solamente sensitiva al cloranfenicol. Uno de los efectos secundarios de esta droga es que puede despertar una anemia aplástica que destruye todos los glóbulos rojos. Ocurrió y el muchacho murió. A Berenstein se le enchina la piel al contarlo. Sin embargo, el incidente le despertaría el deseo de buscar tratamientos dirigidos específicamente a los órganos enfermos.

El cuarto episodio. De Israel, Alejandro volvió a  Méxicoa realizar su servicio social en un hospital de la Cruz Roja en Naucalpan. Los recursos del sanatorio eran pocos, pero relata que encontraban cómo ingeniárselas. “Por ejemplo, cuando no tuvimos una esterilizadora, utilizamos una plancha de metal, pusimos los instrumentos, los bañamos con tequila y les aventamos un cerillo”. Esta creatividad de los médicos, típico ejemplo del “ingenio mexicano”, dio a Berenstein esa soltura para crear técnicas e instrumentos para sanar que luego demostraría.

El quinto episodio. Consiguió empleo en el Hospital Mount Sinai de Hartford, Connecticut. La experiencia lo desilusionó. Relata: “Creí que todos los hospitales Mount Sinai eran lo mismo (ríe). Yo no sabía mucha medicina, pero sabía que 2 y 2 son 4. Y de repente llego a Estados Unidos y me topo con esa mentalidad malinchista de que todo es mejor en Estados Unidos. Yo ya había trabajado para muy buenos médicos mexicanos y en mi primera asistencia me dicen que 2 y 2 son 6. Fue una decepción horrible”.

Sin embargo, la experiencia en el hospital dio frutos. Ya era cirujano, pero por su proclividad intelectual y a instancias de su esposa optó por especializarse también en radiología. Cuando vio una angiografía en el hospital, un procedimiento que consiste en avanzar un catéter en el que se inyecta una tintura de yodo y se toman radiografías, supo que su meta sería utilizar catéteres como medios de tratamiento. Y es que recordó sus experiencias israelís y le fue claro que sí al soldado se le hubiera administrado el antibiótico mediante un catéter dirigido hacia la arteria renal, similar a la irrigación por goteo que riega únicamente la raíz, probablemente no hubiera muerto pues la droga no habría tocado otros órganos.

Cuenta que cuando se le ocurrió la idea de que los catéteres podrían ser usados para curar y no solamente para diagnosticar, empezó a investigar y encontró algunos reportes. Había un ruso, un francés, dos o tres estadunidenses que ya lo hacían. Pero era esporádico. Es más, al principio Berenstein tuvo que hacer los catéteres a mano. Aunque le parecía que eran muchas horas malgastadas, hoy se da cuenta que al hacerlo aprendió mucho.

Y sin duda a través de sus contribuciones y las de un manojo de radiólogos con inquietudes similares, surgió la Neurorradiología intervencionista, una especialidad que permite curar enfermedades mediante operaciones menos dolorosas y riesgosas que las cirugías que implican abrir órganos muy delicados. Hoy, la especialidad se denomina neurocirugía endovascular y la practican radiólogos, neurólogos, cardiólogos, cirujanos vasculares y neurocirujanos para diagnosticar y tratan enfermedades del corazón, del cerebro y de otros órganos.

El hecho es que al extender el uso de catéteres y al idear múltiples técnicas y dispositivos médicos para el tratamiento de diversas lesiones vasculares, Berenstein ha ampliado la comprensión de la anatomía vascular del cerebro, cabeza, cuello, columna vertebral y médula espinal; y ha establecido formas innovadoras de tratamiento mejorando la curación de algunas enfermedades e incluso curando algunas enfermedades antes intratables.

En el ínterin de estos acontecimientos, el doctor fundó el Instituto Hyman-Newman de Neurología y Neurocirugía, único en su momento, y más tarde, un importante Programa Endovascular Pediátrico, del que solamente existen cinco o seis en todo el mundo. Allí tratan hemangiomas, tumores vasculares, angiofibromas, malformaciones cerebrales y deformaciones faciales, que son resueltos utilizando procedimientos invasivos mínimos.

Hablamos entonces de los avances en su especialidad en los cuales él ha contribuido. Me platica del catéter que desarrolló en 1974, que lleva su nombre y se sigue utilizando. En el catéter, que se introduce por la arteria femoral en la ingle, se inyecta pegamento para cerrar malformaciones del cerebro. Me cuenta que el siguiente avance fueron los resortes, a lo que él contribuyó al crear el Berenstein Liquid Coil,utilizado para cerrar arterias enfermas. Este es un resorte de platino, muy suavecito, que se inyecta como si fuera líquido dentro de un catéter que ha sido introducido por la arteria femoral en la ingle.

El experto relata que luego vinieron los catéteres de varios lúmenes, que también se introducen por la arteria femoral. Entre estos, el doctor me describe dos que él desarrolló. Uno infla un balón deteniendo el flujo de la sangre para que, cuando se pone el pegamento en un tumor o en una malformación, este no se escape. Y un segundo que tiene un balón para navegar. Dice: "Imagínate, es como un paracaídas, lo inflas un poquito y el flujo de la sangre ayuda a llevarlo al cerebro llevando material de contraste con un ancla para luego llevar el catéter a la zona enferma. Es una plomería muy sofisticada". Luego se refiere a otro avance: el hidrogel. Me cuenta que cuando salió al mercado él fue su investigador principal. Lo describe como un resorte que atrae agua y, al hacerlo, se hincha ocupando el espacio en un aneurisma cerebral. Luego, se cierra el aneurisma, se trombosa o coagula y, eventualmente, se reabsorbe.

Proseguimos con el presente. Me dice que en los últimos años se ha especializado en niños y me explica la razón: “Los niños, especialmente los recién nacidos, presentan los casos más difíciles y a mí me atrae enfrentarme a nuevos retos e innovar”. Elabora: “Diseñé una operación para los recién nacidos que se están muriendo de insuficiencia cardiaca, una malformación que produce un corto circuito mortal. Son tan chiquitos que es muy difícil entrar por la arteria femoral. Yo entro por la arteria umbilical, en el ombligo. En 1991 hice la primera de estas operaciones. Nunca se había hecho antes. Llegará el día en que se podrá hacer en el útero. Se usa para operar la vena de Galeno, las fístulas (canales anormales entre órganos o vasos sanguíneos) y otros males. Esta ha sido una de mis contribuciones más importantes”.

Charlamos de otros de sus logros. Me platica que mediante la colaboración de su instituto pediátrico y Needler’s, una fundación de costureros, ofrece tratamiento gratis a niños de pocos recursos de todo el mundo; agrega que además, ha entrenado a cientos de médicos, incluyendo mexicanos del Hospital Militar y del ISSTE. Es también miembro de varios comités internacionales, incluyendo la Sociedad Iberolatinoamericana de Neurorradiología Diagnóstica y Terapéutica, que él fundó y de la que fue presidente, y que ofrece becas y entrenamiento a médicos latinoamericanos. Dice tenerle mucho cariño a México y a Latinoamérica, aunque lleva tantos años en Estados Unidos.

Sobre sus proyectos, Berenstein menciona que tiene un nuevo tratamiento para malformaciones y que está perfeccionando su Embolic Containing Device, utilizado  para sanar aneurismas cerebrales y el cual espera sea usado en humanos en dos o tres años. Me informa que este dispositivo en forma de paraguas reversado, que contiene líquidos embólicos (sustancias que bloquean los vasos sanguíneos), se mete dentro del aneurisma, se abre cambiando el flujo de la sangre y queda como una maya a la que se le inyecta el pegamento. Luego se puede separar y queda como tapón.

Sobre el futuro declara: “En este capítulo de mi historia, dedicado a la pediatría, tengo una colección única de pacientes. Voy a escribir varios artículos. Por ejemplo sobre problemas vasculares de la órbita. Probablemente tengo el número más grande de pacientes con esta enfermedad. Puedo reclasificarla. Mi obligación hacia la sociedad y hacia mi profesión es coleccionar lo que aprendí de todo esto y dejárselo a las siguientes generaciones para que continúen el desarrollo médico. Tengo muy buenas crónicas sobre mis pacientes. Tengo gran potencial para hacer investigación clínica. Siempre me ha gustado crear instrumentos médicos y seguiré haciéndolo”.


EL VIAJE FANTÁSTICO

El ingenio mexicano pudo haber marcado la extraordinaria trayectoria que caracteriza al doctor Alejandro Berenstein. Pero sin lugar a dudas, su curiosidad, su capacidad de convertir el fracaso en desafío, su resiliencia, su perseverancia, su imaginación y su capacidad inventiva en la ingeniería y curación médica han sido determinantes.

Hace algunos años, Berenstein comparó sanar mediante catéteres a El viaje fantástico. Esa película de ciencia ficción de los años 70 que narra cómo un equipo de cirujanos salva a un científico estadunidense que sufre de un hematoma cerebral tras haber sido atacado por los rusos. La estrategia para salvarlo sin estropear otros tejidos del cerebro es inyectar en la arteria carótida un submarino tripulado por un equipo quirúrgico que ha sido miniaturizado a tamaño microscópico; el equipo viaja por la sangre hasta el cerebro y lo cura. Finalmente, la nave con su tripulación son extraídos del cuerpo del paciente antes de que estos vuelvan a su tamaño natural.

El paralelo entre los procedimientos que lleva a cabo el doctor Berenstein y la expedición del submarino de la cinta es justo. En ambos casos, la curación se lleva a cabo a través de la tubería del cuerpo. Además, la trayectoria del Alejandro Berenstein en la medicina ha sido un verdadero viaje fantástico lleno de descubrimientos y de inventos de gran impacto para la salud.