“Al Presidente se le fundieron los fusibles al invitar a Trump”: Raúl Rojas González

El Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015 tiene una visión crítica de la política, la ciencia y la sociedad; aquí nos habla de su vida en Berlín, de la investigación en robótica y de su visión ...

El doctor Raúl Rojas González, uno de los mayores investigadores de inteligencia artificial en el mundo, recurre a una metáfora tecnológica para explicarse por qué Donald Trump fue invitado a México por Enrique Peña Nieto: “Por ahí al Presidente se le fundieron los fusibles”, dice el especialista en robots.

“Lo de Trump es una barbaridad. Fue una estupidez tan mayúscula que no me cabe en la cabeza cómo un presidente de la República, después de que están insultando al país, a los mexicanos, a todo el mundo, invita al tipo ese. Y que luego diga en conferencia de prensa mentiras, como que no discutieron lo del muro, y deja que Trump diga mentiras. Y luego se extraña de que todo el mundo lo critique... No había visto una metida de pata en la política mexicana de ese tamaño desde hace quizá 40 años. Por ahí se le fundieron los fusibles (al Presidente)”, dice en entrevista el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015, en Tecnología, Innovación y Diseño, reconocimiento que recibió de manos del propio titular del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto.

“Tampoco entiendo que hayan corrido a Luis Videgaray, porque aparentemente a él se le ocurrió invitar a Trump, pero el que dio luz verde fue Peña Nieto. No puede ser que un asesor venga y me proponga algo y yo diga ‘Ok, se hace’, y después ‘ejecuten’ al que hizo la propuesta. El ex secretario de Hacienda hizo la propuesta por pendejo, pero el Presidente no tuvo por qué haberla aceptado”, expone el científico, quien por coincidencia terminaba de leer la biografía Trump Revealed, publicada por The Washington Post, cuando el candidato republicano pisó México.

Después de leer esa biografía, el científico mexicano quedó impresionado por cómo “toda la vida de Trump es de mentiras. Es alucinante cómo ha logrado crear destrozos por todos lados, cómo ha logrado quebrar a todo el mundo y él siempre sale ileso de sus fechorías. Es deprimente, está en todas partes”.

Rojas González reconoce avances importantes para el desarrollo de la ciencia en México en décadas recientes, y apunta como el más significativo el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del que es miembro desde 2009, porque fomentó mucho la investigación científica.

“Ahora lo que le falta a México es la investigación privada en la industria. Alemania tiene más de 2 por ciento del PIB destinado a la investigación; México el 0.5 por ciento aunque se plantea llegar a 2 por ciento. Pero un Estado solo no puede financiar eso. En Alemania, una tercera parte de la investigación científica y tecnológica es estatal, y las otras dos terceras partes son privadas, de la industria. Grandes compañías como Daimler o Bayern pagan mucha investigación. Eso falta en México”, expone Rojas González, egresado de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional (1973-77) y doctor en Economía por la Universidad Libre de Berlín, donde da clases desde 1994.

¿Cómo ve usted a México desde Alemania?

Lo primero que hay que decir es que México en Alemania no existe. Ahora está el Año Dual, pero normalmente México en Alemania no existe. En los periódicos alemanes no sale nada sobre México, salvo cuando hay catástrofes: que estalló un gasoducto no sé dónde, que mataron a 50 en Guerrero, que aparecieron descabezados... solo eso sale allá. Pero México realmente no tiene una imagen allá, la gente en Alemania no sabe qué es México, para acabar.

Rojas González vuelve con frecuencia al país para dictar conferencias o para mostrar y probar la innovación tecnológica en el campo automotriz que lo ha hecho famoso en el mundo. Un proyecto en el cual justo acaba de cumplir una década de investigación y desarrollo: el diseño de un automóvil que se maneje solo, valga el pleonasmo, un auto robot, que a largo plazo resuelva problemas de tráfico, ambientales y de movilidad.

El científico está consciente de que falta mucho para que, como en una película de ciencia ficción, pueda verse un vehículo autómata en las calles y carreteras, particularmente en México. No obstante, asegura que esos vehículos saldrán “a la fuerza” también en el país y serán iguales a los de Alemania o de Estados Unidos porque no se va a modificar la producción para crear unidades especiales por región.

“En el momento en que esté listo en Estados Unidos o en Alemania, estará listo para México. Lo que sí hay que resolver en el país son las condiciones viales, que no son las mismas que las de aquellas naciones. Aquí a veces no hay carriles pintados o no existen, la información vial es contradictoria, hay baches gigantescos que pueden afectar el funcionamiento de la computadora de un automóvil autónomo”, explica Rojas González, cuyo vehículo denominado Made in Germany ya circula en Berlín, y quien en 2015 viajó de Nogales, Sonora, a la Ciudad de México, con uno de sus robots, un recorrido de 2 mil 400 kilómetros.

Agrega que en México no hay voluntad social ni política para mejorar la operación de calles y carreteras, donde se pagan cuotas muy altas que no tienen justificación por el mal estado que muestran.

“Las condiciones viales en México son las que son porque no se ha querido invertir lo suficiente, entonces usan los materiales más baratos (...). En las carreteras no tienen disculpa, hay mucha gente que está haciendo mucho dinero con ellas. Cuando en la ciudad algo se descompone y no lo arreglan, pueden decir que es problema de presupuesto, pero una carretera de cuota, donde están cobrando lo que están cobrando, que es muy caro, no es posible que no la tengan en buen estado, eso sí no debería ser”, sostiene el investigador, luego de probar su prototipo de auto en las autopistas mexicanas.

El científico reside en Berlín, donde en 2014 lo distinguieron como Catedrático Universitario del Año por la Asociación de Facultades Universitarias de Alemania. Desde allá ganó dos veces el campeonato mundial de futbol para robots (RoboCup) y consiguió seis veces más el subcampeonato. Amante del futbol y seguidor del Barcelona, alguna vez le pidieron un consejo para que la selección de Alemania, campeona del mundo en 2015, jugara mejor. Él contestó: “que no juegue como con robots”.

¿Qué es para usted un robot?

Cuando comenzó la inteligencia artificial, hace unos 50 años, se pensaba que sería posible programar una computadora con todas las reglas necesarias para ejecutar funciones inteligentes, como jugar ajedrez; pero hay otros fenómenos, como reconocer una cara o una voz o poder manejar un auto, en los que no es tan fácil escribir reglas porque nosotros mismos no sabemos cuáles son esas reglas. Entonces no basta con escribir las reglas de un proceso, hay que lograr que la computadora aprenda por sí misma, igual que los niños, que no llegan al mundo sabiendo cálculo o hablar y caminar. La idea es que la computadora tenga capacidad de aprendizaje, pero para ello debe interactuar con el mundo, como un niño. Entonces mucha gente que investigaba la inteligencia artificial empezó a irse hacia la robótica, porque esa era la forma de dar cuerpo a la computadora. Un robot es una computadora con cuerpo.

¿Cree que haya límite para la robótica o la inteligencia artificial?

No le veo límites a lo que pueda lograr un robot o una máquina. Si ahorita una computadora puede manejar un auto en la carretera, en 30 años lo hará de manera perfecta. Y en 50 años a lo mejor toda la ciudad estará controlada por una computadora.

¿Eso es ciencia o ciencia ficción?

Cuando uno desarrolla un sistema sabe lo que está haciendo una computadora. Por ejemplo, tenemos robots para futbol y sabemos cómo están programados. A veces hacen una buena jugada y meten gol, pero uno sabe qué pasó: la computadora detectó que este jugador tenía mayor posibilidad de pasar la pelota a otro y entonces así lo hizo. La gente que está fuera del sistema, que no sabe cómo está organizado, a veces le atribuye mucha inteligencia a los robots, inteligencia que no tienen; a veces hasta le atribuyen sentimientos (está triste, contento), porque interpretan cómo actúa el robot, pero realmente no saben cómo está funcionando. Cuando se está dentro del sistema es muy difícil caer en esa trampa.

Ahora que la serie Star Trek cumple 50 años ¿a usted lo inspiró la ciencia o la ciencia ficción?

A todos los científicos nos gusta la ciencia ficción. Pero nunca fui gran fan de Star Trek; tuvo cosas interesantes que luego ocurrieron, como los celulares, otras no. En ninguna película o serie de ciencia ficción de aquella época se habla del internet, que tuviéramos computadoras conectadas y que todo mundo estuviera en contacto a través del internet, a nadie se le ocurrió. Sí hay películas de ciencia ficción que inspiran, como 2001: Odisea del espacio, para mí el mejor filme de ciencia ficción hecho hasta ahora, porque plantea problemas fundamentales sobre lo que significa ser humano o robot.

¿Qué le parece ‘Blade Runner’, donde los robots y la inteligencia artificial son parte de un mundo apocalíptico?

Las películas de robots siempre acaban mal, no hay una que termine bien. En ellas los robots siempre acaban tomando el poder y matando humanos. Es una constante de la ciencia ficción con robots desde los tiempos en que el checo Karel Čapek introdujo la palabra en una obra de teatro. Las películas de robots siempre terminan en catástrofe, supongo que es una forma de reflexionar sobre si no estamos yendo demasiado lejos con la tecnología y si los humanos la estamos controlando bien.

¿Augura un buen futuro o lo ve con pesimismo?

Espero un mejor futuro, pero se me hace difícil augurar algo viendo todo lo que ha pasado. Hemos producido un cambio climático espectacular que afecta al planeta. Siempre el desarrollo político de la humanidad va muy por debajo del desarrollo tecnológico. Cada vez tenemos máquinas y armas más potentes, pero seguimos siendo subdesarrollados políticamente. Ahí es donde puede que sea el conflicto más grande, enormes capacidades destructivas y poca capacidad de organización social.

¿Qué opina de la ciencia ficción actual?

Que no tiene fantasía. Por ejemplo, en Yo robot (2004) hay una escena donde llega un camión de basura y se bajan como cinco o seis robots y empiezan a subir botes de basura. ¡Qué estupidez! ¿Para qué necesito cinco o seis robots que parecen personas, si yo puedo poner brazos al camión de basura para que recoja la basura? Los robots no tienen que parecerse a los humanos. Deben ser de acuerdo a su función, es ésta la que determina la forma. En las películas de ciencia ficción insisten en que los robots tienen que parecerse a los humanos, aunque en el futuro seguramente no serán así.

¿Será que se explota el miedo del hombre a verse en otra figura?

Es falta de fantasía. Hay muy buenas películas de ciencia ficción, viejísimas como Metrópolis, de 1927, y desde entonces ya hubieran hecho algo mejor. En 2001: Odisea del espacio va la nave y no se oye nada porque no hay manera de transmitir sonido en el espacio, por eso Stanley Kubrick mete los valses de Strauss. Pero en Star Wars estallan las naves espaciales y se oyen disparos y explosiones como si nada. No tienen cuidado, son filmes sin profundidad, del montón, cintas que se van a olvidar después. Yo robot me parece una película deplorable, inspirada un poco en Asimov pero solo eso.

El catedrático, que no tiene celular porque “él usa la tecnología y no al revés”, comenta que para él es increíble que la mejor película de ciencia ficción de años recientes sea para niños: Wall E (2008). “La fui a ver porque una emisora de radio en Berlín quería saber mi opinión sobre ella y me pagó el boleto del cine. Me pareció muy buena porque precisamente muestra lo que puede pasar con la humanidad si nos atenemos a que todo va a estar maquinizado y los humanos ya no haremos nada, ya nomás vamos a estar sentados con las computadoras con la pantalla frente a nuestras cabezas y tomando lo que los robots nos dan. Ya no caminaremos, estaremos en las sillas, todos obesos. Son cosas que yo ya veo actualmente: una cosa que me saca de quicio son los estudiantes de la universidad que no pueden estar desconectados del celular 10 minutos. Empieza la clase y les pido concentrarse, poner atención la próxima hora y media, y no lo logran, están con el celular mandando mensajes por abajo de la mesa. Es una desconcentración, es algo muy problemático”, lamenta Rojas González.