Dos caras de la modernidad: del viejo colonialismo al desarrollo tecnológico

El libro 'La crítica en el margen', coordinado por José Guadalupe Gandarilla, revisa el desarrollo histórico de nuestra idea de lo moderno desde Augusto Comte hasta Frantz Fanon

Desde la tradición occidental, es decir eurocentrista, la explicación del desarrollo histórico esencialmente ha asumido una perspectiva lineal de la cual el positivismo queda como uno de sus ejemplos más recientes. La filosofía creada por el francés Auguste Comte en el siglo XIX, como es sabido, veía al estadio positivista como el punto de evolución más alto al que podía aspirar el hombre. El dictum de Rimbaud: “Hay que ser absolutamente moderno” puede entenderse como una derivación de ella. A la idea de modernidad tanto desde el sentido filosófico como tecnológico, fuera de toda carga ideológica, puede atribuírsele un lado positivo en tanto que los productos derivados de ella representan algunos de los mejores ejemplos de la creatividad humana.

Sin embargo, la idea de modernidad posee asimismo un lado negativo, aquí sí otorgándole un sesgo ideológico, ligándolo al colonialismo. Aceptando la sinonimia modernidad-positivismo, puede decirse que la oposición del marxismo a la filosofía comtiana es también un rechazo a la modernidad considerándola un modo de dominación. En este sentido, si bien la idea de “modernidad” alcanzaba su cima en el siglo XIX, en realidad se gesta desde el Renacimiento. La imposición del eurocentrismo resultará evidente especialmente con la conquista de América, que se volverá posteriormente una de las zonas de lucha más radicales contra esta actitud.

Aunque el título del libro La crítica en el margen (Akal, 2016), coordinado por José Guadalupe Gandarilla, en principio parece llevarnos a otros campos como el literario, en su subtítulo nos ubica en la discusión esbozada en los párrafos anteriores: Hacia una cartografía conceptual para discutir la modernidad. Junto con Jaime Ortega, Gandarilla realiza una presentación en la que deja establecido que en el volumen, cuya mayoría de textos fueron expuestos en un seminario internacional efectuado en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencia y Humanidades de la UNAM, se discute la modernidad no desde el “centro”, o sea, Europa, sino desde los márgenes, en este caso, desde América Latina.

Siguiendo al geógrafo italiano Franco Farinelli, Gandarilla y Ortega explican que en la colonización de América los europeos impusieron “la representación geográfica del mundo” donde las cosas serán transformadas en mercancías. Pero América igualmente apareció como un espacio donde aún cabía la utopía. Por ello, la discusión que se hace de la modernidad en nuestro continente es desde el par dialéctico resistencia-aceptación. Destacan los conceptos con los cuales Gandarilla y Ortega definen la actitud de resistencia. Haciendo un resumen, lo que ellos presentan son pensamientos o autores de la “sospecha”, que ejercen una "hermenéutica suspicaz" y que operan “desde el Sur”.

Los términos “sospecha” y “suspicacia” lo que nos hacen ver es que aunque alcanzar la modernidad puede ser beneficioso, no se le puede aceptar sin más. A los países que habitan los márgenes lo que les queda es asumirla para después superarla. Como anota Eduardo Gruner en su texto “Teoría crítica y contra-Modernidad” en América se ha vivido dentro y fuera de lo europeo y si hay que salirse es porque se hace necesario romper el continuum que asocia al colonialismo con la modernidad y el capitalismo. De lo que se trata no es de reconciliar sino de descolonizar. Si hubo alguien que intentó realizar esto fue Frantz Fanon como lo muestra Alejandro de Oto en “Notas metodológicas sobre el humanismo en Frantz Fanon”. Para Fanon se debe resistir a la metrópoli porque el colonizador no quiere reconocer al colonizado sino explotarlo. Esta “modernidad” hay que rechazarla. Si América puede volverse un espacio utópico donde puede surgir “otra” modernidad se debe llegar hasta fondo de esta oposición, alcanzar una zona de “no ser” desde donde puede haber un resurgimiento que consiga el reconocimiento entre los hombres.