Jennifer Connelly: 'El fin del sueño americano', crucial para las estadunidenses

La actriz neoyorquina protagoniza la cinta escrita y actuada por Ewan McGregor, quien debuta como director con esta película basada en una novela Philip Roth

Inició su carrera como modelo cuando aún era una niña y en 1982, Sergio Leone decidió darle un papel pequeño en su épica Érase una vez en América. Desde entonces y hasta ahora, Jennifer Connelly (Nueva York, 1970) ha trabajado sin parar, con algunos de los más destacados directores —Dario Argento, Darren Aronofsky, Walter Salles, Ron Howard y Jim Henson— en filmes como Phenomena, Dark water, Réquiem por un sueño, la ganadora del Oscar Una mente brillante y el clásico de la fantasía Laberinto.

La bella actriz regresa ahora a las pantallas en El fin del sueño americano, en la cual debuta como director cinematográfico del actor escocés Ewan McGregor, quien afronta el reto también como guionista y actor de la cinta basada en la novela American pastoral, de Philip Roth.

Jennifer interpreta al personaje de Dawn Dwyer Levov, la esposa del protagonista, Seymour Levov (McGregor), en quien se reflejan los abruptos cambios en la historia estadunidense en los años 50 y los turbulentos 60. El filme se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto y llega a las pantallas mexicanas este fin de semana.

¿Estabas familiarizada con la novela de Philip Roth antes de hacer la película?

Ya había leído otras obras de Roth —Goodbye Columbus, The human stain—, pero no había leído esta en particular hasta hace algunos años. Paul (Bettany, su esposo) sí que la conocía y estaba enamorado de su trama y estructura. Cuando por primera vez me ofrecieron el personaje hace unos años, la leí y me encantó, aunque el proyecto no se realizó. Y cuando volvió a presentarse la oportunidad la releí. Me parece una de las obras de ficción más relevantes para comprender a una generación y las consecuencias de sus actos en generaciones posteriores.

Tu personaje, Dawn Dwyer, tiene el arco de crecimiento más grande en la trama. ¿Cómo fue interpretar todos esos niveles para ti?

Fue muy interesante, porque me sentí muy cercana al personaje: es la representación de las mujeres de la generación de mi madre y mis abuelas. En cierta forma, es uno de los personajes más complejos con los que me he encontrado, porque aunque es la esposa y la madre —por así decirlo, accesoria a la trama de Seymour y su hija— en realidad es un reto, porque Dawn tiene, como dices, muchas facetas y encarnaciones: la reina de belleza, el ama de casa perfecta, la madre amorosa, la esposa ideal, la mujer rota y rebasada por tiempos que no comprende… y siempre es maravilloso poder interpretar a alguien que tiene tantas transiciones.

Mencionabas que el personaje te lo ofrecieron hace algunos años…

Hace mucho, en 2004 o 2006, no recuerdo bien. Me lo ofrecieron y acepté —creo que entonces lo iba a dirigir alguien más—, pero nunca sucedió. Pasó el tiempo y no pensé mucho en ello; tuve otro bebé, mi hija Agnes, y me dediqué a otros proyectos. Pero un día llegaron a ofrecérmelo otra vez y además Ewan estaba encantado con la idea de que aceptara. Me dijo que no podía imaginarse a nadie más en el rol de Dawn y que por favor lo considerara. Yo le dije que estaba feliz de hacerlo, así que solo tuvimos que ver cuestiones de agenda. Mis hijos son mi prioridad, así que hago menos proyectos de cine cada año, pero me sentí feliz de que este personaje que me había gustado tanto volviera a mí.

¿Sientes que el tiempo transcurrido te dio más perspectiva para interpretar este personaje en particular?

Me dio una perspectiva completamente diferente. Ciertamente no podría haberlo interpretado de esta manera si lo hubiera hecho entonces… habría sido una interpretación muy diferente. Creo que Dawn llegó, esta vez, en el momento correcto.

¿Qué sientes que aprendiste del personaje de Dawn, al pasar por este periplo de casi 30 años con ella en la ficción?

Solo traté de entenderla como mujer, como persona. Es muy difícil que haya personajes femeninos interesantes o con matices después que llegas a cierta edad —siempre eres la mamá de alguien, la esposa de alguien, o si acaso, la jefa o mentora de alguien. Pero las personalidades de los personajes suelen ser algo limitadas, porque no hay mucho tiempo para explorarlos. Y en el caso tanto de la novela original, como del guión con el que trabajamos, el resultado es muy diferente: Dawn es alguien completamente diferente a mí, igual que en su momento lo fueron Marian, en Réquiem por un sueño o Kathy, en Casa de arena y niebla. Lo que yo quería, como en esos casos, era entender cómo es que funciona en una situación como en la que se encuentra. Me inspiró una profunda compasión, porque soy madre de tres hijos y ninguna madre debería pasar por algo tan devastador como lo que le ocurre a su familia.

Mencionabas que, en cierta forma, ella representa ese sueño americano del que habla la historia.

Parcialmente, sí. Hace un momento hablábamos de los roles de Dawn en la sociedad de su tiempo, ¿no?, reina de belleza, novia, hija, ama de casa, esposa, madre. Creo que es interesante que tenga todas estas facetas, porque Dawn está buscando su propia esencia, y es algo que está completamente apartado de su apariencia física, la cual se convierte en una especie de lastre que tiene que llevar consigo por décadas, porque la gente la juzga por cómo se ve, más que por lo que pueda sentir. Incluso su relación con Meredith (Dakota Fanning), su hija, es algo difícil, particularmente doloroso por las cosas que su hija acaba haciendo. Todo esto contribuye a desmantelarla; por eso encuentra que la única manera de sobrevivir al colapso de su sueño es haciéndose un lifting, para convertirse en lo que no quería ser: una imagen de sí misma que solo existe para gustarle a los demás. Hay una gran vulnerabilidad en ella y eso es lo que la hace tan terriblemente crucial para las mujeres de Estados Unidos que verán la película, y para mí, como actriz.

¿Cómo interpretas la relación entre Dawn y su hija?

Creo que es la relación más compleja que hay en el corazón de la trama, más aún que la relación entre Seymour y Dawn o la relación entre Seymour y Meredith. Se ha dicho a veces que Philip Roth es un escritor misógino. Yo no lo creo. Creo que sus personajes femeninos son tan complejos como sus protagonistas, que suelen ser hombres. Lo hablábamos Ewan y yo cuando íbamos a empezar a rodar. Él como director tiene una gran empatía y percibía que la dinámica de la familia Levov es muy difícil, amarga. Por eso, cuando en el clímax de la historia, Meredith regresa después de causar una tragedia, es algo que conecta a madre e hija. Potencialmente es el principio de algo para ellas también. Si es que consiguen perdonarse. Mutuamente… pero mejor es que los espectadores lo descubran por sí mismos.