Sigue la fascinación en París por el arte plástico mexicano

'México 1900-1950, Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y las vanguardias' se presentará en una de las mejores temporadas de las Galerías Nacionales del Grand Palais

Desde que se abrieron las Galerías Nacionales del Grand Palais en la capital francesa, una serie de magnas exposiciones han tenido lugar en el amplio recinto de cinco mil 300 metros cuadrados. Por aquí han pasado desde exhibiciones de firmas de lujo como Chanel o Jean Paul Gaultier, hasta los rescates artísticos de Félix Vallotton o el maestro del renacimiento Cima da Conegliano. Además, ha habido muestras de las que todo mundo habló en la ciudad luz: Edward Hopper acaparó la atención de los parisinos, lo mismo que el fotógrafo Helmut Newton o el clásico de oriente Hokusai. Así pues, por iniciativa de la Reunión de Museos Nacionales (Rmn) y el Museo Nacional de Arte (Munal), ahora toca turno al modernismo mexicano de ser faro artístico en ese recinto.

Arte mexicano al alza

En años recientes el interés por el arte mexicano en Europa ha ido en aumento. Los motivos de este atractivo pueden ser diversos y van desde su descubrimiento por parte de las nuevas generaciones de europeos hasta un factor tan obvio como la lejanía geográfica. El número de visitantes que una exhibición recibe representa en buena medida el éxito que ésta ha tenido. En este sentido, el arte mexicano es un buen performer como polo de atracción entre el público del viejo continente. Basta mencionar las 71 mil visitas que tuvo en 2013 la exposición Mexico. A revolution in art, 1910-1940, montada en la Royal Academy of Arts de Londres, o bien los 60 mil espectadores de la muestra Frida Kahlo/Diego Rivera. L’Art en fusión, la que incluso rompió el récord de asistencia del Museo de l’Orangerie en París. Durante los meses que duró esa exposición, era normal ver en la parte de las Tullerías donde se encuentra el recinto, una fila permanente de personas esperando entrar pese al mal clima.

Ahora bien, si hay una ciudad en el mundo cuyos museos tienen una dinámica intensa y cuyo número de recintos es importante, ésa urbe es París. La oferta cultural de la capital francesa puede llegar a ser intimidante, sobre todo en la temporada de rentrée (principios de septiembre), que es cuando en verdad comienza un nuevo año en Francia. Actualmente hay exposiciones de Rembrandt, Magritte, Munch, una muestra consagrada a Oscar Wilde, otra a Baudelaire y una más al impresionista Henri Fantin-Latour, por mencionar algunas. En esta feria del arte, el modernismo mexicano ya se perfila como posible candidato a obtener la mención como “expo del año”, título no oficial que sin embargo todo el arte institucional anhela.

Los antecedentes inmediatos para que esta corriente sea de nuevo objeto de atención en Francia son dos. El primero es la muestra que tuvo lugar en el museo Bellevue de Biarritz, L’art mexicain 1920-1960. Eloge du corps, que fue vista por 29 mil visitantes. Por otro lado, influyó también la muestra realizada a principios de 2016 en el Museo Nacional de Arte de México, Los modernos, coorganizada por el Museo de Bellas Artes de Lyon, y en la que se presentaron algunos de los artistas que ahora serán exhibidos en París.

México 1900-1950, Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y las vanguardias, es el conciso título que lleva esta magna muestra de arte con la que se abre la temporada otoñal en París. De acuerdo con los organizadores, el objetivo de la exposición es presentar una visión renovada de la modernidad artística en México, desde el inicio de la Revolución hasta mediados del siglo XX; una visión que abarque más allá de “Los Tres Grandes” y la siempre dominante figura de Frida Kahlo. Entre los 64 artistas exhibidos se cuentan nombres poco conocidos en Europa, como Ramón Alva de la Canal, Manuel Rodríguez Lozano, Fermín Revueltas o Gabriel Fernández Ledesma, fundador del grupo 30-30. Como es sabido, a principios del siglo pasado los círculos artísticos en México estaban estrechamente conectados con las vanguardias internacionales; pese a ello, presentaban una visión nativa y un atractivo distinto que intrigaba a sus equivalentes europeos. El proyecto de la muestra se funda en la idea de que el arte mexicano no aspiraba a formar parte de las vanguardias europeas, sino a desarrollar la suya propia

Una exposición en cuatro secuencias

Se trata pues de una exhibición pensada para informar a fondo al público francés —y mundial— sobre el movimiento modernista en nuestro país, desde sus orígenes hasta las secuelas que tuvo. Cuatro secciones que incluyen 202 obras han bastado para este cometido; la muestra, por cierto, tiene algo del antiguo Salón de Otoño no solo por la época que representa, sino por su vocación reveladora.

El primer módulo alude a la inspiración de donde proviene el modernismo en México, esto es, las tradiciones del siglo XIX y la imaginación colectiva. Las tradiciones están ejemplificadas por escenas de género y retratos de las familias de la oligarquía realizados por los pintores Tiburcio Sánchez y José María Jara. Por otro lado, corrientes como el decadentismo y el simbolismo nutrieron la obra de varios pintores, notablemente las de Ángel Zárraga y Julio Ruelas. Varias de las piezas en esta sección son de Diego Rivera, uno de los artistas que más vínculos sostenía con la vanguardia parisina y cuyas experimentación estéticas lo colocó como figura del modernismo.

La Revolución es el tema de anclaje para el segundo apartado. El primer gran movimiento social de este tipo en el siglo XX implicaba forzosamente consecuencias en el terreno del arte. En literatura, por ejemplo, la novela de la revolución estableció un subgénero. En la pintura fueron el muralismo y la gráfica los vectores que mejor expresaron la turbulencia de la segunda década del siglo XX mexicano. En esta parte se redescubre la obra de los tres grandes muralistas: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Pero la revolución tuvo otro efecto catalizador: hacer posible que la mujer entrara de lleno en la escena del arte. Por ello, además de obras de Frida Kahlo, se exponen trabajos de las fotógrafas Lola Álvarez Bravo y Tina Modotti, piezas de la pintora y poeta Carmen Mondragón (Nahui Ollin) y también de Rosa Rolanda, estadunidense afincada en México.

Cada sección de la muestra cubre aproximadamente 12 años, de modo que la tercera se ocupa ya de la década de los 30, es decir, de los primeros años de paz luego de concluido el conflicto armado y durante el asentamiento de las bases del México contemporáneo. En este apartado se exhiben una serie de artistas y de obras que se muestran como opciones a los discursos ideológicos de la época: las máscaras de Germán Cueto, los retratos de Roberto Montenegro y las abstracciones de Tamayo y del Dr. Atl.

El capítulo final de México 1900–1950 lleva como título “Encuentro de dos mundos: Hibridación”, en el que se pone de relieve la trascendencia que tuvieron estos movimientos artísticos. Gracias a la fama adquirida por los artistas mexicanos en el extranjero durante los primeros decenios del siglo pasado, varios artistas foráneos se trasladaron a nuestro país y, en colaboración con los creadores locales, lograron desarrollar una escena particularmente rica, en especial alrededor del surrealismo, con exponentes como Carlos Mérida, José Horna, Leonora Carrington y Alice Rahon. De igual modo, en el otro sentido del flujo, se resalta el papel que jugaron algunos creadores mexicanos en Estados Unidos (De Zayas, Covarrubias y los muralistas) en los movimientos de vanguardia de Los Ángeles, Nueva York y Detroit.

La correcta curaduría de la exposición corrió a cargo del arquitecto e historiador del arte mexicano Agustín Arteaga, quien recientemente fue nombrado director del Museo de Arte de Dallas, y que ocupaba la dirección del Munal desde 2013. La escenografía fue obra del Atelier Jodar Architecture, bufete con amplia experiencia en el Grand Palais donde ha realizado otras exhibiciones (Monumenta, Brésil indien), además de museografías completas como la del Museo de Artes Decorativas. Cinco conferencias y cuatro películas en el auditorio complementan la actividad. La exposición tendrá una corrida trimestral, del 5 de octubre al 23 de enero, todo el otoño, tal vez la mejor temporada para una muestra de arte en París.