Instrumentos desahuciados son convertidos en obras de arte en la exposición 'Entre'

El compositor Manuel Rocha lleva a la innovadora Galería Lelaboratoire una muestra en la que la magia del proceso creativo da vida a otras expresiones artísticas

Instrumentos que fueron desahuciados y los cuales recobraron vida en otras obras de arte, gracias a la “magia de los procesos creativos” de Manuel Rocha Iturbide, podrán ser apreciados en Entre, exhibición que alberga la Galería Lelaboratoire, de Julien Cuisset, hasta el 15 de octubre próximo.   

Esa idea creativa de Rocha Iturbide (Ciudad de México, 1963) se basa en que también es un artista sonoro, maestro, curador y doctor en estética, ciencia y tecnología de la música. Su investigación acerca del ambiente sonoro lo ha llevado a ser un vanguardista en la composición musical de nuestros días y uno de los pioneros en su género.

De esta forma la muestra, que contó con la curaduría de Bárbara Perea, fue conformada a partir de la intervención de instrumentos musicales: Un acordeón de teclas rotas hallado en un mercado de pulgas, al cual el artista aplicó el principio de gravedad para que este personaje respirara por última vez; las guitarras de un laudero de La Ciudadela, a las que otorgó un nuevo significado al exponerlas al público; un par de esferas con llaves de instrumentos de cuerda que, pese a carecer de sonido, son instrumentos metafóricos y un piano nombrado Radiografía, que sólo cuenta con su arpa a modo de esqueleto, Rocha colocó un trozo de papel y frotó carbón para crear obras gráficas.

“Los instrumentos estaban desahuciados, la idea de reconstruirlos tiene que ver con transmutarlos, crear nuevas obras de arte que aludan al antiguo potencial musical”, comentó Manuel Rocha haciendo hincapié en que siempre ha buscado la magia en sus procesos creativos, a fin de descubrir cosas insospechadas en las creaciones que va desarrollando, y en el descubrir constante del arte en el día a día, gracias a la cámara fotográfica y a la grabadora, que le han servido como pretexto para encontrar esa magia en las calles.

El creador, que ha presentado su trabajo en América, Europa y partes de Asia, habla de sus conceptos en torno a los elementos de las obras: “Los sonidos y la música son envolventes, como una especie de plasma que nos permiten estar, los oídos siempre están abiertos.

“Escuchar es conectarse con el mundo, el sonido es como el líquido amniótico fetal, nos puede poner en equilibrio, ayudarnos a meditar, a concentrarnos, a estar bien con nosotros mismos”, expresa el ganador del Premio 1800 José Cuervo, otorgado por la Fundación Cuervo.

Egresado de la Escuela Nacional de Música de la UNAM, las creaciones de Manuel Rocha surgieron también gracias a su interés por la música electrónica, el video experimental, la instalación y la escultura de sonido, que lo llevaron a estudiar una maestría en Bellas Artes en la University of Mills College en Estados Unidos, donde compartió aula con grandes productores y compositores como Alvin Curran, el jazzista Anthony Braxton, David Rosenboom (precursor del sintetizador digital) y Larry Polansky (pionero en el desarrollo de software de musical).

¿Cuáles sonidos de la naturaleza son los que más te gustan?

Todos, y también los de las ciudades, no excluyo a ningún, pero me gustan los distintos sonidos del agua, de los insectos, los sonidos lejanos; los de niños gritando, el murmullo de la ciudad, perros ladrando, el tránsito, eso que Luc Ferrari llamaba presque rien (casi nada).

¿Si tuvieras que escuchar un solo sonido por el resto de tu vida, cuál sería?

El silencio, pero éste no existe, me refiero a poca actividad sonora, a esos sonidos lejanos y pequeños de los que te hablé antes, que para mí son una especie de murmullo. Ahora mismo que escribo esta respuesta, siendo las 9:34 de la noche en una privada antigua en donde vivo, los escucho afuera de mi casa, voces que ríen, cláxones esporádicos, etcétera.

¿Qué sonido crees que sea el más pacífico y estimulante para la relajación de la mente?

Seguramente el de un arroyo de agua o del chorro de agua en una fuente morisca en España o en un patio colonial mexicano.

Sabemos que en el espacio no hay sonido alguno. ¿Cuál sonido le pondrías? ¿Parecido a qué?

Si pudieras estar expuesto en el espacio, tus tímpanos producirían de todos modos un pequeño sonido, el silencio como dijo Cage, no existe, por lo menos para la percepción.

¿Quiénes han sido tus influencias más grandes?

Duchamp, Cage y Xenaquis. Pero ¿cómo hacer a un lado a tantos otros? Dadá, Fluxus, Bruce Nauman, Sol Lewit, Richard Weinsworth, Edgar Varese, Morton Feldman, Giacinto Scelsi…

¿Existe algún festival de música que te guste o al que asistas con regularidad?

Me gustan los buenos conciertos, y esos se dan poco incluso en los mejores festivales, he escuchado cosas muy buenas pero muy esporádicamente en Radar, Aural, o en el propio festival de arte sonoro que hice con Guillermo Santamarina de 1999 a 2002.

Si pudieras cambiar el sonido del tráfico de la Ciudad de México,¿cómo sería?

Yo lo dejaría igual, lo único que me molestaría sería vivir justo afuera de una calle con tráfico donde los sonidos de las micros, por ejemplo, fueran tan altos en volumen que no me dejaran estar tranquilo, es lo que Murray Schafer describe como Schizophonia. Pero si no son muy fuertes, a mí me gustan los sonidos de tráfico tal como son, los sonidos agudos de los frenos de los autobuses; el de las llantas sobre el pavimento, cláxones eventuales o muy intensos y alocados pero no durante un tiempo prolongado, claro.

El multipremiado artista ha obtenido becas en Italia, Francia, Japón, Estados Unidos, Venezuela y México. Ha producido composiciones en estudios de Madrid, en la Universidad Simon Fraser, en Canadá, y en la Universidad Herefordshire, en Reino Unido. Fue catedrático en universidades de París, Morelos, UNAM, Iberoamericana y en el Claustro de Sor Juana. Actualmente enseña arte digital en la Autónoma Metropolitana.

La experiencia creadora de Rocha Iturbide también incluye el ámbito literario, al publicar el libro El eco está en todas partes, en el que, por medio de ensayos teóricos, conceptos especializados, partituras, imágenes y bosquejos, exhibe su enfoque sobre la composición electroacústica, la cual traduce su propio entorno en ambientes sonoros. Además conoció a Emmanuel Lubezki en la preparatoria, y la amistad trascendió con el tiempo debido a que ambos se dedicaron a hacer foto, así como a colaborar en varios aspectos interdisciplinarios.

Respecto a la galería que alberga dicha exposición, Lelaboratoire, su fundador Julien Cuisset, indica que un espacio que nace de la idea de innovar en el concepto tradicional y convencional de las galerías de arte en México.

“Tenemos que entender a estos espacios como un espacio abierto (puede que me contradiga); Lelaboratoire es una galería íntima, bajo previa cita. Su nombre viene de la palabra laboratorio, lo que la hace ser una especie de incubación y del hecho de que vengo de una familia de médicos.

“Entender a este espacio como un laboratorio donde lo que sucede se va mermando. Es un lugar físico que pertenece a una plataforma artística, conceptual…”, definió el francés.

Cada año Lelaboratoire monta de cinco a seis exposiciones de las cuáles cuatro o cinco son individuales y una es colectiva, haciéndola con algún corte o formato diferente cada año. A pesar de que no tiene formación en las artes, pues estudió administración de empresas y negocios, Julien Cuisset es un apasionado de las artes gracias a su padre, quien ha sido coleccionista por muchos años y de la relación profunda con su suegro el diseñador de joyas, promotor de arte y cultura Víctor Fosado Vázquez.

La muestra 'Entre' estará en exhibición en Lelaboratoire hasta el 15 de octubre.

Calle Vicente Suárez 69, interior 2, colonia Condesa. Los horarios son de lunes a viernes de 11:00 a 14:30 horas y 16:30 a 19:00 horas.

Más informes en www.lelaboratoire.mx y 01 55 5256 4360