Chris Ware, inventor de seres que enamoran al lector

Considerado el máximo renovador del cómic contemporáneo, el estadunidense ha obtenido 11 veces el premio Eisner por sus emocionales y complejos relatos visuales; aquí nos asomamos a su obra

Por su extraordinario don para observar entornos y costumbres, y su enorme aptitud plástica para plasmarlos en sus trazos, Chris Ware (Nebraska, 1967) se convirtió en el primer historietista que expuso en la Bienal del Museo Whitney (2002). Ya en su muestra individual The comic art and architecture of Chris Ware (Instituto de Arte de Chicago, 2015), nos reveló que el paisaje urbano también es una de sus grandes pasiones. Para el programa Lost Buildings, por ejemplo, Chris dibujó con precisión los desaparecidos edificios de E. Rothschild & Brothers (1881) y el Schiller Building (1891-1892), proyectados en Chicago por la firma Sullivan & Adler. En la era de los smartphones, también retrató el Empire State para la revista The New Yorker, de la que es portadista dilecto. La afamada revista también le encargó una portada para festejar el Día de Gracias. En ella, Chris contrastó con suma verosimilitud dos probables escenarios: uno corresponde a los años 50 y otro a noviembre de 2006.

ENAMORAR AL LECTOR

Y aunque Chris Ware no descuida ninguno de los elementos de sus relatos visuales, los personajes “son lo más importante, porque —dice Ware— yo invento seres que buscan enamorar al lector”.

Jimmy Corrigan: The smartest kid on Earth (2000) retrata tres generaciones de niños abandonados (“crecí sin la presencia de un padre”, confiesa Chris), mientras Building stories (2012) está conformado por 14 relatos, en los que destaca el de una mujer que vive en el tercer piso del edificio donde se desarrollan todas las historias (“quizá porque fui criado por mi madre y mi abuela, me resulta más fácil comprender lo que les pasa a las mujeres”). La referida dama del tercer piso —añadimos nosotros— nos robó el corazón desde el momento en que puso un anuncio en el periódico para encontrar pareja: “Guapa, aunque no del tipo de las estrellas de cine, y con una sola pierna; aclaro, una pierna y media...”.

CASA DE MUÑECAS

El mismo edificio de Building stories deviene personaje al relatar en espléndidas viñetas su propia historia, que abarca 104 inviernos. En dicho inmueble ha habido 23 pianos, 32 perros, cinco crisis espirituales, 15 mil 117 libros, 296 fiestas de cumpleaños, cuatro prótesis, 301 inquilinos, 168 televisores y un largo etcétera.

Como si estuviéramos ante una casa de muñecas, observamos con deleite los sencillos pero reconocibles sillones de orejas, las lámparas gooseneck, radios de baquelita modelo Tesla 308U Talismán y una iMac G3 que ya es un clásico del diseño.

El “maduro” edificio de tres plantas de Building stories también es capaz de sentir compasión por quienes lo habitan y de elaborar opiniones personales.

EXTENSO MAPA EMOCIONAL

Más cerca de Balzac, Proust y Winsor McCay (autor del cómic Little Nemo in Slumberland), que de los historietistas de Marvel o DC Comics, Chris Ware crea relatos en los que hay angustia, dolor, soledad... “La tristeza es una de las moléculas más comunes de la realidad emocional”. En este aspecto, Ware se parece a su mentor Art Spiegelman (Maus), el primer historietista que ganó un Premio Pulitzer.

Diagramas sin texto que expresan complejas emociones y extensos flashbacks con núcleo y membrana independientes, Chris produce relatos visuales sin capítulos pero con muchas páginas. Jimmy Corrigan tiene más de 300 y Building stories más de 200 páginas en las que uno puede sumergirse a capricho, ya que Ware recurre a la narración circular, paralela y simultánea, así como a diferentes formatos: libro, folleto, diorama y maqueta. Chris añade, “durante décadas, el cómic solo mostró una forma lineal de contar…”.

Al estilo de Ware se suman los colores planos y brillantes, y una sencilla perspectiva isométrica: “La perspectiva que utilizo no tiene que ver con la manera en que vemos las cosas, sino con el modo en que las recordamos”.


TALENTO Y HUMILDAD

También creador de Quimby the mouse, Jordan Lint, Rusty Brown y The last saturday, Ware reivindica —como él mismo lo ha dicho— los valores táctiles del cómic en papel. Pero no vaya a pensarse que el ganador del Guardian First Book Award (2001) y el Premio Especial del Jurado (2014) de Angoulême International Comics Festival, ha dejado de ser el chico de espíritu humilde que a los 20 años declinó así una invitación para colaborar en la revista de Art Spiegelman: “No estoy preparado; sí quiero publicar en RAW, pero cuando sea mayor”.

Hoy Chris Ware, quien vive en el exclusivo barrio de Oak Park (Illinois), acaba de declarar: “¿Cómo no sentir humildad cuando hago algo tan irrisorio como fabricar historietas?”.